Lactancia Materna. Hablan los niños

Sin duda uno de los principales obstáculos con los que se encuentra una mujer que desea amamantar a su recién nacido, sobre todo si es primeriza, es que la cultura de la teta es inexistente en el primer mundo.

Recuerdo que cuando Lara era bebé los amigos de Ana se quedaban literalmente boquiabiertos cuando la veían engancharse a la teta en el parque, o en el cole, o donde hiciera falta. Exceptuando algún caso aislado ninguno tenía hermanos que hubieran tomado el pecho el tiempo suficiente como para que ellos lo recordaran. Ni hablar de recordar sus propias lactancias. Algunos libros de texto de educación primaria simbolizan la comida del bebé con un bonito biberón. Las muñecas, excepto el Bebé Glotón, duermen en cunas, viajan en carros, toman biberones o papillas y usan chupete (y aún nos tenemos que dar con un canto en los dientes porque no vengan con algún manual de los de enseñar a dormir a los niños en la caja, que todo puede llegar).

Con el paso del tiempo y como Lara ha seguido tomando teta cuando le apetecía se han ido acostumbrando un poco, pero no lo suficiente. La imagen de un bebé mamando no pasará probablemente a su almacén de recuerdos de la infancia. Y cuando sean ellas (o ellos) los que tengan que enfrentarse a las lactancias de sus propios hijos, seguirán sin tener una base cultural que les ayude y sus lactancias tendrán más riesgo de fracasar, en un círculo sin fin que sólo favorece a unos pocos.

Afortunadamente cada vez hay más madres que consiguen dar el pecho a sus hijos. A pesar de lo que la mayor parte de la gente cree, las mujeres que amamantan, sobre todo si lo hacen por tiempos prolongados, suelen ser mujeres muy preparadas, que han sabido encontrar la información y los recursos suficientes para paliar esta falta de cultura. Y sus hijos lo tendrán más fácil en el futuro.

Ana, que es mi hija mayor, asume como normal que los bebés toman el pecho, que lo hacen mientras ellos y sus mamás quieren y que el biberón es un trozo de plástico al que se le pegan todos los pelos y que da un poco de asquito (sí, hay algún bibe en mi casa). Como los niños del vídeo. Y lo tiene tan normalizado que es capaz de decírselo a su profe de Conocimiento del Medio. Sus lactancias, si es que decide amamantar, serán probablemente menos difíciles, porque ha vivido rodeada de bebés que toman el pecho. Su hermana, su prima…los bebés más cercanos toman teta. Y es así de fácil.

Recuperar la cultura de la lactancia no es una tarea fácil. Todavía somos pocas y todavía hay muchas que no se atreven a amamantar en público, o que fracasaron con el primer hijo y no se imaginan ni intentándolo con el segundo, olvidando que amamantar no sólo beneficia a la madre o al niño amamantado, sino a toda la sociedad.

Dar el pecho es un derecho, y por supuesto nadie tiene porqué acogerse a todos los derechos. Pero es bueno, incluso para los hermanos mayores. Aunque sea a largo plazo. Naturalizar la lactancia, convertirla en algo habitual en el entorno de nuestros hijos, aunque nosotras mismas no hayamos podido amamantar, es también apoyar la lactancia materna. Por el futuro.

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*