Historias de parto: Adriana

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Este mes en el «artículo prestado» voy a hacer algo diferente. Ana no es famosa, no es una autoridad en nada, ni siquiera tiene blog. Pero es mi hermana y tuvo un parto respetado, demostrando así que cuando se la deja la naturaleza hace su trabajo, que la información te da la capacidad de elegir libremente y que la medicina puede ser útil, pero siempre y cuando sea respetuosa. Que confiar en la suerte no es suficiente. Así que aquí os dejo el nacimiento de Adriana, que además de haber venido al mundo de la mejor forma posible, es mi sobri, «la morrosca» y es un solete.

Como siempre lo dividiré en dos partes, entre otras cosas porque hoy sí que puedo dejaros con la intriga, hasta el lunes por lo menos. Aquí va, Ana lo comparte con vosotras, en sus propias palabras.

Adriana. Mi parto es tuyo

Aún recuerdo como si fuera hoy el día que mi hermana me dijo que estaba embarazada y que iba a ser tía, la alegría, la ilusión… Recuerdo mi pequeña “lucha” particular para que se llamara como yo, Ana, y la alegría cuando finalmente lo conseguí. Recuerdo el día que nació, el momento en que la vi por primera vez y la cogí en brazos. Pero también recuerdo las horas de parto de mi hermana, como me cogía la mano cuando llegaba la contracción, el momento en finalmente se la llevaron para hacerle una cesárea, las palabras para mi hasta entonces desconocidas, sufrimiento fetal, meconio, cesárea de urgencia, quirófano.

Recuerdo los familiares en la puerta, tíos, suegros, hasta primos, todos allí, esperando el feliz acontecimiento, mientras mi hermana sufría en la habitación agarrada a mi mano. Pasaron las semanas y mi hermana sufría, yo no entendía nada, si la niña está bien, no te preocupes más, mira tu hija que bonita es, está sana, ya no hay problemas. Ese sufrimiento, a veces callado, a veces dicho en voz alta, me abrió los ojos. De repente y sin tener ni siquiera planes de quedarme embarazada comencé a meterme en El parto es nuestro, a leer historias de sufrimientos similares a los de mi hermana, a cuestionarme algo que para mi era muy lejano. A pensar que mi hermana no estaba loca, sino que se estaba rebelando contra algo que no estaba bien.

Entonces llegó mi momento, me quedé embarazada y yo ya sabía lo que quería. Busqué un médico que respetara mis decisiones, en Madrid hay pocas alternativas, pero gracias a mi hermana y a las listas de El parto es Nuestro lo encontré. Mi embarazo fue perfecto, mi médico jamás me asustó por nada, toda iba bien y el parto debía ir bien también. Discutí el protocolo de pediatría y gracias a mi médico gané y entre los dos concretamos que iba a pasar una vez que la niña naciera.

Llegó el día y mi pareja respetó mi decisión de no llamar a la familia, era nuestro momento, el momento de Adriana y tenía que ser tal y como yo quería:

Empiezan las contracciones, en casa, tranquila, comiendo fresas, en la bañera, con la pelota de dilatación. Yo encantada, pensando esto va bien, no duele tanto. A las 5 de la mañana pienso que ya debo estar bastante dilatada, llamo al médico, me dice que está de guardia, y vamos para allá. Cargamos las cosas en el coche, incluyendo la pelota de dilatación y en 10 minutos estamos en el hospital. En cuanto digo que soy paciente de mi médico las cosas cambian, me piden permiso para hacerme un tacto y monitorizarme. Se lo doy. Me hacen el tacto con mucho cuidado, no duele. Pero ¡sorpresa!, no estoy de parto, solo pródromos.

Mi médico me aconseja que me vaya a casa, me dice que puede que la cosa pare y que me llamará sobre las 9 de la mañana porque tiene que ir a hacer unas cosas con su mujer, pero que dependiendo de cómo vaya yo, las hará o no. Vuelvo a casa, pensando, que menudo rollo, que anda que no me queda. De pronto empiezan las contracciones reales, son como olas, incontenibles, me meto en la bañera, salgo, voy a la pelota, pasan las horas, el médico llama sobre las 9. Me pongo al teléfono, le digo, haciendo la valiente, que creo que va para largo, que se vaya sin problemas.

A las 11,30 ya no puedo más, tengo ganas de ir al baño y me duele mucho, le digo a Jose que llame al médico, que paso del parto natural, que no lo soporto, que menuda chorrada se me ha ocurrido, que debo estar dilatada de 4 ó 5 centímetros y que yo hasta 10 así no lo aguanto. Recuerdo a Jose peinándose mientras yo me retorcía por la casa, diciendo que su niña le tenía que ver guapo. Recuerdo bajando las escaleras (4º sin ascensor) corriendo como una loca y cruzarme con un vecino que me dice si me puedo ayudar, recuerdo que le contesté que NO con la voz de la niña del exorcista (creo que giré la cabeza y todo) Sigo bajando y otro vecino, y luego otro, ¿no trabaja nadie hoy o qué?.

Continuará…

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