Historias de parto: Valeria, valiente

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Como es viernes volvemos a la tradición de publicar en nuestro blog vuestras historias de parto. Podéis hacérnoslas llegar al correo sermamas@territoriocreativo.es.

Hoy en vuestras Historias de parto, Albertina nos habla sobre la importancia de escuchar a la embarazada. Tener un hijo prematuro es la experiencia más desgarradora que yo he vivido, aunque también en muchos aspectos muy «educativa». Vivir día a día y aprender a relativizar muchas cosas son sólo un par de ejemplos de lo que un bebé prematuro puede enseñarte. Albertina nos cede su historia de parto para recordarnos que el parto no es un trámite, que es un momento especial y que las madres somos las protagonistas de ese momento. La naturaleza colocó un montón de mecanismos para hacer del parto un acto eficaz, escuchar a las madres puede marcar la diferencia. Esperamos que os guste.


Historias de parto: Valeria, valiente.

Tuve un embarazo de alto riesgo.Cuando supimos que lo que esperábamos era una niña, de entre los nombres que barajamos elegimos Valeria, precisamente porque significa «valiente,fuerte, sana», como una especie de cábala que la «protegiera» de lo que pudiera pasar.

Las semanas iban pasando pero los miedos no se pasaban, estábamos atentos a cualquier señal. Cuando pasamos el umbral de las 30 semanas nos relajamos un poco, en caso de parto prematuro ya las posibilidades eran buenas. En la semana 33, un lunes de madrugada, rompí la bolsa. El susto fue enorme, salimos corriendo para el hospital, allí me conectaron a monitores, me pusieron una inyección para ayudar a los pulmones de mi hija a madurar deprisa y un goteo para que me detuviera las contracciones y la medicación hiciera efecto. Estuve así todo el lunes y el martes me aplicaron la segunda dosis de la medicación para madurar los pulmones de mi hija. Ese mismo martes por la mañana el ginecólogo que me vio dijo que esa misma mañana me provocaban el parto. Diez minutos después viene y me dice que el plan ha cambiado, que no hay incubadoras libres hasta por la tarde y que van a esperar a ver si me pongo de parto sola o si no ya por la tarde me lo inducen.

Por la tarde nadie me dice nada ni me visitan y yo ya me sentía con contracciones. A las 21. 30 pido que me lleven a monitores por las contracciones, me conectan y después de dos horas me dicen que el monitor no registra nada (yo ya tenía contracciones cada 5 minutos). Pido hablar con el ginecólogo de guardia y le digo que me explique por qué el cambio de criterio, por la mañana me dicen que me lo van a provocar y por la noche pretenden mandarme a la habitación como si nada. Me explica que como no hay infección ni contracciones prefieren esperar al día siguiente. Yo le digo que sí tengo contracciones y logro que esté presente en el momento en que me dan, me hace un tacto y me dice que hay ya borrado del cuello uterino y que van a trasladarme a otro hospital donde haya incubadoras. Se me hundió el mundo, yo llevaba horas avisando y nadie me hizo caso. Vino una ambulancia del 112 a llevarme al otro hospital a las 12.30 de la noche, a mi marido no le dejaron ir conmigo, tuvo que ir en taxi detrás, yo ya tenía contracciones cada 3 minutos, fue un rato durísimo.

Llegué al otro hospital y de nuevo a monitores, esta vez sola, no dejaban entrar a mi marido. El monitor sigue sin registrar las contracciones con la fuerza que los médicos esperan y a pesar de que yo digo que me duelen mucho, me dicen que no exagere y que me quedan muchas horas de parto por delante, esto a la 1.30 am. Al cabo de hora y media más o menos deciden ponerme oxitocina, sin avisarme,yo pensé que era otra bolsa de antibiótico, y ya dejan entrar a mi marido. Las contracciones empiezan a dolerme tanto que vomito. Pregunto qué mepasa y me dicen que es la oxitocina que me han puesto. Siento rabia. Me duele tanto que pido la epidural, pero en el traslado entre hospitales han perdido el análisis de sangre que me habían hecho días antes en el que salía que sí se me podía anestesiar, así que tienen que repetirme el análisis antes de ponerme la anestesia, los resultados no llegarom hasta las 4 am. Me pusieron la epidural a esa hora y mientras me la ponían me dan el papel del consentimiento informado diciéndome que lo lea y lo firme. Evidentemente lo firmé sin leer. Deciden entonces conectarme un monitor interno (intravaginal) para ver cómo las contracciones están afectando a mi hija, para ver si es necesario que me hagan cesárea y además hacerle una extracción del ph de la niña a ver si hay sufrimiento fetal… hacen el primer intento de sacarle la sangre pero me duele tanto que tienen que parar. Mientras preparan el segundo intento yo noto que mi hija nace y aviso que tengo ganas de empujar. La respuesta de la ginecóloga es que no empuje que aún me queda mucho tiempo de parto y me voy a agotar…decido seguir mis instintos y empujar, mientras le grito a mi marido que venga. En tres empujones mi hija nació… la ginecóloga se quedó blanca. Estaban tan obsesionados con que no me tocaba aún que no me creyeron…como consecuencia de eso, no se dieron cuenta de que mi hija nacía con prolapso de cordón, nació hipotónica y morada, y con un test de apgar de 2/6…no me dejaron tocarla al nacer y se la llevaron intubada a la UVI, mientras nosotros moríamos de angustia… una hora después nos dieron la primera información, nos dijeron que la niña estaba intubada pero reaccionando bien. A las doce horas le quitaron completamente el oxígeno y alas 36 h pasó a neonatos, donde permaneció 17 días más.

