Día de la Paz

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Hace años que soy incapaz de ver un telediario completo y no sólo porque la sección de deportes es larga, larguísima y muy muy aburrida. De pequeña ya lloraba con los niños de Biafra, por aquella época eran los protagonistas, los responsables de que yo me comiera todo lo que me ponían en el plato. Pero es peor desde que soy madre.

Desde que soy madre es algo visceral. No soporto ver niños sufriendo, no comprendo cómo es posible hacerle daño a un niño. Hay veces en que deseo que esos, los poderosos que manejan el mundo y permiten que la infancia muera de hambre o de diarreas o de cualquier otra cosa absurda y evitable, tuvieran un hijo enfermo, aunque fuera sólo un rato. Luego me digo ¿para qué? Sus hijos tampoco son culpables y es posible que a ellos tampoco les afectara tanto, si no ¿cómo son capaces de ver los telediarios?

En un mundo de infancias rotas, de cada vez más partos prematuros, maternidades obligadas, niños de la guerra, niñas vendidas, hambre, miedo y pobreza, hoy es el día mundial de la Paz y yo sé que no hay paz sin niños, niños queridos, cuidados, felices. Y también sé que no hay niños sin paz.

No está en nuestras manos llenar de paz todo el mundo, pero sí llenar el nuestro. La paz del mundo empieza en el vientre materno, en embarazos conscientes y deseados, en maternidades dichosas y partos respetuosos, en lactancias elegidas, placenteras, en familias que se quieren, en crianzas alegres y educaciones libres. La paz del mundo empieza con abrazos, con besos y con gestos de afecto. Con palabras amables, con bromas, con risas, con caricias.

La paz del mundo empieza con una sonrisa. La paz del mundo está toda en la sonrisa de un niño.

Por nuestros niños, con nuestros niños, hagamos posible un mundo en paz.

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