Con la comida no se juega

comida

Ayer tuve la reunión anual del cole de Ana. Todos los años a principio de curso realizan una para explicarte los objetivos, la metodología y ciertas cuestiones prácticas. La de ayer me interesó particularmente porque aproveché para comentar ciertos asuntos referidos al comedor escolar.

Por motivos logísticos Ana, como una gran parte de los niños españoles, se queda a comer en el cole. Lleva comiendo fuera de casa tres años y hasta ahora no habíamos tenido ningún problema. Hasta este año. Ignoro si es porque ha empezado primaria y los asuntos «normativos» se extienden en este ciclo también al asunto de la comida o si es porque han cambiado de cuidador, el caso es que lleva días protestando: que la obligan a comer, que le meten cinco cucharadas en la boca, que no puede tragar, que llora y la regañan…En fin.

No es que Ana sea una gran comedora, de hecho, cuando está con nosotros es cuando más ascos le hace a todo. Bien, yo, por experiencia propia sé que con la comida no se juega. Y no me refiero precisamente a que no se debe dejar que los niños organicen un poco su menú, sino a todo lo contrario: obligar a un niño a comer, utilizar la comida como castigo o premio, hacer de las comidas una batalla campal no es una buena idea. Creedme.

De la relación que un niño establezca de niño con los alimentos depende en gran parte su salud futura, no sólo la física, también la emocional. En teoría todos los padres estamos dispuestos a prestar a nuestros hijos toda la atención que reclamen, pero en la práctica, cuando se produce una carencia afectiva los niños llaman la atención. En mi casa, la comida no es un medio de llamar la atención, principalmente porque yo lo he decidido así. ¿Y por qué? Porque no quiero que este sistema se traslade a otras etapas, sobre todo la adolescencia, época en la que se desarrollan la mayoría de los trastornos alimentarios. No digo que no haya otros, no soy una madre perfecta – más bien todo lo contrario – pero intento que la comida no sea uno de ellos.

Tengo el convencimiento de que muchos de los trastornos alimentarios se gestan en la infancia temprana: cómete ésta por mamá, mira el avión, si no te comes las judías no hay postre, si te comes los garbanzos te doy un petisuis…La comida es necesaria, pero además comer es un acto social. Comer, como necesidad fisiológica fundamental, ha de producir placer. Establecer una relación con la comida basada en los nervios, el miedo y la tensión, es comprar todas las papeletas para hacer de la alimentación un problema en edades futuras.

Nunca, jamás, hay que obligar a un niño a comer. Los niños comen lo que necesitan, las dósis recomendadas por nutricionistas son eso, recomendadas. Ni tú comes todos los días la misma cantidad. ¿Por qué ha de hacerlo tu hijo?

Los niños sanos, si les dejas y les proporcionas alimentos saludables, comen por instinto mejor que los adultos, sobre todo cuando son muy pequeños. Esto es así precisamente hasta que el adulto interfiere con sus normas educacionales. Ni tienen que comer de todo ni tienen que comerselo todo. Tienen que comer lo que necesitan, y son ellos los que mejor saben qué es.

La comida no debería utilizarse como un medio para enseñar normas morales, como mucho se pueden enseñar ciertas normas de educación relacionadas con la higiene o con cierto comportamiento social (has de estar sentado, has de usar los cubiertos, has de utilizar la servilleta).

Si existe la sospecha de que un niño no está comiendo lo suficiente, es el pediatra el que tiene que determinar si existe una patología que esté influyendo en su apetito, el que tiene que investigar los motivos y si es necesario ponerles remedio, no una cuidadora de comedor escolar basada en las dósis «recomendadas» estándar que son las mismas para todos los niños.

Algunos niños vomitan. La mía sólo llora y monta un drama (como digna heredera de su madre) y después dice que le duele la tripa y no quiere merendar.

Lo he dicho en el cole: si no come quiero que me informen, pero no quiero que la obliguen a comer, mucho menos que la fuercen. Con la comida no se juega.

Foto | Bruce Tuten

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26 Comentarios

  1. Ileana 28 septiembre 2010

    Uffff… vaya temita!!!

    La relación con la comida es sobre todo EMOCIONAL.

    De ahí que haya tantos trastornos alimentarios, obesidad, anorexia, bulimia, y cada día vayan a más: trastornos afectivo-emocionales.

