Por el respeto de los derechos infantiles en TV

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Cuando nació Ana yo iba a ser una madre ejemplar: no iba a vestirse de rosa, no iba a tener muchos juguetes, no iba a leer cuentos de princesas Disney y por supuesto no iba a ver la tele. A ser posible nunca, jamás.

Ja.

La tele no me gusta, la veo poquísimo. El primer año en la vida de Ana nos lo pasamos sin siquiera encenderla mientras la niña no estuviera durmiendo, lo que ocurría durante unos cinco minutos diarios, el día que había suerte. Pero no pude cumplir mi objetivo de que mis hijas no vieran la tele. No es que la vean mucho, en ocasiones bromeo diciendo que las castigo 10 minutos viendo la tele, para que se estén quietas un rato. Aún así tienen la capacidad de tenerla encendida y enterarse de lo que ponen aunque estén dando volteretas en mi cama, habitación en la que ni hay tele ni la habrá jamás.

Pero ahí está, la tele. Encender la tele por la tarde es bastante más peligroso que dejar que tu hijo navegue él solito por el youtube. Palabrotas, sexo explícito, violencia verbal y física…el horror.

Hace ya un año que entró en vigor la Ley General de la Comunicación Audiovisual. Una ley estupenda que prohibe entre otras cosas superar el límite de 19 minutos por hora de emisión de publicidad. ¿Se cumple?

Pon la tele a las seis de la tarde. Barrio Sésamo quedó relegado al olvido hace casi 30 años, o así. Con la aparición de la TDT y los canales temáticos de dibujos animados, las cadenas pasan directamente de la temática infantil, olvidando, de un modo escandaloso, que la LGCA mantiene un horario infantil protegido de seis de la mañana a diez de la noche y uno super-protegido de ocho a nueve de la mañana y de cinco a ocho de la tarde.

Hacer el experimento de poner la tele a las seis de la tarde sin sintonizar ClanTV o el Diseny Channel es un acto para valientes. Programas zafios, tertulianos horrendos, temáticas espantosas…la televisión es, en una palabra, repugnante. Y me quedo corta. Cenutrias hablando sin pudor de penes, verduleras semidesnudas vociferando, conductores de programa burlándose del horario infantil. Un ascazo.

Porque además olvidan que con todo eso incumplen la ley.

Afortunadamente aún hay gente que está de acuerdo con nosotros. El periódico 20 minutos acaba de iniciar una campaña de recogida de firmas con la que acudir posteriormente a la Subdirección General de Medios Audiovisuales, para que vele por el cumplimiento de dicha Ley y se respeten los derechos infantiles en televisión.

Puedes sumarte a esta campaña firmando la petición Por el respeto de los derechos infantiles en televisión. También puedes seguir las últimas novedades en el grupo de Facebook y en Twitter, a través del hashtag #horarioinfantilTV y en la lista Horarios infantiles en TV

Difunde este mensaje y participa. Por una tele decente y no sólo para nuestros hijos.

Foto | CJ Isherwood

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1 Comentario

  1. Caro 29 marzo 2011

    Me apunto, por supuesto.

    Mi hijo sí ve la tele, la verdad. Aunque lo único que ve son dibujos animados en Clan y el resto de canales (de pago) porque, efectivamente, el resto es una basura pura y dura.

    Por la mañana, en cuanto veo un avance de noticias desayunando, la apago. La televisión mañanera es menos zafia, pero para mi gusto, absolutamente vacía de contenidos. En resumen: sucesos (cuanto más macabros, mejor), cotilleos y consulta-del-doctor-cual. Alguna cutre tertulia politica, y un par de recetas de cocina. Cuando se despierta mi hijo, ponemos dibujitos para desayunar. Eso es culpa mía: a mi me encantaba ver los dibujos desayunando y merendando. Qué tiempos, cuando nos llamaba mi madre por la ventana y decía ‘Que empieza Barrio Sésamo, subir!!!’ Y me esperaba mi merendola en la mesa :))))

    Ejem, que me voy del tema. Y por la tarde, no tengo nada más que añadir a lo que tú has dicho, porque es tal como lo veo yo (y creo que el resto del país con un poco de sentido del gusto). Pero lo que más me revienta es que los propios trabajadores del sector, en directo, se cachondeen de la ley y se la pasen por salvan sean las partes (suyas) de las que tanto hablan.

    Pero no sé si esta propuesta funcionará… el poligonerismo y la aristocracia de barrio cada vez son más numerosas, y a esa gente lo que vean sus hijos se la trae al mismo pairo. Yo también soy de barrio, pero no princesa. Para que les importe lo que sus hijos ven en la tele, de la misma forma, tendría que importarle su educación. Pregúntales. Much@s te dirán ¿¿¿LO QUÉ???

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