Hoy sé que la epidural no me hizo efecto,lo cual fue un milagro porque así yo pude notar que mi hija nacía y ayudarla con mis pujos mientras los ginecólogos reaccionaban… quién sabe qué hubiera pasado si no hubiera empujado rápido, al venir mi niña con prolapso de cordón.

Nunca en mi vida lo he pasado tan mal, ver nacer a tu hija morada, sin llorar, no poder tocarla, ni besarla y tener que abandonar el hospital sin ella, con el tremendo susto en el cuerpo, es inimaginable si no se vive, el terror a perderla, el vacío de no tenerla y el tremendo impacto psicológico del maltrato en el parto, en el que no paraban de decirme que cuánto me quejaba y que qué poca tolerancia al dolor.

Nunca hubiera podido atravesar este trance sin tener a mi marido a mi lado, aguantándome la mano y dándome toda la fuerza en el parto y después, sosteniéndome a cada minuto y sin dejarme ni un momento sola.

Lamentablemente, mi parto fue uno más de los muchísimos casos de partos deshumanizados, en que los médicos hacen más caso a las máquinas que a la embarazada. Ese día aprendí una cosa, y es que el cuerpo es sabio y el cuerpo sabe lo que pasa. Una mujer embarazada que dice que está de parto ESTÁ de parto. No hay más.

Otra cosa que aprendí: El parto es la experiencia más brutal, mágica y maravillosa que una mujer puede vivir. Una mujer pariendo emana toda la fuerza del mndo, es un proceso tan duro, tan primario, tan animal, que toda mujer merece el máximo respero por estar pasando por eso. El parto DUELE. Mucho. Pero también sana, Te conecta con tu interior, con lo más profundo de ti y no hay nada más maravilloso que sentir que estar trayendo a alguien a la vida. Por eso nadie, ni el más afamado de los médicos tiene derecho bajo ningún concepto, a intervenir más de lo imprescindible en un parto.

Mi sueño era parir en casa, pero obviamente con mi problema y más con el parto prematuro, no pudo ser, no podía exponer a mi hija. Pero mi parto podía haber sido, aunque hospitalario, respetado. No lo fue. Fue frío e instrumental Y aún tengo que dar las gracias porque no hubo cesárea ni fórceps y porque la epidural no hizo efecto y pude sentirlo todo. Pero me robaron ese momento, que era mío y de mi hija. En lugar de facilitarlo, lo complicaron mucho. Ojalá dentro de no tanto todos los partos vuelvan a ser como fueron, como deberían ser, lo menos intervenidos posibles. Y por supuesto, con las bocazas de médicos y enfermeras poco empáticos, bien cerradas.

Cuando vi a mi hija en la UCI pensé que era una leona valiente. Pocas veces me he emocionado más que al ver a mi pequeña luchadora, con sus 1880 grs de peso, sus 42 cm y su trauma por el parto, aferrarse con esa fuerza a la mano de su papá, a la vida. Era Valeria, mi hija, mi sueño, mi milagro. Estaba aquí. Era perfecta. Y era preciosa.

Hace ya 6 meses que Valeria nació. Pesa unos 5.500 grs y mide 63 cm. Ríe sin parar y su sonrisa es la confirmación de que los milagros existen.

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5 Comentarios

  1. Paula 25 febrero 2011

    Waw! Gracias por copartirlo, me has emocionado mucho.

  2. Sandra 25 febrero 2011

    Durísimo,pero la vida sigue su curso. Valeria es una campeona. Ánimos mami.

  3. Sara 25 febrero 2011

    Valientes sois las 2, Valeria por salir adelante como una verdadera luchadora y tú por hacer caso a tu instinto en un momento en el que todos los «profesionales» no te apoyan. Conmovedor. Y la foto, deja sin palabras. A disfrutar de tu niña!!

  4. Albertina 26 febrero 2011

    Mil gracias por publicar la historia, y por los comentarios. Ha sido muy duro, pero espero con mi relato poder ayudar a otras mamis. Hay que confiar en el cuerpo y exigir de los médicos lo que necesitamos en el parto!!

    Un abrazo.

  5. Susana 15 noviembre 2016

    Y esto en qué hospital fue? Me parece que deberías decirlo para que la gente lo supiera, jamás he oido una historia tan terrorífica

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