Lactancia en zonas de catástrofe o guerra ¿por qué no es bueno mandar leche artificial?

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Cuando la humanidad se enfrenta a una nueva catástrofe humanitaria  (terremotos, tsunamis, sequías interminables…) o a un nuevo conflicto o guerra que provoque desplazamientos, refugiados, seres humanos que se quedan sin nada y precisan de nuestra ayuda, no falta quien, con más o menos buena voluntad, se ofrezca a ayudar a las madres lactantes donando cantidades variables de leche adaptada para los bebés. La cultura del biberón está tan normalizada en Occidente, que mandar leche en polvo nos parece lo más lógico para ayudar a madres e hijos, pero nos olvidamos de varias cosas.

La Organización Mundial de la Salud y UNICEF tienen una política clara en la cuestión de las donaciones de sucedáneos de leche materna en zonas de catástrofe o conflicto: la administración de sucedáneos de leche materna en zonas de conflicto se debe tratar de evitar en la medida de lo posible. Esto, que a nosotros, acostumbrados al biberón, nos parece tan chocante e incluso hasta un poco exagerado, tiene sus razones de ser.

La primera es que en estas partes del mundo donde suelen suceder estas catástrofes las madres amamantan con mucha mayor frecuencia y mucha más tasa de éxito que en Occidente, la cultura del biberón aún no ha arrollado a la cultura de la lactancia y cuanto más pobre es la mujer más fácil es que esté dando el pecho. Introducir leche de fórmula en este tipo de poblaciones, sobre todo cuando están en malas condiciones de salud tiene muchos riesgos, sobre todo para los bebés, pero para el conjunto de la comunidad en general

1. Como la lactancia materna depende de la demanda del bebé si el bebé empieza a tomar biberón la producción de leche de la madre disminuirá, y la lactancia materna se verá interrumpida.

2. Al dejar de producir leche propia la madre pasa a depender de la leche fabricada y cuando se acaban las donaciones tendrá que comprarla (la lactancia materna es gratis), incrementando el riesgo de desigualdad económica.

3. Las madres pobres que no pueden pagar leche de fórmula y que ya no tienen leche propia acuden a soluciones perjudiciales para la salud del bebé, como diluir la leche en polvo más de lo que indica el envase, malnutriendo al niño, o alimentarlo con leche de otros animales no adaptada, como la leche de cabra, con el consiguiente riesgo para la salud del bebé.

4. Más allá de los perjuicios que las donaciones de leche de fórmula tienen sobre la lactancia materna en particular, en zonas de catástrofe o conflicto el acceso a agua potable y métodos de esterilización de biberones, agua, tetinas, etc. son escasos, incrementándose mucho el riesgo de que los bebés sufran enfermedades gastrointestinales graves, que pueden aumentar incluso el riesgo de muerte.

Por esto OMS-UNICEF insisten mucho cada vez que hay un conflicto o un desastre natural que afecte a muchas personas en que no ses hagan donaciones de sucedáneos de leche materna. Al contrario, las políticas de dichos organismos en este tipo de casos pasan por:.

– Proteger las lactancias naturales ya establecidas, ayudando a las madres a mantenerlas

– Intentar conseguir el mayor número de lactancias posibles en neonatos

– Tratar de conseguir el mayor número posible de relactaciones, es decir, que las madres que han dado de mamar y cuyas lactancias se han visto interrumpidas vuelvan a lactar a sus bebés

– Que la leche artificial que sea necesaria – cuando no es posible lograr lo anterior – se donde ya preparada en recipientes especiales y que sea controlada por personal médico o entrenado

Ante la pregunta que muchas personas se hacen ante estas recomendaciones de de “si la madre no tiene qué comer ¿cómo va a amamantar al niño?”, la respuesta es sencilla: hay que alimentar a las madres. O sea, mejor donar bocadillos que botes de leche.

 

Foto : La Leche League en Idomeni (Grecia)

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