    Hoy en día la mayoría de los padres decimos: «los niños comen mejor en el colegio». Y seguramente es verdad. Pero que triste. Qué triste reconocer eso. Señal no de que el comedor del colegio sea bueno, SEÑAL DE QUE EN CASA LO HACEMOS TAN MAL!!! :-(((

    La mía de bebé comía mejor que ahora. Más variado. Ahora come peor. Seguramente por nuestra propia responsabilidad, por nuestra propia (mala) intervención, como bien dices. Tiene días y días, pero supongo que ocmo todo el mundo.

    Cuando no come me siento tentada de presionarla, y enseguida me reprimo a mí misma como Pepe Grillo: » Déjala… no la obligues!!!»

    Nadie explica mejor todo este proceso que Laura Gutman en su libro La Revolución de las Madres: el desafío de nutrir a nuestros hijos.

    Aunque a algunos pueda parecerle exagerado, es así, exactamente así. Pero como no lo queremos ver… ahí tenemos.

    Pandemias de obesidad infantil, y nadie sabe para dónde tiene mirar. Ni los mismos especialistas. Nadie quiere mirar el problema afectivo-emocional.

  2. Doris 28 septiembre 2010

    Estoy totalmente de acuerdo que con la comida no se juega.
    Pero a los niños hay que enseñarles a comer de todo en su cantidad adecuada a la edad , pero de todo. conozco muchos hombres y mujeres que ya están casi para la jubilación que no comen en condiciones y la raíz de ello es la permisividad familiar a la hora de comer los niños.
    Los niños gradualmente deben incorporarse a la alimentación todo lo importante. Legumbres, vegetales, pescado, carnes, Huevos. Hay una cosa que ademas es fácilmente demostrable. La mayoría de los niños no comen cosas que a los padres no les gusta. Hay madres que no les gustan los huevos, y los niños no comen huevos o por defecto algún que otro vegetal.
    Los niños deben comer de todo, en pequeñas cantidades en relación a su edad. pero de todo.
    Y si un niño dice a la primera que no quiere comer y uno le da la posibilidad de que se salga con la suya sin que haya un motivo de peso. Ya se termino todo.
    Las cosas en su justa medida. Y permisividad también, sin pasarse , pero tampoco no llegar.
    Un saludo

  3. Author
    Irene Garcia 28 septiembre 2010

    ¿Conoces algún animal al que haya que enseñarle a comer de todo en cantidad adecuada a su edad? Yo no. Los niños humanos, igual que todos los animales de la tierra, nacen sabiendo lo que tienen que comer y en qué cantidad. Para eso la naturaleza ha desarrollado sofisticadísimos sistemas de regulación del apetito, que, dicho sea de paso, la ciencia no conoce en profundidad. Cualquier animal sobre la faz de la tierra, y principalmente los mamíferos, «saben» perfectamente cuando tienen hambre y cuánta hambre tienen. Excepto los humanos adultos. ¿tú comes de todo? Yo no.

    A los niños hay que ofrecerles de todo, pero si no quieren comer una cosa no se les debe obligar, entre otras cosas porque es muy probable que su organismo les esté diciendo que no la coman POR ALGO. Hay muchísimos casos de celiaquían sin diagnosticar en adultos, por ejemplo, sería bonito obligar a un adulto a comer macarrones cuando te está diciendo que no quiere comer macarrones. No entiendo porqué a los niños hay que tratarlos de forma distinta que a los adultos en cuestiones de derechos. ¿Tú crees que a un adulto se le puede obligar a comer?

    Si un niño dice a la primera que no quiere comer en lugar de pensar que se está «saliendo con la suya» tal vez puedas pensar que tiene sus motivos para no querer probar una cosa nueva o no querer comer nada en absoluto en ese momento y darle otra oportunidad. Eso es la justa medida. No embutir la comida a cucharones.

  4. Ileana 28 septiembre 2010

    A lo largo de los millones de años de evolución y hasta hace bien poco, ningún ser humano podía comer «de todo».

    Simplemente, porque no tiene todo al alcance de la mano. Sólo podían comer los (pocos) productos de su localidad.

    Nadie come de todo. Tú no comes los perros que comen los chinos, o los gusanos que comen los mejicanos… pero sí comes un bicho igual de feo y carroñero que se llama gamba. Es una cuestión cultural, y la cultura está muy determinada por aquello que tienes más a mano.

