Portarse bien

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El bien y el mal son conceptos humanos abstractos y subjetivos que no existen en la naturaleza. En el medio natural (no para animales que viven en cautiverio) no existen leones malos, plantas de judias egoístas o gusanos redondos vagos. Los animales se comportan tal y como su interacción con el medio ha ido seleccionando a lo largo de millones de años de selección natural. No hay moral en la naturaleza. Los que están más adaptados al ambiente y las condiciones que les ha tocado vivir tienen más probabilidades de reproducirse, ni más ni menos.

La cosa se fastidia cuando aparece el pensamiento abstracto. ¿Qué tiene que hacer un oso para sobrevivir? Ser oso. ¿Qué tiene que hacer un humano para sobrevivir? Ser abogado, médico, banquero, albañil…más o menos, que decía Mafalda. Desde que un niño nace, nosotros los adultos nos dedicamos a etiquetarle y clasificarle dentro de las dos categorías existentes: es malo o es bueno.

Mucho antes de que los niños aprendan lo que es la ética, lo que su sociedad en determinado momento considera bueno o malo (en la mayor parte de las ocasiones encima bajo el precepto de «haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago») nosotros ya lo estamos catalogando.

«Qué bebé más bueno. Te deja dormir del tirón». La primera en la frente y nada más nacer. Así un bebé de un mes pasa de buenísimo a demonio cuando alcanza los cuatro meses, acaba de afinar sus ritmos circadianos y las fases del sueño y empieza a despertarse montones de veces. «Qué malo es, es que no me deja pegar ojo».

Los bebés buenos, los que se portan bien, comen y se duermen solos cuando sus padres quieren y por supuesto no lloran demasiado. Oir llorar a un bebé es muy molesto, así que llorar es un comportamiento no aceptable (¿para qué creéis que se inventaron los chupetes?).

Y encima después la cosa empieza a complicarse. Un niño bueno se levanta a la hora de ir a la guarde con una sonrisa en los labios, se toma TODO el desayuno sin rechistar, se deja vestir con la ropa que quiere mamá, entra en clase, se sienta y hace TODO lo que la maestra quiere o considera oportuno. Habla cuando tiene que hablar, hace pis a la hora del recreo y no antes ni después, comparte con los otros niños lo que el adulto quiere que comparta y jamás se enfada, se frustra ni pide ayuda. Porque ser bueno a la edad de dos años empieza además a confundirse con ser independiente. O sea, no dar mucha guerra que bastante tengo yo ya.

A partir de aquí ya es casi imposible. Si se te cae el vaso de agua, eres malo. Si no te gusta leer, eres vago. Si un día no te da la gana compartir la pelota eres un egoísta. Si no obedeces te castigan. Si te da miedo la oscuridad te aguantas. Y hoy hay lentejas, si quieres las comes y si no las dejas.

En la sociedad actual «portarse bien» es simplemente sinónimo de «ser dócil».

¿Cómo actuarás tú si un día te levantan tres horas antes de tiempo, te llevan a un sitio inquietante y un desconocido empieza a preguntarte cosas, muchas de las cuales no sabes responder? El 90% de nosotros probablemente llamaríamos a mamá.

Lara llegó a su evaluación del desarrollo, no quiso entrar en la consulta alegremente, no le gustaron algunos de los juegos que tenía que hacer, se frustró, se enfadó, lloriqueó, pidió ayuda, pidió teta, no quiso decir cómo se llama y sólo se animó cuando le pidieron que corriera y subiera y bajara escaleras. Probablemente la evaluación de Lara, que tiene dos años y medio, hubiera sido diferente si hubiera empezado por los juegos de psicomotricidad gruesa, en los que Lara se siente más cómoda. Nosotros sus padres lo sabemos, pero nadie nos preguntó.

En conclusión y según el informe, Lara es caprichosa y su familia es sobreprotectora. Y como yo no quiero hijas dóciles, sino hijas que sepan lo que quieren y lo que no, que tengan criterio y personalidad suficiente como para saber a quién y cuando pedir ayuda, como Lara come sola desde los nueve meses, se desviste sola, pide el pis y va con una silla a todas partes para alcanzar las cosas que están en alto, además de ser bastante razonable en las cosas que le pido, ordenar los juguetes y no ponerse el tutú de bailarina para salir a la calle en el mes de enero (al menos no sólo el tutú) pues he decidido concluir que no lo estamos haciendo tan mal.

Y la verdad es que Lara es bastante más dócil que su hermana. En algunas cosas.

Lara es Lara. Sin etiquetas. Y sólo espero de ella que, cuando sea adulta, respete a los demás, pero también a ella misma.

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8 Comentarios

  1. Caro 15 abril 2011

    Si han puesto ‘eso’ en vuestro informe, Irene, seriamente, yo imprimiría este post y se lo enviaría al servicio que lo emitió. Menuda pandilla de cretinos.

