Ciclos

caracola

Las mujeres cargamos con el sambenito de ser cíclicas. El lenguaje común y la sociedad, eminentemente masculina, atribuyen a los ciclos connotaciones negativas, como si todo en esta vida fuera lineal y nosotras, desde pequeñas, nos acostumbramos a vivir con la cruz de los vaivenes hormonales, asumiendo inconscientemente que el ideal es una aburrida línea recta con un lamentable final abrupto.

No es mi estilo ponerme en plan espiritual, mucho menos con este calor, pero hoy me apetece reivindicar la naturaleza cíclica de la Vida. Sí, la Vida, así en general, tiene poco de línea recta. Los que se dedican a observar la naturaleza saben que la función que mejor representa a todo lo vivo es la hélice, que en su representación bidimensional se corresponde con una espiral, aparece en múltiples estructuras, desdela gran mayoría de cadenas de proteínas a las caracolas del mar, pasando por la estructura de montones de flores y por supuesto la doble hélice de ADN, una estructura que se impone a la línea recta porque es más fuerte, más estable. Cada vuelta de cada ciclo avanza un paso de rosca hacia delante y en la naturaleza unos mueren para que otros vivan. La espiral, o la hélice, es una bonita analogía de la vida.

Las mujeres somos cíclicas. En tiempos cortos nos movemos al vaivén de la luna, un hecho curioso que desde siempre me ha fascinado. Luna llena, durante la ovulación, cuando las chicas brillan indicando que son fértiles, luna nueva, durante la menstruación, cuando las concentraciones hormonales caen en picado, dejando que el cuerpo descanse.

Pero también tenemos ciclos largos, que podrían estar regidos por el Sol o por la Tierra. Embarazo, parto, lactancia y crianza se corresponden bien con una representación cíclica, que casi podría equipararse a las estaciones del año.

Ciclos largos y cortos y ciclos superpuestos. Asumir la naturaleza cíclica de la vida es el primer paso para olvidarse de síndromes premenstruales y dismenorreas. Y también el primero para empezar a reclamar la maternidad, el parto, la lactancia, como derechos, porque pertenecen a nuestra naturaleza cíclica y como todos los ciclos están relacionados con la reproducción, con la sexualidad. Con el deseo y por tanto con la Vida.

Estoy también convencida de la naturaleza cíclica de los hombres. Más sutil, pero no por ello menos importante. El hecho de que el compañero de una madre nueva aumente sus concentraciones de prolactina y oxitocina durante la lactancia es una buena muestra de ello y tendrán que ser ellos los encargados de reivindicarse como seres cíclicos. Porque debe haber pocas cosas vivas en este mundo que sean lineales, y porque los seres humanos, a pesar de su obstinada intención de diferenciarse del resto de seres que pueblan la tierra, responden a los mismo procesos químicos y su herencia genética también está formada por una espiral.

Un ciclo acaba y otro nuevo empieza. Un paso de rosca más arriba. Así hasta el fin del mundo.

Foto | Moni Morales

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*