    Alimentarse es un acto emocional. Se empieza mamando, que es a la misma vez amor y alimento. Y así, toda la vida, alimento y amor van de la mano. Uno alimenta el cuerpo y el otro el espíritu, que son una unidad.

  5. Mirta 28 septiembre 2010

    En realidad cuando decimos «que el niño coma de todo», lo que queremos decir es: «que se coma lo que le pongo delante, en el momento en que se lo pongo, y tal como se lo pongo».

  6. Doris 28 septiembre 2010

    Exacto Mirta, estoy de acuerdo contigo.
    Y yo si como de todo lo que me pongan en la mesa. Y da igual que este en mi casa o en Tubuktú. Primero hay que educar que prueben las comidas y después que digan si quieren o no.
    Respeto las formas de los demás, pero en mi casa se come lo que se pone en la mesa y si no quieren pues no hay otra cosa. Y hablo con conocimiento de causa.
    Conozco muy de cerca a niños que de muy pequeños ya tiene bulimia y todo por no querer comer lo que se les pone por delante y ya entra el chantaje emocional con los padres.
    En los primeros siete años de vida de una criatura hay que ponerle normas para que en el resto de su vida no les sean adversas las normas de la sociedad cuando les toque socializar.
    El que crea lo contrario, ok.
    A mi me va muy bien y no voy a cambiar.
    Y si hablamos de los animales….pues nos vamos a la montaña dejamos a nuestros hijos en manos de los animalitos y que sobrevivan como ellos………..

  7. Author
    Irene Garcia 28 septiembre 2010

    Bueno, vamos a dejar de filosofar y vayamos a lo práctico.

    Doris, imagina que pones un plato de espárragos y tus hijos dicen que no se lo comen. ¿Cómo consigues que lo hagan?

  8. soc mare 28 septiembre 2010

    Creo que los comentarios en realidad van más allá del tema de la alimentación, creo que estamos hablando de cómo educar y de las ideas que nos generan nuestros hijos.
    Creo sinceramente que si alguien practica el chantaje emocional en la relación padres-hijos son los padres, de preferencia la madre la que lo realiza en detrimento del niño, de modo consciente o inconsciente es tristemente habitual verlo.
    A nuestra pareja habitualmente le pedimos opinión sobre la comida del día, ¿que te apetece cariño? o nos la pide el a nosotras, dependiendo de quién cocine, de ese modo mostramos nuestras preferencias, pero a los niños no les preguntamos, en ocasiones porque no sabrían responder y otras porque són pequeños y no saben, pero si saben decir que no quieren comer y eso no lo respetamos, aunque sí respetamos, nos guste o no, que nuestra pareja deje la comida sin comer porque no le gusta o no está en su punto o ese día no se encuentra bien y no le apetece comer. Ninguna le metemos la cuchara en la boca.
    En cuanto a socializar y las normas, yo preferiría tener un hijo que cuestione a uno que acate sin más. Socializarse e integrarse no debería significar confundirse con la masa.
    Cada una ha de hacer lo que crea lo correcto, aunque a menudo lo correcto es sólo lo que hicieron con nosotros sin pasarlo antes por un tamiz.

  9. Doris 28 septiembre 2010

    el caso de los espárragos no se ha dado, pero si se me ha dado el caso del brocoli. Habia hecho una tortillita de brocoli para cada uno y el hermano se la comio y ella no quiso. No hubo ni malos humores ni malas caras. Le dije que estaba bien, que no comiera, que no pasaba nada. LLego el momento del postre y puse natillas . Las suelo hacer yo, no me gustan las compradas en la calle. Ella , la primera dijo: Yo quiero natillas. Pues si no quieres cenar tortillita, tampoco querras postre asi que a la cama a leer, que mañana sera otro dia. Y ya esta. subio , se puso a leer sus cuentos y al día siguiente para comer le puse a ella tortilla de coliflor. El resto teníamos otra comida. Ella comió lo que le había puesto sin rechistar. y no paso nada y al final dijo.: hmm… que buena estaba.
    si cedes sin un motivo real, ya se acabo el invento. No pasa nada que no cene una noche, al día siguiente seguro que come y si no lo hace, ella o el decidirán cuando. Pero sera lo mismo. No lo que ellos quieran. Sera lo que comemos todos.
    Esa es mi forma y a mi me criaron así y estoy aquí. Las cosas sin malos modos , sin malas caras y sin llantos, porque los llantos no van a ningún sitio.
    Un saludo

  10. Author
    Irene Garcia 29 septiembre 2010

    Ya. Imagina que la segunda vez que se lo pones te dice que no. Y la tercera. ¿Cuántas veces lo harías?