  2. Author
    Irene Garcia 15 abril 2011

    Ah, buá. Soy tan sobreprotectora que ahora mismo estoy preocupadísima…xD.

    Lo que me parece mal no es que pongan lo que quieran en un informe, sino la absoluta y total ausencia de comunicación con los padres. Eso por un lado.

    Por otro, me imagino que el señor psicólogo habrá visto muy pocos niños de 32 meses y prematuros tomando teta y que no han ido a guardería. De hecho me imagino que es muy posible que Lara sea la primera, lamentablemente.

    Si la sociedad actual toma como estándar de lo normal comportamientos que no son naturales (tomar biberón y acudir a la guardería desde las 16 semanas no es natural) a mí plin, yo duermo en Pikolín.

    Mi primera reacción fue cabrearme. Caprichosa, MI HIJA…un webo…xD. Yo por ejemplo lo hubiera definido de otra manera: Lara es recelosa con adultos y en entornos desconocidos y a partir de ahí su recurso, cuando se ve desbordada, es acudir a su madre. ¿Eso es caprichoso? Pues bueno. A mí me parece normal a esta edad y en las circunstancias especiales de Lara. ¿Es o será un problema? Pues ya veremos. ¿Buscará otras figuras de autoridad cuando no esté mamá? Pues puede ser, aunque de momento a mí no me lo parece. Por si acaso esa es la conclusión que yo saco y que voy a vigilar.

    La cuestión es que como siempre se utilizan términos que califican o juzgan, en lugar de términos menos abstractos, sin connotaciones morales y que puedan darte pistas para problemas futuros.

    Don´t worry que todavía me queda la revisión de neonatos en septiembre y si me dicen algo no me pienso callar. A mí me ha costado mucho dejar de ser una buena niña, una niña dócil, no se me va a olvidar ahora 😛

  3. Caro 15 abril 2011

    Claro, Irene, pero es que es por todo eso que dices por lo que es indignante!!! en una revisión cortísima, sin conocimiento previo de la niña, sin comunicación con los padres… cómo se pueden sacar esas conclusiones?!?!? de veras que lo flipo.

    Menos mal, menos mal que su mami no es una niña dócil. Eso casi nos asegura que ella tampoco lo será 😉 afortunadamente.

  4. Author
    Irene Garcia 15 abril 2011

    La verdad es que yo ya no me indigno por casi nada xDDDDD.

    Besotessss

  5. Pilar 15 abril 2011

    En fin…pues yo creo que tu hija se comporta como es habitual en una niña de su edad…aunque como tú bien dices, queremos a los niños dóciles y para ello les entrenamos bien duro desde que nacen.
    Yo también quiero que mis hijas sepan lo que quieren y lo que no…eso es más cansado para mi, es cierto, pero ellas se lo merecen jeje
    besos!!<

  6. Amor Maternal 18 abril 2011

    Yo también veo perfectamente normal su comportamiento. Lo que no veo normal, y se lo comentaba a mis alumnos cuando daba clases de inglés en la uni, son los exámenes… Siempre les decía que debía evaluarlos porque me lo exigía la dirección, pero que como docente, no creía en ese tipo de evaluación: un profesor conoce a sus alumnos por el día a día, sabe aproximadamente cuánto sabe cada alumno en base a sus participaciones en clase, pero influyen tantos factores, como por ejemplo la timidez, el miedo al ridículo, un malestar puntual, etc. que puede haber alumnos que dominen a la perfección un tema y no hablen en clase, u otros que estén pasando por un momento difícil emocionalmente y en el examen salgan reprobados, cuando uno sabe que sí dominan la temática… En conclusión, yo creo mucho más en la evaluación continua que en los exámenes, aunque igual tenga fallos, creo que refleja mejor los conocimientos en líneas generales.

    Todo esto para decirte, que me parece absurdo que juzguen a un niño, que lo tilden y lo etiqueten, más aún viniendo de personas extrañas, ante las cuales obviamente no va a tener un comportamiento relajado y habitual, como lo puede tener ante personas de su confianza… Menos mal que ves las cosas de manera objetiva, y que has hecho tu propia evaluación… Así que ánimo, creo que nadie conoce a Lara mejor que ustedes tres 😉

  7. Author
    Irene Garcia 18 abril 2011

    Gracias, guapas. Besos mil 🙂

  8. Ileana 20 abril 2011

    No hay niños que «se porten mal». Solo hay niños que SE SIENTEN MAL en un contexto o situación determinada.

    Así de sencillo.

    Cuando abandonamos la medición de la conducta (el paradigma conductista) y abrazamos la comprensión de las emociones (el nuevo paradigma emocional) el término «portarse mal» deja de existir.

    Detrás de cada conducta hay una motivación, un deseo, un sentimiento, una emoción, todas válidas.

    Un beso, campeona!!!

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