Esas caderas estrechas

pelvis

Uno de los motivos más frecuentes para practicar una cesárea sigue siendo, al menos de palabra, las desproporciones cefalopélvicas. Recuerdo de cuando discutía día y noche con quién se me pusiera por delante, como un médico argumentaba que los seres humanos podrían evolucionar hacia bichos cabezones que no cupieran por el hueco de la pelvis de sus madres gracias a las cesáreas. Para todo aquel que tenga un poco de idea de genética y genética de poblaciones, aunque sea mínima, la afirmación es un absurdo.

Una desproporción cefalopélvica es esa patología que impide al bebé salir por el canal de parto, ya sea porque el canal de parto es estrecho o porque la cabeza del bebé es demasiado grande. Los seres humanos tenemos caderas estrechas, la bipedestración y la gravedad lo requieren.

Los seres humanos tenemos un enorme melón, lo que marca precisamente la duración del embarazo. Y es que además de tener cabezas desmesuradas para nuestro tamaño los seres humanos nacemos en un estado de prematuridad tremendo, mucho más imnaduros que el resto de los mamíferos. Esto, que condiciona toda nuestra existencia, implica crianzas largas y trabajosas y es posiblemente la llave de una mente prodigiosa, es una solución de compromiso natural bastante eficiente: tú sales antes y así no te atascas y mamá te cuida mucho y así aprendes más. Los seres humanos somos como somos gracias a nuestras caderas estrechas. Las caderas estrechas son selección natural.

¿Pero pueden ser muy estrechas? La naturaleza se blinda. En muchas ocasiones se utilizan varios mecanismos para asegurar una función, sobre todo si ésta es muy muy importante. Un ejemplo de esto es la diploidía: todos los animales y organismos que se reproducen sexualmente poseen dos copias de cada gen, una de mamá y otra de papá, por si alguna no funciona. Doblar la cantidad de ADN es costoso, muy muy costoso energéticamente hablando, pero las ventajas son obviamente muchas.

En el caso de las cabezas y los partos existen varios métodos para asegurar que los bebés van a caber. La primera es, como ya he dicho, la prematuridad. Nosotros, seres humanos, que creemos saberlo todo, aún no tenemos datos suficientes como para decir cuales son los motivos que desencadenan un parto, aunque una cosa está clara: el bebé es el que decide cuando nace. Desconocemos mucho, pero sí que sabemos que la cabeza del bebé, al apoyarse sobre el cuello del útero desencadena la liberación de prostaglandinas que permiten que éste se ablande y después se abra – sí, las mismas prostaglandinas que se usan para inducir partos, aunque en este caso humanas y no modificadas a partir de prostaglandinas de cerdo. Quizás tenga mucho que ver con su tamaño, ya que en teoría, los niños humanos nacen mucho antes de lo que les correspondería por el peso corporal que alcanzan de adultos.

Además el organismo de la madre se va preparando para el parto desde el mismo momento de la concepción. Las hormonas presentes en el embarazo contribuyen a relajar ligamentos y músculos. Las relaxinas, sobre todo a partir de la semana 34 «desencajan» las pelvis maternas. ¿Envidia de Shakira? Ni pizca, a partir de la semana 34 de embarazo una pelvis femenina se mueve mucho más y mejor. Las pelvis se abren en tres puntos, la sínfisis pubiana (por delante) y las dos articulaciones sacro-ilíacas, a los lados.

Animales de cabeza gorda y sin rabo. El cóccix. El vestigio de cola que todos tenemos al final de donde la espalda pierde su dignidad. El cóccix humano es móvil, puede desplazarse hacia atrás si desde el interior empuja una buena cabeza.

Y para terminar, como todo en esta vida, la clave está en la cabeza. Toda la que haya sido madre lo sabe. Las cabezas de los bebés son delicadas, casi blandas, con huecos que palpitan y que tardan meses en cerrarse: las fontanelas. El cráneo humano está montado como un puzzle que al nacimiento es flexible, móvil. La cabeza del bebé literalmente se comprime al pasar por el canal de parto, los huesos se montan unos encima de otros, los bebés nacen con cabezas apepinadas, casi feas, que muchos parecen considerar patológicas, cuando son la prueba palpable (con cuidado) de que los bebés caben por el canal de parto, porque están hechos para ello.

Para finalizar os dejo un texto muy bueno y bastante conocido de Gloria Lemay, en la traducción de Ibone Olza que he recordado gracias al muro en Facebook de El Parto es Nuestro. Las pelvis que conocí y amé.

Las caderas estrechas existen, pero dejan de serlo durante los partos. O dejarían de serlo sin contáramos con dos factores clave: tiempo y confianza. ¿Por qué hay entonces tantas cesáreas por desproporción cefalopélvica? Más sobre desproporciones cefalopélvicas próximamente, en este mismo blog.

Foto | Mac_2014

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5 Comentarios

  1. maría berrozpe 4 abril 2011

    Muy buen artículo, si señor….. espero con ansia el siguiete sobre este tema!!!!

  2. Author
    Irene Garcia 4 abril 2011

    En la siguiente soltaré más bilis xDDDDDD

    Besotes

  3. Vere 4 abril 2011

    Muy bueno si señor !!!!felicidades

  4. Caro 4 abril 2011

    La desproporción chocho-melón, uno de los ‘cocos’ favoritos en obstetricia… un clásico, junto al ‘te vas a desgarrar de atrás alante si te niegas a la episiotomía’ ARRRGHHH (música patética de halloween de fondo)…

    Las niñas grandes no deberíamos dejarnos asustar tan fácilmente por esos ‘cocos’. Aunque también estaría muy bien que los obstetras supieran un poco más de fisiología, y dejaran de insistir en contarnos estos ‘cuentos’.

  5. mariana 12 diciembre 2012

    por pensamientos de estos es que mi bebeito hoy esta muerto!!! mido 1 57 y no tengo buenas caderas… no tenia canal de parto segun dijeron al sacarlo con el humero partido en dos! al pasarle analgesia por suero le entro una bacteria y como resultado tengo que ir a ver a mi hijo en un cajon. si tan solo me hubieren echo cesárea esto no hubiese pasado!

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