Terrible Twos

terrible two

Pues sí, Lara ha entrado de golpe en la fase de las rabietas. Lo que se combina con que Ana no las ha dejado todavía, de hecho lleva una rachita que la cosa parece ir a peor. Así que los famosos «terrribles dos» que dicen los ingleses refiriéndose a los dos años en mi casa han pasado a ser las famosas «terribles dos», refiriéndome a mis dos hijas.

La fase de las rabietas es una fase normal. Sobre los dos años la conciencia sobre sí mismos empieza a manifestarse de forma rotunda en nuestros hijos. Con la adquisición del «yo», muchas veces coincidiendo también con la adquisición del vocablo en el área del desarrollo lingüístico, los niños sienten la necesidad cada vez más imperiosa de diferenciarse de los demás, necesidad que se hará dramática cuando lleguen a la adolescencia. Vale, es una fase normal y así hay que tomárselo.

Lara ha aprendido a decir «yo». Yo, yo sola, yo puedo, yo NO. Así que entre el «yo», el «no» y el «es mío», estamos apañados. Curiosamente los conflictos de Lara surgen la mayor parte con su hermana, tal vez es por eso que a las rabietas de Lara les estoy dando menos importancia, vaya, que me ponen menos nerviosa. También es quizás por eso por lo que Lara tiene bastantes más rabietas de las que tuvo Ana. O tal vez es porque Ana tuvo un desarrollo lingüístico muy rápido (con 20 meses decía cosas como «por la noche sale la luna», «por aquí se ve el mar», «no veo nada» o «mecachis en la mar salá»).

El principal problema de las rabietas no son las rabietas en sí, sino la reacción de los padres. Cuando tu niño hace una pataleta, muy probablemente oponiéndose a tu santa voluntad, los padres enseguida pensamos que estamos haciendo algo mal, que el niño quiere torearnos y que menudo espectáculo estamos dando. Esto es especialmente delicado si estamos en público. ¿Quién no ha sufrido las miradas de reprobación, hacia el niño o hacia una misma, cuando en la cola del súper el angelito se pilla un berrinche porque quiere el globo estratégicamente colocado en la línea de cajas?

La consigna ante una rabieta es la paciencia. Paciencia y nada de dramatizar. Es una fase, se pasa y no tiene nada que ver con cómo lo estás haciendo. En serio. O al menos tiene muy poco que ver con ello. Algunos trucos rápidos para sobrellevar esta etapa:

1. Anticiparse. Evitar las rabietas en la medida de lo posible no es tan difícil, tú eres el adulto, anticípate. Cambiar de escenario, dejar de hacer lo que estais haciendo. Sé la más rápida al norte del Tajo (o al Sur, según de dónde seas).

2. Distinguir entre lo importante y lo accesorio. Es importante que el niño no coja el cuchillo jamonero y es importante que no meta los dedos en el enchufe. No es importante que no se ponga el abrigo antes de salir de casa. Si no quiere ponerse el abrigo, coge el abrigo y explícale que lo llevas por si en la calle tiene frío. Tu niño no es tonto, si tiene frío te lo pedirá, si no sabe pedirlo puedes ofrecerlo.

3. Dale a tu hijo herramientas para entenderse. Es un bebé, si no sabe lo que es el concepto «estoy enfadado», difícilmente podrá decirte que está enfadado.

4. Si la cosa se desborda (se te desborda) y antes de perder los estribos, sal de la habitación. Díselo al niño y sal un momento «cariño, me voy porque me estoy poniendo muy nerviosa, ahora vengo». Esta opción es mucho mejor que mandarlo a su cuarto o hacer cualquier otro tipo de Time Out. Si el niño está en pleno berrinche y encima le dices que se vaya a una esquina lo más probable es que aún se enfade más. Repito, tú eres el adulto. Si necesitas calmarte para manejar la situación, hazlo. Muy probablemente tu hijo no será capaz de calmarse solo. Una de las desventajas de ser pequeño es que cuandos somos pequeños carecemos de un montón de recursos.

5. Si estás en público, recuerda: todos los que han tenido hijos han pasado por esto, si te miran mal allá ellos. Y para los que no han tenido hijos puedes usar el típico «arrieritos somos y en el caminito nos encontraremos» que siempre sienta muy bien

Lo principal cuando el niño tiene una rabieta es no dejarse llevar, no entrar en una espiral del tipo «a mí tú no me toreas» o «a ver quién puede más». Es posible que tu hijo caiga en ese error, pero tú eres un adulto ¿vas a comportarte como un crío?

Y por último, seguro que tú también has tenido rabietas. Recuerda qué es lo que hacían tus padres y recuerda cómo aquello te hacía sentir. Si te hacía sentir mal no se lo hagas tú a tus hijos.

Podéis leer más sobre las rabietas en el estupendo artículo de Rosa Jové «Quiéreme cuando menos me lo merezca porque será cuando más lo necesite»

Y ahora me voy a aplicarme mis propios consejos. Soy humana, no siempre lo consigo.

Foto | Stef Thomas

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6 Comentarios

  1. Dr. Javier Macias 12 noviembre 2010

    Muy buen post. El mejor resumen es que nosotros somos los adultos y debemos comportarnos como tales sin comportarnos como los crios. Mucha paciencia, mucha tranquilidad y a soportarlas con mucha dignidad. Un saludo.

  2. Author
    Irene Garcia 12 noviembre 2010

    La dignidad es súper importante, sobre todo cuando la frutera te mira con cara de «uys qué mal educada está esa niña, MALA MADRE». Dignidad o directamente sacarle la lengua 😛

    Gracias 🙂

  3. Maria Isa 12 noviembre 2010

    Si, pero ¿y si va acompañada de agresividad? si su reacción es pegarte o insultarte… hay que poner límites, no?

  4. Marta Moran 13 noviembre 2010

    Una rabieta por lo normal no da por pegar,… se tiran al suelo llorando, berreando intentando llamar la atención. La nicasoterapia (una vez nos aseguremos que no hay nada con lo que puede hacerse daño) es lo mejor. No es el momento de hablar con ellos ni de calmarles, dejarles a su aire para que vayan calmándose es lo mejor. Y como bien decía Irene, los adultos debemos comportarnos como tales (no esperar un comportamiento adulto en nuestros hijos), no entrar en su juego, y fundamental, distinguir entre lo importante y lo accidental. No provoquemos situaciones que lleven a la rabieta por tonterías.

    En el caso de ´rabieta» con agresividad, y por experiencia propia, coger al niño mirarle y decirle que eso no está bien. Si vuelve a repetirlo y ya sin decirle nada, se le contiene físicamente retirándolo de nuestro lado, así hasta que cese en su comportamiento, pero importante, no volver a decirle que está mal PORQUE EL/ELLA ya lo sabe. No alimentar esas llamadas de atención… y mucho CARIÑO y mucha PACIENCIA, con la seguridad que estas cosas (a veces parecen frías desde fuera) son porque les queremos.

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