  11. Doris 29 septiembre 2010

    Irene: y si las vacas volaran……. sacaríamos paraguas o pondríamos cubos para recoger la leche?
    Cada uno pone las normas que considera en su casa y si no funcionan, intenta modificarlas ,pero siempre con miras a que los niños se vayan educando de una forma que cuando salgan a la jungla social, les afecte lo menos posible.
    No tengo verdades completas, pero según mis experiencias en la vida actuó en consecuencia.
    Un saludo

  12. Author
    Irene Garcia 30 septiembre 2010

    Ya, sin embargo has sonado a «verdad-verdadera». Déjame decirte que has tenido suerte, tu niña es complaciente. Hay otros con bastante más carácter y no me estoy refiriendo a las mías precisamente, yo he decidido no dejarlas sin comer, me preocupan sus niveles de cuerpos cetónicos en sangre y esas cosas…Pero sí, los hay. Hasta tres días sin comer he conocido a alguno, bastante de cerca. Por eso, la honestidad intelectual es una gran virtud ¿qué harías si tu niña se hubiera negado a comerse lo que fuera durante tres días? Ya te lo digo yo, hubieras claudicado, no puedes dejarla sin comer para siempre. Bien, mi opinión es que rectificar es de sabios y cuánto antes se haga, mejor. Antes de convertir la hora de comer en una batalla campal, en un tira y afloja horrible y en una situación en la que ambas partes están a ver quién resiste más, yo les doy un quesito y tirando que es gerundio. No son mis enemigas y tienen derecho a ser escuchadas.

  13. Doris 30 septiembre 2010

    Yo he estado ocho horas dándole de comer , ocho horas desde la comida. Pero llegue a la conclusión , de que le duele mas quedarse sin comer que le monte una bronca. Uno va aprendiendo con ellos. Ellos te enseñan el camino que debes coger y cuando lo encuentras , hay que ser férrea, no desviarte. NINGÚN NIÑO VIENE AL MUNDO CON LIBRO DE INSTRUCCIONES- Y ALGUNOS VIENEN CON EL DOCTORADO EN DERECHO BAJO EL BRAZO.
    Así y todo, tiene la manía de cuando no le gusta algo devolver…el medico ha dicho que no pasa nada. que devuelva , después se espera una media hora y le vuelves a poner el plato en la mesa.
    No es fácil, pero si nota que titubeas o que se te encoge el corazón… ahí estas perdida.
    La cuestión es después, cuando te acuestas y te haces el tercer grado a ti misma….¿me habré pasado, habré sido demasiado dura?aynssssssssss!!!!!!!!!!!!!
    Y después dicen que las madres no trabajamos.
    Deberiamos estar en la NASA o en el Ministerio de Defensa…jajajajajaj

  14. Victor 30 septiembre 2010

    Entiendo que muchos padres piensen que deben obligar a los chicos a comer, les puedo decir que a mi me obligaban a comer al punto extremo de la nausea, sin embargo me seguian obligando. Hoy soy un feliz OBESO mi padre bromea diciendome «habia que pegarte para que comieras, ahora hay que pegarte para que no comas». Tengo dos hijas saludables y con niveles de crecimiento excelentes fuera de percentil (en ambos casos), les sugiero que coman, las insto con calma a probar todo para luego decidir. pero parto de un principio, ningún animal, muere de hambre con alimento al lado, si partimos del hecho que somos animales racionales, todo está dicho. Hay una frecuente tendencia de los chicos a llevar la contraria, algunos si descubren que los padres se empeñan en hacerlos comer, disfrutarán empeñandose en no hacerlo.

  15. Amor Maternal 30 septiembre 2010

    Estoy de acuerdo con Ileana, acerca del significado emocional de la comida; prueba de ello es cuántas personas en el mundo se «refugian» en un trozo de chocolate o de pastel y cuán a menudo lo hacen, y cuántas adolescentes acaban con problemas de alimentación, aunque creo sinceramente que son más bien de índole multifactorial y que el inicio de alimentación, dependiendo de si sea forzada o no en la temprana infancia, constituye uno de ellos.

