Historias de parto: María Berrozpe

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María Berrozpe es bióloga, vive en Suiza y tiene un blog, con un título de lo más descriptivo: Reeducando a mamá. Para muchas de nosotras el parto no era más que un trámite, hasta que llegó el momento de la verdad. Tras ese día nos dimos cuenta de que el parto es mucho más que eso, que es una parte importante de nuestra sexualidad y también de la de nuestros hijos. Otras tienen más suerte y saben esto desde mucho antes, aunque quizás no de forma totalmente consciente.

En nuestra historia de parto de hoy, María nos cuenta cómo los nacimientos de sus tres hijos han ido cambiando su forma de ver la maternidad y también la vida. Una historia de crecimiento personal. Enorme. Gracias, María.

El documento es un pelín largo, pero me parece que merece la pena que se lea todo seguido, así que, por una vez, no lo vamos a dividir. Espero que os guste.

Historias de parto. Yo quiero contaros la historia de un proceso de aprendizaje

Yo quiero contaros la historia de un proceso de aprendizaje: desde el primer parto hasta el tercero. Mi hijo mayor nació aquí en Suiza, en una clínica privada. Como todos los hospitales y clínicas en este país, las salas de parto son habitaciones normales, con su bañera, pelota gigante, espaldera….. nada que ver con un quirófano. Sólo cuando te pones epidural te pasan a una sala un poco más pequeña que tiene el instrumental necesario, pero sigue sin ser un quirófano.

Yo había pedido a mi ginecóloga el parto más natural y menos intervenido posible y estaba segura de poder soportar el dolor. Rompí aguas un sábado a las cuatro de la tarde en un restaurante. Desde allí llamamos a un taxi para ir a casa y ¡el equipo de camareros salió a la puerta a despedirme! Me sentía como la reina de Inglaterra diciendo adiós por la ventanilla del coche. En casa cogí mi maletita, me duché y cambié de ropa y nos fuimos a la clínica.

Todavía no estaba de parto, pero eso yo no lo sabía. Las contracciones eran irregulares y nada dolorosas. Me pusieron una vía “por lo que pudiera pasar” y me fui a pasear. Cuando me cansé subí a mi sala de partos. Empezaba a dolerme y ese dolor era algo desconocido. No sabía hasta donde podía llegar. Me hicieron un tacto. Nada, 1 cm o así. Bajo mi punto de vista llevaba 2 ó 3 horas de parto y me desanimé. Nadie me sacó de mi error. Me metí a la bañera. Muy relajante. Pero el dolor aumentaba y yo soy miedosa por naturaleza, y nada sufrida.

Pregunté a la comadrona: ¿dolerá más? Contestación de comadrona “premionovelenpsicología”: Uyyyyyyy te tiene que doler MUCHO MÁS… así no dilatas. Dejé de dilatar. El dolor seguía y yo no dilataba. Empecé a desesperarme. En algún momento de la noche claudiqué: acepte la oxitocina pero con la condición de que me pusieran la epidural. Ya no podría parir en la silla Maya como tenía planeado. Me sentía muy decepcionada. Acabé en la camilla semitumbada (aunque me sentía bastante cómoda).

Al disminuir el dolor me relajé. Dilaté. Cuando acabé de dilatar todavía quedaba como un reborde…… me lo abrieron un poco a la fuerza, metiendo la mano. Yo en ese momento ya sentía un dolor bastante insoportable y continuo localizado en el hueso del coxis. Ya podía pujar. Pujé. No salía nada. Mi madre me animó:

¡Grita, hija, grita! Grite.

Mi bebé salió. Apgar 7.9.9. Estaba azulado y decaído pero lo pusieron sobre mi pecho desnudo y se fue animando. Maullaba mas que llorar. Parecía un gatito y tenía una curiosa cabecita cónica de marciano.

Hola cariño soy mamá. Ayyyy pero que feíto eres……..

Nos dejaron solos: mi marido, mi bebé y yo. Pero estaba agotada. Sólo quería irme a la habitación. Cuando me pude levantar pusieron al chiquitín en una cuna y yo misma la empujé hacia nuestra habitación. Mi marido me preguntó:

¿Querrás más?
Ni de coña!!!! ¿Cómo puedes preguntarme eso ahora????? Estoy medio muerta!!!!!!!

