Historias de parto: Clara y Marina

marína 195

Hoy en vuestras historias de parto os traemos la historia de Clara y Marina. El apoyo del personal sanitario es fundamental a la hora de tener un buen parto. Mejor que todos los equipos médicos sofisticadísimos (que casi nunca hacen falta), mejor que todos los medicamentos anestésicos…contar con el ánimo de tu pareja y con un par de comadronas respetuosas es la mejor garantía para que nada se atasque. Los partos están reñidos con el estrés y con la adrenalina y para evitarlos, nada mejor que estar rodeada de gente que te hace sentir bien.

Eso y tener claro que tú también eres capaz.

Si estás buscando hospital o profesionales que atiendan tu parto, no dudes en elegir a aquellos con los que sientes un «feeling» especial.

Si queréis que vuestro parto aparezca publicado en esta sección, no tenéis más que mandárnoslo a la dirección de mail sermamas@territoriocreativo.es. También podéis leer el resto de vuestras historias en la Sección «Experiencias» o a través del tag «Historias de parto». Animáos. Esta comunidad la hacéis vosotras.

Muchas gracias, Clara, por tu historia. Una bonita historia. Espero que la disfrutéis.

Historias de parto: Clara y Marina

Marina nació el 1/10/2010, el mismo día en que cumplía las 40 semanas de embarazo. En Hospital General de Castellón. Antes de nada quiero darle las gracias a mi pareja, que aunque él no lo crea me ayudó muchísimo, no se puede imaginar cuánto, y a los dos ángeles que tuve como matronas: Sofía y Lorena.

A las 4,30 de la mañana me desperté con unas ganas terribles de mear, fui al baño y expulsé un montón de tapón mucoso y empecé a tener contracciones regulares y cada vez más dolorosas, así que sin alarmarme me metí en la ducha y me fui calmando el dolor con el chorro de agua caliente.

A las 5, 30 nos fuimos al hospital, allí me dijeron que ya estaba de 4 cm, pero que como no quería epidural ni oxitocina ni que me rompieran la bolsa… ni nada… me recomendaron que me relajara que eso iba para largo.

A las 8 cambió el turno y ya me atendieron mis dos ángeles. Con ellas me sentí muy respaldada en mi decisión de tener un parto “natural”, ¡hasta parecía que les hacía ilusión!

Siguiendo las recomendaciones, yo me relajé, saqué todo lo que había preparado: una revista, la botella de agua, rosquilletas y galletas para no desfallecer…Entre los dos controlábamos el monitor del latido (que nos daba mucha tranquilidad) y de las contracciones, y cuando me venía una contracción hacía lo que muy bien me enseñaron en las clases preparto: respirar. Yo no sé si lo que me ayudó fue la respiración en sí, o que me concentraba en otra cosa que no fuera el dolor, pero tengo que decir que me ayudaron mucho.

A eso de las 2 de la tarde yo ya no podía más, estaba súper cansada, así que me tumbé en la cama y entre contracciónes dormitaba, y ahí se paró un poco todo: estaba de ocho centímetros, pero no avanzaba. Las matronas me recomendaron romperme la bolsa, que si la rompían ya no duraría nada más, y yo acepté.

Y ahí empezó la marcha, me dolía y yo no sabía si tenía que empujar o no, porque a mi me habían enseñado que las ganas de empujar las notas, y yo en ningún momento las sentí. Si empujaba me dolía más así que me hice un lío y no sabía si tenía que empujar o no…vomité unas cuantas veces… las matronas me dijeron que no me agobiara, que cuando las notara que empujara… pero al final yo no me esperé y empujé y empujé… porque quería que se acabara pronto. Entre gritos hasta pedí la epidural, pensaba que no podía, que me desmayaría, pero me dijeron que ya no quedaba nada, y eso era lo que yo necesitaba oír. Me pusieron un espejito para que le viera la cabeza, y comentaban la cantidad de pelo que tenía… pero yo sólo queria que saliera!

Ya casi estaba, pero como me temblaban las piernas no fui capaz ni de parir sentada (que era como yo quería en un principio) ni de andar hasta el paritorio, así que me llevaron allí tumbada en la cama. Una vez en el “potro” todo fue más fácil, me agarré a los asideros y empujé y empujé… y no salía… así que me pidieron permiso para cortarme, y yo sólo quería que saliera ya así que acepté… Noté perfectamente cómo salía la cabeza, que creía que me partía por la mitad… y ya por fin salió! Me la pusieron encima inmediatamente, se enganchó enseguida y ya no la separaron de nosotros. Ni siquiera me enteré cuando salió la placenta, ni cuando me cosieron ni nada (2 puntos, que me dieron mucho la lata por cierto). POR FIN! QUÉ INMENSA FELICIDAD!

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*