¿Se sobrediagnostica el Déficit de Atención?

Source: flickr.com via Irene on Pinterest

Según los psicólogos clínicos hemos pasado de calificar a todos los niños que padecían Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad como «el torpe» o «el trasto», achacando los problemas derivados del comportamiento de estos niños a una mala educación o a problemas de aprendizaje, a sobrediagnosticar este trastorno, convirtiendo en hiperactivo a cualquier niño un poco más movido o despistado.

La polémica respecto al TDA no es nueva, aunque cada vez hace más ruido. A día de hoy son muchos los pediatras y especialistas que cuestionan este tipo de diagnósticos, principalmente cuando se prescriben tratamientos farmacológicos en niños cada vez más pequeños – las recetas para TDA se han incrementado en un 46% en los últimos ocho años, incluyendo en estos diagnósticos a niños de 3 años.

El TDA es un síndrome conductual en el que, según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) «Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)», lo que hace que algunos expertos se cuestión si este trastorno de adaptación es realmente una patología o más bien es que adaptarse al entorno actual no es tan sencillo para algunas personas.

Hace tiempo Mireia Long, de Bebés y Más, nos contaba la teoría del cazador y el granjero, en la que se postula que el TDA no es más que una variante adaptativa del ser humano que fue seleccionada por la evolución natural porque en cierto momento, concretamente al principio, presentaba ventajas para la especie. Así, las personas con «déficit de atención» principalmente las que presentan hiperactividad, asumen con más facilidad los riesgos y presentan rasgos como «impulsividad, rapidez de reacciones, multifocalización de la atención, temperamento enérgico, necesidad fisiológica de movimiento, actividad y nuevas experiencias» que serían ventajosas para aquellos que se dedicaran a la caza. Curiosamente el TDA es un trastorno con un gran componente genético, pero al que también, como a todo, afecta el entorno, siendo el doble de frecuente en hombres que en mujeres.

Como yo soy una inadaptada social, aunque no precisamente por presentar hiperactividad – al menos física – las teorías de la neurodiversidad me gustan, primero porque no me parecen nada descabelladas, pero sobre todo porque, se tome la decisión que se tome al enfrentarse a un niño diagnosticado con hiperactividad – cuestión que debería depender única y exclusivamente de los padres y del niño – no etiquetar a alguien a la edad de siete años como «trastornado» (es licencia literaria) me parece tan importante como no etiquetarle de maleducado, de feo o de gordito. Sobre todo cuando aparentemente la cosa está pasando a convertirse en epidemia, con una prevalencia entre la población infantil de hasta el 10%, en Occidente, supongo.

Con una hija prematura cuyo riesgo de padecer los mil y un trastornos de adaptación conocidos y por conocer es mayor que la de otros niños debido al estrés de su nacimiento, muchas veces me planteo si no existe en este mundo otra opción más que adaptarse al entorno, a un entorno que a mí además particularmente, me parece cada vez menos «amigable» y si no sería mucho más sencillo tratar de encauzar este tipo de variedades de comportamientos infantiles, asumir que no todo el mundo puede ser premio Nobel de matemáticas igual que no todo el mundo corre 100 metros en menos de 9 segundos y tirar del carro sin etiquetas. Así, cuando una nota de prensa empieza diciendo que el TDA se sobrediagnostica pero acaba vendiendo un programa para diagnosticarlo mejor, la nota de prensa empieza gustándome y acaba disgustándome. Y es que mi inadaptación incluye que no me guste que me vendan cosas y un diagnóstico como el que se pretende con este programa, que reduce el comportamiento del niño al aula, me parece que se queda muy cojo.

Aún sabiendo que es un tema peliagudo, que muchos padres lo pasan fatal y que por supuesto los niños no lo pasan mucho mejor – sobre todo porque lo niños no lo pasan mucho mejor – me empiezo a plantear ya qué haría, porque en el caso de Lara todavía está por ver qué nos depara el futuro en este tema. Seguiremos informando.

Foto | Ken Wilcox

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