Pero 9 meses más tarde volvía a estar embarazada.

El parto de mi mediano lo planifiqué en España más por mis padres que por otra cosa. A ellos no les gusta Zurich pero hubieran venido el tiempo necesario para ayudarnos y yo no les quería obligar a eso. Por lo tanto parí en Barcelona. Me busqué una ginecóloga que respetara el parto natural. La encontré en la persona de Carmen Guasch, ginecóloga colaboradora de la famosa Inma Marcos. Fue un gran acierto. Por desgracia el único acierto.

El gran error fue parir en el hospital de Barcelona. En pocas palabras: mi parto fue una ruta turística por el hospital. Todavía no había aprendido a distinguir entre “pódromos” y parto propiamente dicho y fui demasiado pronto. Ingresé a la 1 de la mañana más o menos. Me monitorizaron obligándome a tumbarme boca arriba. Sufrimiento fetal. Llamaron a Carmen. Les pedí ponerme de lado. Se acabó el sufrimiento y con ello la sombra de la cesárea se alejó. Me mandaron a la habitación.

En cada contracción me salía mucha sangre y eso me asustaba porque no recordaba nada semejante en el primer parto. Me prohibieron comer y beber. De allí a la sala de dilatación (en camilla y por pasillos de película de terror). La sala propiamente dicha estaba ocupada casi en su totalidad por los monitores y una camilla. Era diminuta y casi no podías moverte andando. Aguanté en la camilla, sentada. Entonces apareció Carmen con la silla Maya. Me dijo que podía sentarme en ella para seguir dilatando. Eso me puso tan contenta que dilaté de golpe.

Necesito Pujar!!!!
Nooo aquí noooooo vamos al quirófano

Escena digna de película de Almodóvar: en primera línea Carmen con la silla y cara de susto, después yo con mi tripón intentando llegar antes de la siguiente contracción (cerrándome el camisón verde para que no se me viera el trasero), y por último mi marido empujándonos a las dos.

Una vez en el quirófano Carmen situó la silla maya al lado de la camilla de partos y puso unas láminas absorbentes debajo. Alguien le pasó una silla de despacho a mi marido para que se sentara y me sujetara. Yo me situé en mi trono Maya para dejarme llevar. Necesitaba pujar pero no tenía fuerzas, me mareaba. Pensaba que me iba a morir, que me desmayaba, que me iba….. (un incondicional del parto intervenido me diría que era por la postura vertical pero yo ahora sé que era por todas las horas sin comer ni beber y perdiendo sangre). Entonces Carmen me gritó:

PARA PAAAAARA trae el cordón enrollado!!!!!!!
NO PUEDO PARAR!!!!!!
RESPIRA RÁPIIIIDOOOOO!

Ni con esas. El crio salió y Carmen se las ingenió para que no se ahogara. El pobre pasaría los próximos tres días de un color rojo-violeta rarísimo, porque la presión le había roto los capilares, según me dijeron. Pero no era peligroso. Nació gritando como un salvaje y con una cara de enfadado que echaba para atrás. Me enamoré de él al instante pero estaba enfadada con el sistema.

Tan feíto como tu hermano, cariño…….
¡Pero no le digas eso! (me dijo una pobre enfermera, escandalizada de mi reacción)

Me levante impúdicamente ese estorbo de camisón verde que me habían puesto para parir (cerrado por delante y abierto por atrás, muy conveniente para el contacto piel con piel.) para poner a mi pequeño sobre mí pecho. Me miraron con sorpresa. No me lo dejaron ni tres minutos. Se lo llevaron y a mi me bajaron en camilla a la habitación. A los tres cuartos de hora (una eternidad) me lo trajeron. Yo estaba que mordía de rabia pero intenté no pensar más para concentrarme en el pecho. A partir de ese momento no consiguieron separarnos más. Bueno, miento, por la noche se lo llevaban a cambiar y lavar pero como sólo estuve 3 días lo aguanté.