    Por otra parte, concuerdo con Irene en que nadie mejor que el niño sabe cuánto y qué necesita su cuerpo. Sé que es algo difícil de aceptar en principio, sobre todo tras el bombardeo que recibimos a diario acerca de cuánto y qué debe comer un niño a cada edad. Leí hace tiempo, que si comiéramos todo lo que la publicidad nos indica que deberíamos comer diariamente, explotaríamos.

    Si quieres saber más al respecto, Doris, te recomiendo que leas «Mi niño no me come» de Carlos González, en el cual da varios ejemplos de niños a los cuales se les han ofrecido diferentes alimentos, y ellos han escogido siempre cosas diferentes, en distinto orden, y que al final del día han constituido una dieta balanceada. Por otra parte, creo que el apetito es una cosa biológica, instintiva, siempre y cuando no se halla influenciada por la publicidad. Digo esto, porque considero que un niño que ve la tele toda la tarde, por ejemplo, y esté sujeto a lo largo de ella a numerosas propagandas de comida chatarra, muchas veces repletas de mensajes subliminales, muy probablemente no elegirá los alimentos que su cuerpo esté pidiendo porque habrá dentro de él una lucha entre su apetito biológico y el lavado cerebral que acaba de recibir…

    Carlos González refiere en su libro, que los niños rechazan algunas comidas bajas en calorías (entre ellos frutas y verduras), porque saben instintivamente que su estómago pequeñito sólo puede albergar una cantidad de alimento determinada, y que por ende, ella debe ser lo más rica posible en nutrientes. Por otro lado, el rechazo a probar nuevos alimentos, o neofobia, que tienen los niños entre 2 y 3 años, se debe a causas genéticas; si quieres informarte más al respecto, puedes hacerlo aquí.

    Puedo ponerte varios ejemplos en los que la «batalla por la comida», que es lo que parece vislumbrarse en estos comentarios, se torna en casos, a mi parecer, que rayan en el abuso de poder del progenitor sobre el niño: casos en los que el niño vomita y luego es obligado a sentarse frente al plato hasta comerse lo que ha devuelto. ¿Qué aprende el niño aquí? Que haga lo que haga, sus preferencias no cuentan, ni sus instintos, y que a mamá no le importa lo que siente, ni cuánto llora, y obviamente luego de mayor o menor número de horas, cederá y se lo comerá. No por hambre, no porque haya aprendido a comerse «eso», sino porque simplemente mamá ha quebrado su voluntad, y más le importa complacer a mamá que seguir insistiendo infructuosamente en expresar que ese alimento no le gusta. Una veintena de años después, sigue con problemas alimenticios… En otros casos, ante una negación por comer ensalada, a la niña se le ha respondido que si no come eso, pues tampoco hay segundo plato, y no hay más nada de comer hasta que el plato de ensalada acabe limpio. ¿Y qué sucede después? Pues que la niña acaba pasando unas 24 horas sin comer, porque ésta sí que es tozuda y al cabo de ello, cede su cuerpo, y acaba comiéndosela entre lagrimones. ¿Esto es lo que queremos «enseñar» a nuestros hijos? Perdóname Doris, pero lo que aprenden aquí es lo mismo que con el método Estivill/Farber: que a mamá no me importa cuánto llores, que siempre se va a imponer *su* voluntad por encima de todo lo demás. Si no conoces las consecuencias de ello, te recomiendo que investigues acerca de los efectos neurológicos de este método. A nivel emocional, el niño se rinde, acaba durmiéndose, o en el caso de los alimentos, comiéndoselo, pero el trauma emocional siempre acaba saliendo más adelante.

    Otro tema que veo que ha ido surgiendo en este hilo de comentarios es el más básico de todos: el del respeto al niño, el de considerar y respetar sus preferencias. En mi casa, por ejemplo; cuando hago mercado, congelo la carne, el pollo y el pescado en porciones suficientes para comer todos lo mismo, a la vez. Cuando descongelo algo en la mañana, no me cuesta nada, absolutamente nada, preguntarle a mi hijo si hoy le apetece pollo, carne, pescado, pasta o risotto. Es lo mismo sacar un paquete de una cosa, que un paquete de otra. Otra solución fácil y práctica, es cocinar un poco en exceso de cantidad las comidas que le gustan a mi hijo y tener una porción congelada. Si voy a comer por ejemplo algo picante, le descongelo una porción de arroz con pollo y se la come encantado. ¿Sinceramente me cuesta tanto tomar en cuenta sus gustos? ¿Para qué voy a ponerme a pelear con él y crearle un trauma? ¿Realmente es necesario *pisar* a un niño de esa manera? ¿De verdad le estamos educando? ¿Qué le estamos enseñando en realidad?

