¿Qué hay que hacer si rompo aguas?

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Conforme avanza el embarazo y llega el día tan esperado lo habitual es que la futura mamá comience a notar que las contracciones van en aumento, tanto en frecuencia como en intensidad, hasta que se desencadena el parto.

En algunas ocasiones, por motivos diferentes, la bolsa de las aguas se rompe y fluye por la vagina líquido amniótico, lo que conocemos popularmente como “romper aguas”. Esto puede acontecer de manera brusca, fluyendo una gran cantidad de líquido o bien en forma de “goteo”, en cuyo caso muchas veces puede ser confundido como si se tratara de flujo vaginal o alguna pequeña pérdida de orina (también frecuentes y fisiológicas al final del embarazo).

Y si rompo aguas, ¿qué debo hacer?

Ante todo, no perder la calma. Lo segundo, valorar 2 aspectos: las semanas de embarazo y el color del líquido amniótico:

Si estás entre la semana 37 y 42 del embarazo, lo que consideramos embarazo a término, se trata de una situación “normal” y no hay que alarmarse. Si el líquido es claro, como el agua,  y tienes contracciones pero éstas son irregulares o de una intensidad que puedes tolerar bien ayudada de la respiración y el movimiento, puedes tomarte algo de tiempo antes de ir al hospital. Es decir, darte una ducha, preparar las cosas que debes llevarte y acudir al hospital de referencia para realizar una valoración. Generalmente esta valoración consiste en una exploración vaginal que confirma si has roto la bolsa de las aguas y donde se valora también si el cuello uterino está comenzando a dilatarse, así como la realización de un monitor fetal para comprobar que tu bebé está bien.

Si antes de romper la bolsa estabas con contracciones o éstas comienzan al romperla, es posible que estés de parto o quede poco para ello. La ruptura de bolsa desencadena una reacción hormonal que favorece las contracciones (de ahí que a veces, durante la estancia en la sala de dilatación se rompa artificialmente las membranas para estimular las contracciones). De ser así, enhorabuena, estás de parto y queda poco para ver a tu bebé.

Si has roto la bolsa pero aún no estás de parto, lo habitual es ingresar en el hospital para iniciar el tratamiento con antibióticos. Estos antibióticos se administran para evitar que el bebé se infecte (la hora de inicio depende de los protocolos de cada hospital, pero suele ser alrededor de las 12-18 horas de haber roto la bolsa). Si pasadas las horas el parto no se desencadena, se valorará iniciar una “inducción de parto”, es decir, la administración de medicamentos para provocar contracciones y que el parto se inicie. Como ya hemos dicho antes, es posible que notes que a las horas, o antes, de haber roto aguas comiences a tener contracciones de mayor intensidad y duración, por lo que a veces no es necesario provocarlas con medicación dado que el parto se inicia de forma espontánea.

Si la pérdida de líquido se produce cuando aún no has llegado a la semana 37 de gestación, debes acudir lo antes posible a las urgencias el hospital de referencia. Será importante valorar el bienestar del bebé, ver si el parto puede adelantarse para tomar las medidas necesarias para evitarlo e iniciar tratamiento antibiótico si aún no ha dado tiempo a realizarte el exudado vagino-rectal que se practica alrededor de la semana 35 semanas. Este exudado nos informará de si existe infección por Streptococo agalactiae, en cuyo caso, de ser positivo, se requiere la administración de antibióticos para evitar la infección fetal.

Si el líquido que sale por la vagina tiene un color marronáceo o verdoso, y es algo espeso, debes acudir al hospital lo antes posible. Cuando el líquido no es del todo claro (lo que se conoce como líquido teñido) significa que el bebé ha expulsado meconio en el interior del útero. Pese a que casi siempre esto se produce de forma fisiológica, es verdad que en algunas ocasiones nos advierte de que el feto no está bien y el oxígeno que recibe no es el adecuado. Es por esto por lo que, ante la duda, si el líquido está teñido, es bueno acudir al hospital con cierta rapidez y así poder valorar cuanto antes el bienestar fetal. Si el bebé está bien, lo que ocurre en la mayoría de los casos, la futura mamá se quedará ingresada para una vigilancia más cercana y para provocar el parto si éste no se inicia solo. Si se evidencia que el bienestar fetal está afectado se intentará  que el bebé nazca lo más rápido posible, estrechando al máximo la vigilancia, y en según qué casos, se procederá a la realización de una cesárea urgente.

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