Cuando catorce meses después vi el tercer positivo de mi vida en un test de embarazo mi biblioteca se había enriquecido considerablemente de libros como el de Isabel Fernandez del Castillo y los de Michel Odent y ya no me iban a pillar más. Lo tenía todo mucho más claro:

– En primer lugar, país para parir: Suiza. Ni muerta volvía a parir en un hospital español.
En segundo lugar: elegir la comadrona idónea. Eso me lo proporcionó mi amiga Amaia recomendándome a Carolina, quien le había atendido a ella en el parto en casa de su segundo bebé. A parte de la filosofía respetuosa de Carolina, hablaba Español por ser hija de españoles. Mejor imposible.

Tercera decisión: en casa me daba miedo pero Carolina también atendía en un hospital donde encontraría una bonitas y cómodas salas de parto, muy diferentes a los fríos quirófanos (que, todo sea dicho, no estaban lejos, por si el asunto acababa en cesarea. Para una hipocondríaca como yo este detalle me dio mucha tranquilidad).

El día del parto empecé rompiendo aguas, como con mi primer bebé. Me quedé en casa hasta que Carolina me aconsejó ir al hospital unas 5 horas más tarde. Ahora yo ya sabía que todavía estaba en pódromos. Reconocía los dolores y sabía adonde iban a llegar. Estaba tranquila y feliz. Ni siquiera me asusté cuando planeó la sobra de una inducción debido a que tenía algunos marcadores de infección en la sangre. Pero yo sabía que eso era debido a unas anginas que me estaban dando la lata desde hacía unos días y que no había prisa. Me pondría de parto esa misma noche.

Carolina convenció a la ginecóloga de darme la noche para progresar espontáneamente y, si no, me inducirían por la mañana. Hacia las 10 de la noche, unas 7 horas después de romper aguas, me encontraba en mi sala, conectada a mi música, bailando por la habitación, relajada, feliz, totalmente colocada…… no me apetecía llamar a Carolina porque estaba convencida de que tardaría horas en dilatar y estaba muy a gusto ahí sola, a mi bola totalmente. Pero la comadrona de guardia no estaba tranquila así que a eso de las 12 por fin me animé a llamarla. Yo seguía convencida de que aquello no dolía lo que tenía que doler y que Carolina iba a venir a perder el tiempo (y el sueño) viéndome dilatar.

De repente me entraron una ganas terribles de darle un mordisco a una barrita de Kit-Kat. Y lo hice. Nadie me había prohibido comer o beber, así que lo hice a voluntad durante toda la dilatación.

Carolina llegó a las 12:15. Fue verla y sentir contracciones fuertes. En menos de media hora estaba de rodillas sobre un colchón en el suelo. ¡No había dado tiempo a traer mí querida silla Maya! Tengo un fascinante recuerdo de lo que Michel Odent denomina “reflejo de eyección maternofetal”. Mi cuerpo empujaba sólo. Aunque hubiera puesto toda mi voluntad en no parir hubiera sido imposible. Además me sentía pletórica de fuerza!!!!!! De mi garganta salía un ruido un tanto raro, un ahhhhhhh mezcla de dolor y placer. Dolor en el perineo que se rasgó pero placer en algún punto profundo, desconocido e inalcanzable. Como a lo lejos oía la voz de Carolina diciéndome:

¡Lo estás haciendo muy bien, sigue así!!!!!!

Me alegré mucho porque, de todas formas, tampoco podría estar haciendolo diferente. Mi cuerpo (supongo que obedeciendo a mi cerebro primitivo) había tomado el mando y mi voluntad (o neocortex) estaba totalmente desconectada.

Mi pequeño salió redondito y precioso. Carolina me lo puso frente a mí, entre mis piernas

Ahí tienes a tu hijo

La frase más bonita del mundo. Cogí a mi pequeño e intenté ponérmelo, así mismo, de rodillas, al pecho. Carolina me dijo que todavía no, de hecho el chiquitín me miraba con un solo ojo abierto y cara un poco fastidiada, como diciendo ¿pero que espera esta de mi ahora? ¿Qué me ponga ya a mamar? No se porqué lo hice. Fue algo irracional. Me tumbé en la cama a esperar que saliera la placenta. Esta lo hizo sin la menor complicación y casi no perdí sangre. Luego me di cuenta de que en todo el parto no llegué a perder ni cinco kilos!!!! Y había ganado más de 20!!!!!

