Iatrogenia

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En el año 2004, año en que nació mi primera hija, el Hospital Clínico San Carlos, mi hospital de referencia, atendió como todos los años un buen número de partos. De ellos el 41% fueron distócicos con más de un 26% de cesáreas y un 15% de partos instrumentales. Unas cifras muy ilustrativas, bastante parecidas por otra parte a las cifras que presentaba la SEGO para la estadística global del país.

Antes de seguir con las desproporciones cefalopélvicas y otras lindezas no queda más remedio que introducir un término: la iatrogenia.

Según la wikipedia la iatrogenia es «un estado, enfermedad o afección causado o provocado por los médicos, tratamientos médicos o medicamentos». Que dicho así suena fatal.

La medicina salva vidas y más en los últimos años, en las que los avances científicos y técnicos permiten arreglar cosas que hasta hace poco parecían imposibles: transplantes de cara, operaciones intraútero…sin lugar a dudas el S. XX fue el siglo de la medicina. Todo avance médico siempre es bienvenido, la mayor ventaja del ser humano es su capacidad para puentear a la naturaleza cuando ésta nos sale rana. Fármacos hasta hace poco inconcebibles, diagnósticos casi personalizados…la atención al embarazo y al parto tampoco se queda atrás en todos estos avances.

Sin embargo, igual que los medicamentos tienen contraindicaciones y efectos secundarios, la cultura popular lo expresa muy bien «te arreglan una cosa y te estropean otras tres», toda intervención médica tiene un coste, un efecto.

Un parto no es una enfermedad y en la mayor parte de los casos no es necesario hacer nada para que los partos vayan bien. Desgraciadamente, desde que el parto se trasladó masivamente a los hospitales, a finales de los años sesenta, la atención al parto se ha estandarizado, basándose en unos protocolos que en muchas ocasiones no están refrendados por la evidencia científica.

Las maniobras de Hamilton, los enemas, las vías, la conducción del parto con oxitocina sintética intravenosa, la inmovilización de la mujer, la monitorización contínua, los sueros glucosados, la rotura artificial de membranas, los tactos contínuos, los potros de parto y la posición de litotomía, las episiotomías rutinarias y las epidurales, toda intervención médica tiene un coste.

La Organización Mundial de la salud lo tiene muy claro: en un parto no hay que hacer nada mientras no sea imprescindible. Porque todas estas acciones son iatrogénicas, conducen a una reacción en cascada en la que una separación de membranas innecesaria produce contracciones ineficaces que a su vez tienen que ser corregidas con oxitocina sintética, que a su vez obliga a monitorizar constantemente e inmovilizar a la mujer, de modo que al final no queda más remedio que tirar de anestesia epidural, de potros de parto, de litotomías y en el peor de los casos de fórceps con su correspondiente episio de caballo o peor, cesáreas que hubieran sido innecesarias si no hubiéramos metido mano (literalmente) e incordiando a la parturienta un par de meses antes de que se pusiera de parto.

Y así obtenemos las estupendas cifras. En el año 2004 en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, el 41% de las mujeres no pudieron parir a sus hijos de forma normal. Todas ellas, de muy diversos estratos sociales, edades y profesiones, necesitaron que los médicos salvaran a sus hijos. ¿Os imagináis una especie animal en la que el 50% de los partos acabaran mal? No habría llegado a ningún sitio. Sabiendo además que a sólo 20km de allí, en el Hospital de Fuenlabrada sólo un 15% de partos acabaron en cesárea, la ecuación está clara: en cuestión de partos a veces te salva la vida el mismo que la puso en peligro. El final de tu parto depende en gran medida del equipo médico que te atienda.

Según la OMS el 50% de las cesáreas que se practican en España son innecesarias, muchas de ellas producidas por protocolos de parto obsoletos, que no se sostienen en la evidencia científica y que producen reacciones en cadena que acaban estropeando partos que no tenían porqué haber sido patológicos. La gran mayoría de cesáreas innecesarias son debidas a la iatrogenia. Y para vacunarse contra la iatrogenia en los partos lo mejor es la información.

Foto | TinyTall

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