Medicalizando

sobremedicalización

Después de convertir todo lo relacionado con la salud femenina en una enfermedad, desde el parto hasta casi las canas, ahora vamos a por los niños.

Demasiados mucolíticos, demasiados antitusivos, demasiados antibióticos…la impresión general es que los niños están sobremedicados en las cosas más corrientes. La medicina tradicional, controlada en gran parte de las ocasiones por la industria farmacéutica así lo permite y fomenta. Pero lo peor, porque es malo, no es eso. Lo peor es que ahora vamos a por las enfermedades mentales y todo lo demás.

Creo que ya he hablado alguna vez del tema de la hiperactividad, no sé si lo he hecho en relación a la vacuna contra el papiloma humano, probablemente sí, sé que he hablado del trastorno general del desarrollo. Cada vez son más los expertos que aseguran que la hiperactividad y otros trastornos se sobrediagnostican, que lo que antes era un niño «trasto» ahora se ha convertido en un enfermo, que convertir en patológico un rasgo del carácter es peligroso, que la vacuna del papiloma aún no ha demostrado ser útil para nada – y tardará aún treinta años en hacerlo – y que nos estamos pasando tres pueblos. Yo no voy a vacunar a mis hijas contra el papiloma humano – y mis hijas están vacunadas de todo lo demás, así que no soy para nada sospechosa – a cambio pretendo darles una buena educación sexual, que es como mejor se previene, y espero que el estado siga preocupándose de hacernos citologías periódicas, que es como se salvan vidas, al menos hasta dentro de 30 años.

En el año 2000 más o menos – perdonad que no recuerde bien las fechas – un metaanálisis publicado en la revista Cochrane aseguraba que las cesáreas electivas en los partos de nalgas eran el método óptimo para este tipo de nacimientos, puesto que disminuía la mortalidad infantil sin incrementar la mortalidad materna. A pesar de que existía un conflicto de intereses en el metaanálisis, los ginecólogos del mundo se lanzaron a hacer cesáreas para los partos de nalgas, ahora justificadas por la medicina basada en la evidencia, sin pestañear. Unos años después el estudio se echó abajo – las cesáreas siempre, siempre aumentan el riesgo de muerte materna – pero el daño ya estaba hecho. Cambiar los protocolos de la SEGO de nuevo para permitir a las embarazadas elegir un parto vaginal en una presentación en podálica costó un mundo. Y muchos gines ya no saben hacer partos de nalgas. La última flipada que he leído es un estudio que asegura que induciendo el parto a las 37 semanas se salvan vidas de neonatos, eso sí, el riesgo de necesitar un ingreso en UCIN aumenta considerablemente. Afortunadamente los expertos ya han señalado los fallos metodológicos del estudio, lo que no impedirá que haya quién se apoye en él.

Cada vez más expertos lo dicen, pero estos expertos no siempre están bien considerados por la ciencia. Outsiders, como éramos nosotras las locas del parto hace 10 años. Marginales, conspiranoicos…locos.

Por eso cuando una revista como Evidencias en Pediatría, o sus editores más bien, explican cómo se sobremedicaliza a la población, las causas – que están bastante claras – y los efectos adversos, yo me felicito. Por intentar tener siempre criterio, aunque lo que me vendan tenga la pátina de la ciencia. Leed el artículo, que es esclarecedor.

Mensajes peligrosos que sólo sirven para medicalizar a la población. Chapeau.

Temo que pronto nos digan que los niños están muy estresados, que lo están, y en lugar de pretender que los desestresemos nos quieran vender alguna píldora.

Foto | erix!

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