El parto, crónica de un viaje*

Se pasa una toda la vida pensando que el parto es una cosa dolorosísima y horrible, castigo divino, que sólo puede soportarse gracias a los increíbles avances de los hombres en cuestiones de anestesias sofisticadísimas. Parirás con dolor, te dicen, y vas tú y te lo crees, así que te pasas media juventud gritando por aquí y por allá porque los hospitales no incluyen la epidural de forma sistemática.

Y entonces llega tu parto. Y, aterrada, confirmas tus sospechas. Parir duele, un montón, tanto tanto que ni con oxitocina sintética a chorro ni todos los cuidados posibles, como estar amarrada a la cama mediante el monitor cardiotocográfico, sin comer ni beber y siendo convenientemente informada de que eres una quejica y de que si te mueves se pierde el latido de tu hija y se te muere, por tu culpa, maldita tonta con el síndrome de piernas inquietas mientras estabas haciéndola no te quejabas tanto, ni con todo eso eres capaz de que el cuello del útero se dilate lo más mínimo. Imperfecta. Inútil. Menos mal que existe la cesárea. Es una pena, nos podíamos haber ahorrado el enema, con la que está cayendo.

Se pasa una además toda la vida oyendo hablar de puntos G, K, A y eyaculaciones femeninas y estupendos ginecólogos macho debatiendo sobre un asunto sobre el que, lamento tener que comunicarlo, no pueden tener ni la más remota idea – es lo que tiene no tener vagina, qué pena por Freud y tal – y ya estamos otra vez. Imperfecta. Inútil. A ver si aprendes de las actrices porno.

Y un día va una y se cae del guindo.

Confieso que es cuestión de suerte, en mi caso de la mala. Un parto horrible que te deja con una cicatriz preciosa que no te permite ponerte derecha y una depresión estupenda – imperfecta, inútil, ni siquiera eres capaz de cuidar de tu hija, si lo importante es que ella está bien, quejica, llorona, floja – y el terrible defecto de ser una cabezona y una egocéntrica que no quiere creer en su cuerpo imperfecto hace que un día, por azar, caigas en alguna de las webs de personas que de verdad saben de partos. Como la de la OMS, por poner un ejemplo sencillito.

Y la brecha que te abres en la cabeza es gigante, probablemente incurable, siempre, siempre irreversible. Una loca. En eso te has convertido, igualita que los redactores de la Estrategia de Atención al Parto Normal. Compartir psicopatologías con Bernat Soria puede ser un alivio, pero eso ya no te va a parar. Ahora quieres más. Que eres una cabezona, o tienes TOC (además de depresión, si es que no hay por donde cogerte).

Y piensas y lees y relees y compartes y encuentras a otras locas como tú hablando de las mismas locuras. Y concluyes que parir es una parte de la sexualidad femenina, que la sexualidad femenina no se limita al coito – qué pena por Freud y tal – y que igual el punto K ése, que anda por ahí arriba, en el cul de sac que forma el cuello del útero cuando está cerrado y al que no hay forma humana de acceder igual es que es para otra cosa.

Y un día te pones a escuchar sin ver un parto en casa – la que no lo haya hecho que lo haga. Y otro día das con Leboyer. Un poco después con Odent. Y ya casi al final encuentras a Casilda Rodrigañez. Y todo hace click.

Desde el punto de vista de la biología no existe ningún motivo lógico por el que el parto humano, a diferencia del parto del resto de mamíferos, duela. No existe ningún motivo biológico y desde el punto de vista evolutivo además el dolor en el parto sería una mala, pésima adaptación. Los animales paren porque es bueno para la especie. Tenga usted un parto doloroso y verá cómo se le quitan las ganas de volver a parir. Que hay que echarle valor.

Los partos humanos duelen por culpa del miedo. Como explican ahora los neurofisiólogos el miedo mantiene contraídas las fibras musculares del cérvix y del útero, impidiendo que el cuello del útero se abra, gastando cada vez más y más energía en hacerlo mediante contracciones espasmódicas cada vez peores. Partos largos y espantosos. Por culpa del miedo.

Y entonces un día das con alguien para la que la experiencia ha sido todo lo contrario. Y acabas convencida de que, como el resto de mamíferos, los seres humanos deberían parir y nacer con placer. Oxitocina endógena. Que para eso está.

Parto orgásmico, el secreto mejor guardado. La que no lo haya visto, que lo vea. Y sobre todo que lo oiga.

*con el permiso de Frederick Leboyer.

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4 Comentarios

  1. isabel 20 junio 2012

    He tenido dos partos extremadamente distintos, el primero provocado, oxiticina, correas, 18 horas dilatando y parto vaginal dolorosisimo para parir a un precioso nene de 4’200 y desgarro anal, el segundo parto natural, dilato mientras duermo y llego al hospi de 8 cm, ni media hora desde q entro hasta q nace, un dolor de barriga y fuera, solo me saco los pantalones! Bendita forma de parir!!

  2. Armando 27 junio 2012

    Hola, sólo decirte que he mencionado esta entrada en el repaso semanal de blogs de Bebés y más.

    Un saludo!

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