    Ahora te pongo un par de ejemplos más, y te dejo en paz, éstos sí que pudieran haber acabado con graves consecuencias. Un niño cuya madre insiste en que se tome un batido de frutas que acaba de preparar para merendar. El niño dice que no. La madre negocia: «pero pruébalo cariño, creo que te gustará». El niño sigue insistiendo. La madre sugiere de nuevo: «Pero hijo, si no hubieras probado el chocolate cómo sabrías si te gusta o no, sólo pruébalo, un sorbito». El niño accede, le gusta el zumo, se bebe medio vaso y comienza a tener una erupción en la cara, se le hinchan los ojos, y acaban pasando la tarde entera en urgencias por una alergia aguda alimentaria. Con esto; que ocurrió en la vida real, y además muy recientemente, no quiero decir que todo niño que rechace un alimento lo haga porque sea alérgico a él, pero sí que los instintos de los niños, que están intactos, deben ser considerados y tomados en cuenta, no descartados automáticamente como meros caprichos. Otro niño catalogado y criticado como «de poco comer», cuya madre insiste constantemente con los alimentos que ella elige, cocina y pone sobre la mesa con todo su amor. Esta madre cree que ella sabe mejor que el niño lo que su cuerpito necesita y le insiste, combina de diferentes maneras, tritura, machaca, licúa y presenta siempre los mismos alimentos, de diferentes maneras a ver si cuelan… El niño padece de problemas digestivos y dolores en las extremidades. Tras extensos exámenes de alergia, se determina que el niño es intolerante a la lactosa y el gluten, alimentos que siempre estaban combinados con los demás ingredientes que servía su mamá en la mesa, y son los responsables de la inflamación que sufre tanto en el aparato digestivo, como en sus extremidades. A día de hoy, 3 años después de que su madre adaptara adecuadamente la dieta al niño, el pequeño sigue teniendo dificultades de alimentación, porque recuerda lo traumático que era el momento de la comida para él. En estos dos últimos ejemplos, las madres nunca obligaron al pequeño a comer, sólo negociaban e insistían creyendo que hacían lo mejor por sus hijos…

    Conclusión: La comida es placer y necesidad biológica, como bien dijo Irene; y los niños por encima de todo, merecen respeto, a su voluntad (siempre y cuando sea razonable, ¿qué tan difícil es preparar arroz en lugar de macarrones?) y más aún a sus instintos.

  16. Doris 30 septiembre 2010

    Gracias por tanta información. Yo afortunadamente no estoy traumatizada, al contrario, estoy pasadita de kilos porque ahora me lo como todo.
    La niña afortunadamente come de todo. desde ensalada hasta verduras pasando por la comida mas rara que pueda ponerse en la mesa. El día que no quiera comer porque tiene los cables cruzados no come-otra cosa es que este mala o se sienta mal-
    solo hay que acostumbrarla a comer lo que se pone en la mesa y si no…..pues no hay mas nada. Y no pasa nada.
    Y estoy de acuerdo que los niños merecen respeto, pero la voluntad de ellos hasta que se marchen de mi casa estará supeditada a un consenso. No hay cosa mejor que sentarse a hablar y que den sus razones para llevar a cabo algo.
    De todas maneras, nadie puede dar reglas a otras personas, si opiniones y pautas a como uno a actuado en ciertos momentos. Pero cada caso es un mundo y cada casa un universo.
    Saludos

  17. Ileana 30 septiembre 2010

    «Tiene la manía de cuando no le gusta algo devolver…el médico ha dicho que no pasa nada. que devuelva , después se espera una media hora y le vuelves a poner el plato en la mesa»

    Qué horror. Nunca pensé que podría leer semejante frase de una madre sobre su propia hija.

    ¿»Manía» de vomitar cuando no le gusta algo? ¿Y qué harías tú si te obligo a tragarte, por ejemplo, una lombriz de tierra? ¿Te has puesto a pensar que quizás para ella algunos alimentos pueden ser tan desagradables como para ti, por ejemplo, una lombriz? ¿A eso le llamas tú «manía»? ¿No será acaso el único recurso de defensa que le queda?

    Disculpa, Doris, pero tus comentarios, y los de tu médico, son como poco, de un adultocentrismo atroz. Y no lo digo por ti, lo digo por cualquiera que pueda leer estos comentarios. No puedo quedarme impertérrita.

