Cómplices, rivales

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Un vecino llama a la puerta. Abres. Un par de balas humanas de menos de un metro de estatura atraviesan el umbral raudas como el viento, con un pañuelo en la cabeza como única vestimenta y armadas con cubo, pala y rastrillo, corren por el pasillo con el culo al aire al grito de «¡¡¡Vamos a la playa!!!», por supuesto en idioma-bebé.

– Ete e mi cubo
– Coge el otro, hija
– Ete e MI CUBO
– Pero si son iguales, cariño
– ETE E MI CUBO!!!!!

Comprar los juguetes de playa idénticos no ha servido para evitar las discordias. Las vacaciones con dos niñas de dos y tres años han sido…estresantes, por ser suave. Ocho días para observar de cerca los comportamientos innatos de los cachorros humanos que, en la sociedad actual, no disfrutan mucho de la tribu. Peleas, empujones, besos, caricias, conspiraciones, escapadas…En un lenguaje más técnico «se han portado fatal». Es divertido a la par que agotador verlas.

– Eta e mi titi
– No, e mi mamá
– No, e mi titi
– No, e mi mamá

La vida cotidiana en casa no es tan «estimulante». Ana y Lara pelean y riñen y compiten por los juguetes y por llamar mi atención, pero introducir a Adriana en el trío ha sido todo un espectáculo. En plena etapa del «mío» y de los «terrible two», no creo que ninguna haya aprendido nada bueno de la otra. Si una tiene la muñeca la otra quiere la muñeca, si una tira el agua, la otra también, si una sale corriendo la otra la sigue, las dos necesitan ponerse el mismo bañador y el mismo vestido a la vez, si una pide brazos la otra tiene pupa y no puede andar y por supuesto ninguna de las dos obedece en absoluto.

Asilvestradas. Se lo han pasado pipa luchando con las pistolas de agua, escapando de nuevo a la playa después de haberse lavado los pies y corriendo por los pasillos llenos de cerámicas de las tiendas, mientras mi hermana y yo palidecíamos y buscábamos la Visa en el bolso.

– Tero a pota, Lara tene a pota, quítasela, mamá…

El truco: intervenir lo menos posible.

Imagino una sociedad con muchos niños conviviendo juntos desde que nacen y supongo que la cosa es bastante diferente. Me pregunto qué tipo de coste tiene para ellos y para la sociedad en general la pérdida de la tribu. Pero estoy de vacaciones. Ya reflexionaré mañana. Y de momento me río, mientras me froto los hombros que me duelen como si hubiera estado descargando en un muelle.

Por su parte, la mayor, ha hecho mutis por el foro y ha decidido ampliar su vida social. Mientras escribo esto, cena con sus amigas.

– Ay, si tu madre viera cómo tenéis la casa – ha dicho mi padre hoy cuando ha llegado
– Ya, pero está en Madrid, así que no lo ve. Alegría!! (Y suerte que hemos tenido, la casa sigue en pie, aunque lamentamos tener que informar sobre la defunción de unas siete piezas de vajilla y cristalería fina. Te queremos, mamá)

Lo hemos superado, lo que no sabemos es si repetiremos.

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4 Comentarios

  1. MaGiA 10 agosto 2011

    Asilvestradas! ;-)))
    Imagino que si nuestros hij@s convivieran habitualmente con otros niños las cosas se autoregularían mejor y la convivencia sería más fluida.
    Abrazos divertidos!

  2. irene 10 agosto 2011

    No, no le repetireis, el proximo año tendrán 4 y 3 y todo será distinto, no digo que mejor, será distinto..eso tiene la infancia, que para desgracia de quienes disfrutamos de sus luces y sus sombras pasa demasiado deprisa y cuando te quieres dar cuenta, puede que ni te dejen participar de sus vidad. Hijos pequeños problemas pequeños. (Irene madre de una de 15, 13, 11 y 2 años)

  3. Author
    Irene Garcia 12 agosto 2011

    Me ha gustado mucho tu reflexión. Es cierto, el tiempo pasa rápido y hay que disfrutar de cada momento, aunque luego tengas que pagar unos cuantos platos rotos :).
    Gracias y felicidades por esa familia 🙂

  4. Reina 15 agosto 2011

    Bienvenida al dia a dia de una madre de multiples 😉 No te preocupes, te acabas acostumbrando jeje

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