SMLM 2012. Mis lactancias: la cesárea

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Muchos de los que estáis por aquí hace tiempo ya sabréis que mi primera hija, Ana, nació en un parto violento que acabó en cesárea. La cesárea es uno de los motivos más comunes de fracaso de la lactancia materna, aunque existen muchos falsos mitos alrededor de este asunto y hoy, aprovechando que en España se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna me gustaría compartir con vosotras mi historia, para desmontar algún que otro mito y que de paso me felicitéis.

Las cesáreas dificultan la lactancia no por ningún motivo fisiológico. Durante el embarazo, el cerebro mamífero va preparando el cuerpo para que todas (o casi todas) las hembras puedan amamantar después del parto. La señal más importante, tras meses de adaptación a través de hormonas y neurotransmisores, se produce sin embargo cuando se desprende la placenta. El desprendimiento de la placenta provoca un aumento rápido de prolactina, la hormona encargada de iniciar y mantener la lactancia. La oxitocina producida por la succión del bebé hace el resto. Así pues, no hay ningún motivo biológico por el que tras una cesárea no puedas dar el pecho, la leche tarde en bajar ni ninguna de esas perlas que la sabiduría popular – y algunos profesionales de la medicina – regala a las cesareadas.

El principal escollo que encuentran las madres que han parido por cesárea para amamantar a sus hijos no difiere demasiado del que padecen las que han tenido un parto vaginal, sea intervenido o no. Y es que el mayor obstáculo es la separación madre-bebé, que tras una cesárea suele ser más larga. Desde que las cesáreas se realizan con anestesia epidural, exactamente igual que en la mayoría de los partos vaginales, la anestesia y el estado de la madre no suelen ser un problema. El problema es, como siempre, el protocolo.

Tras una cesárea lo común es que la madre vaya a una sala de reanimación, por supuesto sin el bebé. Con un poco de suerte el bebé se queda con el padre o con el acompañante que la madre elija, aunque también puede suceder que vaya al nido. En este caso el problema se agrava gracias a la inestimable ayuda del personal sanitario, que se dedica a administrar al bebé biberones de suero glucosado – en el mejor de los casos – o incluso de leche en polvo. Es por este motivo por el que si vas a hacer un plan de parto debes especificar que no deseas que a tu bebé se le den biberones de ningún tipo. Si el niño tiene una bajada de glucosa existen otros mecanismos que pueden solucionar el problema sin afectar a la lactancia materna. El biberón (y el chupete) interfiere con la lactancia porque la succión no se realiza igual, produciéndose lo que se conoce como «confusión tetina-pezón». El bebé pierde el reflejo de succión y el establecimiento de la lactancia se dificulta.

La duración de la estancia en la sala de reanimación es variable y también depende del protocolo. Desde dos horas hasta un día entero. Algunos casos que conozco son sangrantes, se pueden consultar en la web de El Parto es Nuestro y por tanto no los voy a comentar aquí. No hay que sufrir de más. Huelga decir que cuanto más tarden en reunirse mamá y bebé más difícil es que la lactancia se establezca sin problemas. El parto mamífero y el bebé en concreto están programados para que el encuentro sea inmediato, todo lo que interrumpa este proceso estará interfiriendo con la lactancia, con consecuencias a largo plazo aún desconocidas, aunque la ciencia empiece ya a darnos muchas pistas.

Las campañas como «Que no os separen» están haciendo mucho en favor de la lactancia inmediata, que no sólo tiene beneficios para ella misma, sino también para asuntos como la hemorragia postparto. Pero siguen sin ser suficientes. Algunos hospitales, como el 12 de octubre, comenzaban ya en 2008 a permitir que el bebé se instalara cómodamente con su mami en REA, pero son minoría. Por eso si vas a hacer un plan de parto deberías también especificar esto. Es tan fácil como recordar que la patria potestad de tu hijo es tuya y que la ley te ampara, si no existe ningún motivo médico – y en la mayor parte de los casos no lo hay como muestran centros como el 12 de octubre – separarte de tu hijo puede incluso ir contra la ley. Así de simple.

La mayor parte de las pruebas médicas que se realizan a los recién nacidos, como el test de Apgar, pueden hacerse con el bebé sobre el vientre de la madre, sin interferir demasiado. Otras, como bañarlos, pueden postergarse todo lo que se quiera. Separar a los bebés de sus madres es innecesario, pero no sólo eso, es perjudicial. Como dice Odent, en la hora siguiente al nacimiento dejen en paz a la madre.

Grietas, obstrucciones, ingurgitaciones, mastitis, dolor, niños que no cogen peso, tomas frecuentes e interminables, frustración, abandono y culpa, incluso gasto excesivo en pañales, son algunas de las consecuencias no de parir por cesárea, sino de haber sido separada de tu bebé justo en el momento en que debería iniciarse la lactancia.

Si quieres dar el pecho, ya lo sabes. No dejes que nadie se lleve a tu bebé. Puedes exigirlo en un plan de parto o puedes buscar un hospital con acreditación IHAN – aunque esto último es mucho más difícil.

Mi historia en el siguiente post.

Foto | Breastfeeding Basics

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