    Obligar a comer a un niño algo hasta vomitar, y luego ponerselo de nuevo en el plato a la media hora, ronda en la tortura, desde mi punto de vista.

    Y nunca puede saber uno si está traumatizado o no. Los traumas suelen estar en el inconsciente. Como dice Alice Miller, el cuerpo nunca miente.

    Un saludo, y ojalá la excelente información que ha dejado Amor Maternal, pueda servir de algo.

    Nada como abrirse a pensar que quizás los deseos de nuestros hijos puedan enseñarnos cosas, y abrirnos a la vida y a los demás.

  18. Carolina 30 septiembre 2010

    ¡Claro que los niños vienen con libro de instrucciones, y no lo llevan debajo del brazo, sino estampado en la frente, se llama instinto maternal, por él es que te remuerde la conciencia cuando te acuestas a dormir y te preguntas si has sido demasiado dura con tus hijos!

  19. Doris 30 septiembre 2010

    Ileana.
    Sin comentarios.
    Porque no he querido en ningún momento formar polémica con respecto al tema. Pero veo que todo lo que sea ir en contra de lo general es polémico. Me ha encantado participar a pesar del totalitarismo impuesto.

    Y lo de «adultocentrismo» me ha encantado, intentare hablar con algunos a ver si pueden incluirlo en La RAE.

    Un saludo

  20. soc mare 30 septiembre 2010

    Nunca, nunca, nunca, se ha de obligar a comer a un niño, los problemas con la alimentación se arrastran toda la vida. No hace falta ser bulímico, ni anorexico, ese estar pasado de peso suele estar relacionado con un falta de afecto en la infancia.
    Para un niño la persona más importante en el mundo, su figura de referencia es su madre o en su defecto, el cuidador que tenga, si esa persona es amorosa, si es responsiva con el niño, si se ocupa de que sus necesidades estén cubiertas ese niño, cuando crezca será autónomo, independiente y confiará en la sociedad que le rodea, porque se sentirá seguro en ella, porque siempre, pase lo que pase sabe que puede contar con almenos una persona. ¿Que puede pensar un niño, cuando llega a ser adulto, si la persona en la que más confía, piensa de él que vomita por capricho?.
    El cuerpo es sabio, lo hacemos tonto a fuerza de dejar de escucharlo. Aún así, sigue manteniendo un poco su sabiduria, o si no, como es que cuando una no se encuentra del todo bien, sabe instintivamente qué alimentos no debe tomar y cuales son. Un niño también sabe, solo hace falta tener la despensa llena de cosas saludables en vez de golosinas, este es el consejo que daba en unas conferencias un nutricionista (Julio Basulto).
    De todos modos, ningun adulto come de todo, es una utopía, los españoles seguro no comemos las mismas cosas o todas las mismas cosas que un mejicano por ejemplo, y no por eso su alimentación es mejor o peor, y todos, todos tenemos preferencias y cosas que odiamos comer y por tanto, como somos adultos no comemos, porque entonces obligar a un niño?¿.
    «Adultocentrismo» es un termino que se usa habitualmente en libros de crianza respetuosa.

  21. Ramón Soler 30 septiembre 2010

    He leído atentamente la estupenda entrada de Irene y los interesantes comentarios.
    Yo siempre parto de la base de que los padres hacen en cada momento lo que piensan que es mejor para sus hijos, incluso el que le pega para “que no se tuerzan”. Lo que sucede es que no somos adultos libres cuando tomamos estas decisiones. Todos estamos condicionados por lo que hemos vivido de pequeños y por la forma de educar que tuvieron nuestros padres con nosotros. Y todo esto se pone de manifiesto en los momentos de máxima tensión, cuando más cansados estamos, ahí aparecen nuestros patrones más profundos. Justo en esos momentos deberíamos pararnos y recordar qué hacían nuestros padres y cómo nos sentíamos nosotros cuando niños.

    Doris lo explica perfectamente cuando explica que si su niña no quiere la tortilla la manda a la cama sin tomar nada y luego aclara que “esa es mi forma y a mí me criaron así y estoy aquí”. Son violencias invisibles, por eso las asumimos y las repetimos. Ella lo vivió de pequeña y lo repite con sus hijos. Es algo grabado en el inconsciente y no se puede cambiar desde la razón.