Nunca, en ningún momento, me separaron de mi bebé. Subí a mi habitación andando y el pequeño en brazos de Carolina, detrás de mí. Dormí en el hospital sólo porque hasta el día siguiente no venía el pediatra que tenía que revisar al peque. Si no, me hubiera ido a casa a dormir en mi cama con mi bebé. Me sentía dolorida, claro, pero fuerte y bien. Un poco desequilibrada sin mi barrigón, pero nada más.

Cuando cuento mi tercer parto y lo comparo con el primero todo el mundo me dice que es que los partos son cada vez más fáciles. Pero yo he preguntado a varias madres multíparas y no me han confirmado esta afirmación. Yo estoy convencida de que si en mi primer parto hubiera sabido lo que tenía que saber, y hubiera tenido las mismas condiciones que en el tercero, todo hubiera sido muy diferente. No me canso de intentar informar a las futuras mamás, para que a ellas no les pille el toro, pero por desgracia no todas quieren saber más. Una pena porque parir BIEN es algo impresionante que vale la pena vivir, y perdérselo simplemente por desconocimiento es realmente triste. Otra cosa es que haya verdaderas complicaciones, claro. Entonces toda intervención es bienvenida con tal de preservar la salud de madre e hijo. Pero todos sabemos que hoy en día se practica un intervencionismo exagerado y al por mayor. Y es una verdadera pena.

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9 Comentarios

  1. Caro 28 Enero 2011

    María, que te como!!!!! :)))

    Gracias por compartir tu peacho de experiencia, y enhorabuena por ‘abrirte’, con gran recompensa, como no puede ser de otra manera.

    Y la foto,… me encanta!

  2. Ileana 28 Enero 2011

    Qué historia tan hermosa!!!
    Es verdaderamente una lección de sabiduría maternal.
    Un abrazo enorme y muchas gracias, María!!!!

  3. maria berrozpe 28 Enero 2011

    Gracias, mis queridas compañeras de tribu :o)

  4. Violeta 29 Enero 2011

    María! qué historia maravillosa! eso es hacerse cargo de la maternidad, crecer y dejarse transformar!Una vez más me admiro y me emociono ante tu coraje, honestidad y generosidad!
    Gracias

  5. soc mare 30 Enero 2011

    Precioso María!!

    Que parto más explendido el tercero. Que aprendizaje y que valiente!!
    Gracias

  6. Adriana 5 Mayo 2011

    Hermosa historia Maria,

    Bendiciones para tu gran familia, todo un ejemplo de madre y de mujer.

    Vivo en Venezuela y provablemente de a luz en suiza, solo Dios sabe..me animas un poco con yu historia…

    Que estes bien!!

  7. ruro caituiro monge 7 Septiembre 2011

    te felicito María gracias a Dios y a todos tuve grandiosos partos es cierto hay muchas mujeres que nos les interesa, también yo ando gritando al cielo para comunicar que puedes hacer un parto facil y realmente darte cuenta que traes un hijo al mundo y no recordar con dolor el trabajo de parto un abrazo.

  8. ruro caituiro monge 7 Septiembre 2011

    felicitaciones maria esres realmente admirable, te cuento que tengo dos niños y gracias a Dios y a mi suerte tuve unos partos grandiosos en Perú realmente sientes la magia del nacimiento de tu hijo, más no es tan importante el dolor, etc. al igual que tú ando difundiendo que se puede tener una parto precioso y como dices no a todas les interesa.

  9. sensi 15 Mayo 2012

    Hola Maria,soy primeriza, mi bebe nacera a mediados de julio aquí en suiza en Fraunfeld( Thurgau )estoy un poco asustada porque la familia está lejos, no hablo el idioma y por supuesto por el parto…te agradezco todos los consejos que puedas darme,gracias de antemano

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