Protocolos: amniotomía

bolsa amniótica

Durante los nueve meses de gestación el bebé permanece protegido en el interior de la bolsa de líquido amniótico. Esta doble membrana fina, compuesta de dos capas – amnios y corion – contiene el líquido amniótico, que permite los movimientos fetales, ayuda a conservar la temperatura, amortigua los golpes y contribuye a la nutrición del bebé, además de permitir que las sustancias de desecho del feto ingresen en la circulación materna.

La bolsa de líquido amniótico suele romperse espontáneamente durante el trabajo de parto, lo que en lenguaje de la calle se conoce como «romper aguas», debido a la presión que el útero al contraerse ejerce sobre ella. Mientras la bolsa está intacta el líquido amniótico reparte la presión de las contracciones uterinas de manera uniforme y es por esto que los «partos secos», en los que la bolsa se rompe muy pronto, pueden ser más dolorosos para la madre y más difíciles para el bebé.

La rotura de la bolsa del líquido amniótico, amniorrexis, puede acelerar el parto en algunos casos – principalmente cuando ya está muy avanzado, pero algunos profesionales aseguran que si se produce muy pronto aumenta el riesgo de infecciones e incluso de distocias de presentación (el bebé se coloca mal en la línea de salida, si la bolsa se rompe antes de que esté bien encajado). Las distocias de presentación pueden acabar en partos instrumentales o cesáreas.

La rotura artificial de la bolsa de líquido amniótico, que se realiza con una lanceta y no es dolorosa aunque puede ser incómoda, se denomina amniotomía y en algunos hospitales se practica rutinariamente, a veces nada más llegar y otras veces a lo largo de la dilatación. Los motivos por los que se practican amniotomías rutinarias permanecen en la oscuridad de los protocolos médicos. Si bien es posible que para una madre muy cansada, con la dilatación casi completa y con un niño encajado romper la bolsa puede suponer que el parto se acorte, romper la bolsa antes de tiempo no está recomendado por la Organización Mundial de la Salud ya que no existe evidencia científica robusta sobre sus supuestas ventajas.

Principalmente en entornos hospitalarios, la rotura de la bolsa inicia una cuenta atrás, cuya duración depende de nuevo del protocolo médico particular de cada centro. La rotura de la bolsa implica por tanto un límite de tiempo máximo en el que el bebé tiene que nacer para evitar el riesgo de infecciones. Este tiempo puede variar entre 12 y hasta 48 horas según el hospital en el que estés (en Inglaterra el tiempo máximo puede llegar a ser hasta de 72 horas). Tras ese tiempo el bebé tiene que nacer, sí o sí. Romper la bolsa de un bebé que además no está encajado puede producir que el cordón umbilical salga por delante de la cabeza, lo que se conoce como prolapso de cordón, una complicación muy poco frecuente en la naturaleza que precisa practicar una cesárea urgentísima (y sí, conozco un caso).

En los protocolos de atención al parto respetuosos la bolsa no se rompe casi nunca de forma artificial. Si además estás en casa es posible que puedas permanecer con la bolsa rota hasta las 72 horas que marcan los protocolos ingleses. El entorno hospitalario, plagado de bacterias, es más peligroso para un bebé que ya no está protegido por la bolsa del líquido amniótico (y también para la madre).

La amniotomía es por tanto una de esas intervenciones que pueden producir iatrogenia, complicaciones que no se hubieran producido de no haber intervenido. Una bolsa rota de forma temprana puede aumentar la necesidad de uso de oxitócicos artificiales que aceleren las contracciones, con todos los riesgos que esto conlleva.

Para que el bebé nazca no es necesario que la bolsa se rompa. Y en algunos casos ni siquiera lo hace de forma espontánea. Nacer dentro de la bolsa de líquido amniótico no es frecuente, ni siquiera en la naturaleza, pero la cultura popular asegura que los bebés que nacen «con velo» van a tener mucha suerte en la vida, de momento ya han tenido la suerte de haber tenido un nacimiento respetado- o al menos, muy muy rápido.

Así que ya sabes, cuando vayas a hacer tu plan de parto, indica claramente que no quieres que te rompan la bolsa. Porque en general no sirve para nada.

Foto | kellyv

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2 Comentarios

  1. Albertina 9 septiembre 2011

    Yo rompí la bolsa a las 32 semanas. Mi niña nació 48h después por parto vaginal,con prolapso de cordón que los médicos no vieron. Está viva y sana de milagro, su apgar fue 2/6. Ahí tenéis otro caso de prolapso, que siendo tan poco común, nos tocó…

  2. Martukivan 11 septiembre 2011

    A mi me la rompieron después de 42 horas de parto, dilatada de 6 cm, según ellos lo hicieron para acelerar la dilatación. Hasta ese momento yo estaba «estupenda» con dolores, pero llevándolo muy bien, a partir de la rotura empecé a tener unos dolores tremendos, terminé con epidural (cosa que no quería), eso sí, la peque nació 3 horas después de la rotura de bolsa. En el próximo tengo clarísimo que no me dejaré. Un abrazo!

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