    Con esto no pretendo justificar a Doris. La violencia nunca tiene excusa, pero sí que puedo entender cómo una madre puede llegar a negar sus intuición hasta esos extremos.

    Doris, espero de corazón que encuentres la persona que te ayude a ver la violencia que sufriste de pequeña para que puedas liberarte y no le transmitas esos mismos patrones a tus hijos. Si no te gusta el mundo violento al que dices que van a salir, no les conviertas en violentos. Rompe la cadena !!.

    Creo que Amor Maternal explica perfectamente el efecto que tiene el abuso de poder (ya sea en el tema de la comida o en el sueño) sobre el niño. Básicamente, el niño aprende que sus emociones no son válidas y que no debe mostrarlas, y también aprende que el más fuerte es el que gana e impone sus condiciones.

    Lo del médico, sencillamente, es denunciable ante los Servicios Sociales por apología del maltrato infantil.

    @Mirta: Cuando leí tu comentario, no sabía si hablabas en serio o era una sutil ironía. Quiero pensar que es lo segundo.

    @Víctor: Lo de tu padre es lo que yo llamo humor negro, negro oscuro. ¿Me permites quedarme con la frase para el futuro?

  22. Doris 1 octubre 2010

    PERDON!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    quien diga que yo soy violenta ya puede retractarse. en ningun momento he dado a entender que mi postura es violenta. Para nada. Quizá los violentos sois vosotros al lapidar verbalmente una historia que no sabéis de la Misa la media.
    Cuando se le incita y nunca obligar de forma violenta a que coma , es porque lleva en su historial (que no voy a explicar porque no lo merecéis) una problemática y en este caso solo y digo SOLO se siguen indicaciones del facultativo, porque así lo cree oportuno.
    Que ligeros sois a la hora de criticar. Sois el fiel reflejo de una sociedad que solo mira una parte de la historia y no respeta en absoluto los posibles motivos .
    Y por favor . DE VIOLENCIA NADA
    que quede bien claro.
    Y con esto ruego que se zanje y no se nombre mas mi nombre.

  23. Elena 3 octubre 2010

    La violencia tiene muchas formas. No solo el castigo físico es violento. Abusar de tu posición de madre o padre para obligar a tu hijo a realizar algo en contra de su voluntad es un acto de una enorme violencia aunque esté dicho con las palabras más suaves y en el tono más tranquilo.

  24. Nebetawy 9 octubre 2010

    Veo que este tema ha dado mucho de sí y vistos los comentarios no creo que aportara nada nuevo. Sólo hablaré desde el lado de la niña que fui. A mí me obligaron a comer hasta vomitar. Y sé de buena tinta que el vómito sale, no se provoca; a no ser que ya tengas problemas serios de bulimia, pero me temo que en un niño pequeño no va a ser el caso. También sé lo que es el miedo a vomitar, porque he visto a las monjas del comedor hacer comer el vómito a mi compañero de al lado. Tener arcadas y aguantarse,tragarse la bilis, llenarse de agua y llorar en silencio mientras tu mano temblorosa se acerca una cucharada más. Sé lo que es esconder la comida en la servilleta, desmigarla, ir metiéndola en las bragas e ir corriendo al lavabo al acabar de comer para tirarla al váter, sé lo que es ingeniarse formas de hacerla desaparecer… sí, tengo 36 años y tengo un trauma con la comida. La gente habla del placer de comer, yo como porque si no me moriría. Odio comer y odio cocinar, cuando se acerca la hora de hacer la comida es un drama para mí, no sé que comer, no sé que hacerle a mi familia, todo me da palo, por mí viviría a base de bocadillos. Y lo que no me gustaba antes sigue sin gustarme ahora, por más que me hayan obligado a comerlo antaño, no pueden enseñarte a que te guste algo que no te gusta, sólo a aborrecerlo más.
    Hay muchas cosas respecto a la crianza que la gente piensa, «bueno,a mí me han criado así y no ha pasado nada», como obligar a comer, obligar a dormir… en algunos casos puede que funcione, pero no todos los niños son iguales, y a veces crea secuelas muy importates para siempre. Así que yo, con mi hija, prefiero no arriesgarme.

  25. Author
    Irene Garcia 11 octubre 2010

    Jo, qué experiencia más espantosa. Gracias por compartirla :(. Muchos besos

  26. talbot 20 mayo 2014

    Pienso que es un unico texto. Felicidazdes y saludos.

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