La hipótesis de la abuela

abuelas

La mujer es la única hembra de mamífero que sobrevive años después de que acabe su vida reproductiva (que no sexual, que todo hay que decirlo). En el reino animal las hembras son fértiles durante toda su vida, mientras que las hembras humanas vivimos muchos años – a veces incluso más – después de que aparezca la menopausia. La ciencia ha postulado alguna que otra hipótesis para explicar este hecho que podríamos clasificar como insólito. La más famosa y más aceptada de todas es la Hipótesis de la abuela que, desde hace unos días cuenta además con mayores pruebas a su favor.

La hipótesis de la abuela afirma que, dado que las crianzas humanas son tan largas y complejas – al menos desde el punto de vista energético – tener una abuela que coopere en estas labores es bueno para la especie. Una mujer que ya no va a tener hijos puede dedicar parte de su tiempo a cuidar a los hijos de su hija, que así puede aumentar su descendencia antes. Los genes de estas primitivas abuelas que vivían más allá de su edad fértil se habrían transmitido a sus vástagos sencillamente por ser una ventaja adaptativa buenísima.

Un nuevo estudio realizado en la Universidad de Utah y publicado en ‘Proceedings of the Royal Society B’ ha utilizado nuevos modelos matemáticos para concluir que la vida tras la edad fértil podría haber aumentado la esperanza de vida de la especie en nada menos que 49 años. Crianzas más sencillas y genes de longevidad que pasan de una generación a otra habrían sido una de las claves de la expansión del ser humano por encima de la de otros homínidos, en una especie de círculo de sobrealimentación: al tener ayuda en la crianza tus hijos, que portan el gen de la longevidad, tienen más sencillo alcanzar la edad de reproducirse y por tanto ese gen se amplifica en el grupo, acabando por sustituir al resto de genotipos. (Gen o conjunto de genes, para ser más exacto).

El nuevo modelo matemático propone que las abuelas colaboraban de forma efectiva en la alimentación de sus nietos destetados, de forma que sus hijas podrían dedicarse plenamente a los más pequeños, pudiendo asegurar su supervivencia e incluso tener más hijos a lo largo de la vida. Aunque para mí que la alimentación no es la única clave – un niño de cuatro o cinco años necesita una supervisión constante.

Además a la luz de estos nuevos datos y sabiendo la importancia de los vínculos en la especie humana y el papel de la oxitocina tanto en el parto y lactancia como en la formación y mantenimiento de estos vínculos me pregunto si este estudio no serviría también para corroborar la hipótesis que plantea que los primeros grupos humanos hubieran sido grupos de caracter matrilineal (grupos de mujeres emparentadas entre sí a través de lazos de sangre) lo que para mí tiene bastante sentido a pesar de que se cargue nuestra imagen peliculera de cavernícolas con garrota que se llevan a las mujeres de los pelos a sus cuevas. En mi mente fantástica es obvio que en una tribu en la que las abuelas están unidas por vínculos muy fuertes con sus hijas gracias a la oxitocina, estas señoras harían mejor papel en esto de buscar comida para los herederos que otras mujeres para las que la nueva que llegó cogida por los pelos por el cavernícola de turno es una total desconocida. Pero esto último son cosas mías. Así que ni caso. O sí. Como queráis.

Foto | kissbydabeach

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*