Noche de hadas

fuego

Hubo un tiempo en que todas las mujeres se sabían hadas. Conocían el poder de las plantas, de los animales, de las rocas y del agua y sabían de la fuerza del sol y que el frío de la noche se puede combatir con el fuego. En las noches más oscuras encendían fogatas, cantaban y bailaban y contaban historias a sus hijos. Eran sabias, tenían el don de renacer con cada vida que daban porque eran conscientes de que ese don provenía de sus hijos. Conocían los ciclos de la tierra. En la noche más corta del año se reunían alrededor del fuego para recordar que aunque el sol se apagara un poco cada día desde ese momento llegaría otra vez un tiempo en el que volvería a brillar y a calentar con fuerza. Hubo un tiempo en que todas las mujeres se sabían mágicas y sabían que por eso sus hijos también lo son. Su magia se llama amor.

Pero un día, tras una sequía grande que trajo un invierno duro, sin frutos, sin agua y sin animales, algunas hadas y algunos de sus hijos se culparon por ello y dejaron de creer en sí mismos. Y la magia se debilitó. El frío se instaló en el mundo y las que aún se sabían hadas tuvieron que empezar a ocultarse. Reunidas en las noches oscuras danzaban y bailaban en fiestas secretas a las que cada vez iba menos gente. Todo el mundo recordaba que tiempo atrás las hadas habían tenido mucho poder, el poder de sanar y garantizar la vida, de mantener el calor y por eso cada vez resultaban más amenazantes. Fue entonces cuando empezaron a llamarlas brujas.

Cuando el frío empezó a extenderse, algunas de estas hadas se convencieron en serio de que eran brujas, surgiendo en ellas una tristeza enorme o una rabia infinita que de nuevo traía tristeza y temor y unas pocas de ellas se convirtieron de verdad en tales. Mujeres poderosas con un tipo de magia nuevo, la magia del miedo, ayudaron al miedo a instalarse en el mundo. Pero el miedo sólo existe en soledad. Apareció la envidia y las brujas también dejaron de reunirse, convirtíendose en seres solitarios, amargados y feos. Y cada vez la gente vivía más sola.

Mientras, las antiguas hadas seguían con sus fiestas clandestinas, que se celebraban incluso en la distancia, sin siquiera conocerse, cada vez que una de ellas tenía la tentación de dejarse arrastrar por el terror. Y el terror las quemaba vivas en piras rituales, las perseguía y las maltrataba con la intención de hacerlas desaparecer.

Muchas hadas se perdieron en este camino tan duro. Pero otras, aún cuando en su infancia hubieran olvidado su poder, lo recuperaban al convertirse en madres. Y recordaban que una vez fueron fuertes porque formaban grupos, sin envidia y sin miedo, unidas por los lazos invisibles de la amistad o de la sangre. Seguían ahí y aquí siguen, ocultas entre nosotras. Empezaron de nuevo a juntarse e incluso formaron tribus a pesar de la distancia.

Un día, un hada pequeña que no sabía que era un hada tuvo un bebé y recordó de pronto toda su magia. El miedo del mundo la atacó por todas partes, e incluso le arrebató la fuente de su poder, su pequeña hija. Pero era un hada fuerte, valiente y no se dejó engañar. Y gracias a su valor consiguió que un montón de hadas dormidas o somnolientas y también algunos de sus mágicos hijos se despertaran del todo y comenzaran así a cambiar el mundo, desterrando el miedo y trayendo de nuevo el calor.

A todas las hadas y a todos sus mágicos hijos. Un cuento para la noche de San Juan del año que viene, noche de brujas, noche de hadas. El mundo sin duda ya es un poco mejor.

Foto | Manuel Tovar

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5 Comentarios

  1. Mousikh 24 Junio 2011

    No hay magia más poderosa en el mundo que el amor. Ojalá que cada día ser mamás sea igual a ser hadas. Sin duda, el mundo será un sitio mejor.

  2. Yoanna Farias 27 Junio 2011

    Hermosa reflexion Irene, somos hadas dormidas tenemos la fuerza mas poderosa del universo y no lo sabemos “El amor“. Si queremos podemos cambiar el mundo, lastima que el materialismo y nuestras exigencias hayan hecho dormir aquello tan natural que una vez fuimos. Tu mensaje me recordo con cariño mis pequeño rituales alrededor de fogatas cantando y bailando en donde solo importaba dar gracias a la madre tierra por lo que nos brinda cada dia. Sigamos despertando. Haz lo que quieras mientras no lastimes a nadie.

  3. Ileana 28 Junio 2011

    Guao!!!
    Hermoso, Irene, y muy bien contado y explicado!!!
    La magia, la espiritualidad, el crecimiento personal, la bondad, la religión, Dios… todo se resume en lo mismo: AMOR!
    All you need es love, ya lo sabíamos.
    Todo lo que necesitamos, todo lo que necesitan incluso aún más los malos, es eso, la magia poderosa del amor.
    Un mundo más amoroso, un mundo más maternante.
    Un abrazo gigante!!!

  4. Mariela Franzosi 28 Junio 2011

    Me encantó tu relato, Irene. Lo imprimí para compartirlo con mi hija ya que acá en Argentina, y más precisamente en su escuela, este sábado se realiza la Fogata de San Juan.
    Gracias por tan hermoso mensaje de AMOR.
    Cariños!!
    Mariela

  5. Laura Carolina Claro 28 Junio 2011

    Me emocionó este cuento!!! Es precioso y tan cierto… me siento una de esas hadas que el mundo adormeció, pero el ser mamá la despertó… Y la despertó tanto tanto que hoy me siento HADA… a pesar de tantas luchas en lo cotidiano al transmitir este mensaje del amor y la maternidad!!!

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