La fecundación, el fin de otro mito.

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Cientos de miles de espermatozoides en una carrera a vida o muerte, luchando sin fin para alcanzar el objetivo. El óvulo, la meta soñada, sólo el más fuerte, sólo el más rápido logrará llegar. Como en la película de Los Inmortales o en Gran Hermano, la ciencia nos ha vendido desde hace años el mito del «sólo puede quedar uno», a lo sumo dos, en una descripción de la fecundación bastante adaptada a los tiempos que corren. Competencia, pelea, sólo los fuertes sobreviven.

Pues mira por dónde que resulta que va a ser que esto no es así exactamente. Ya hace años se sabe que el óvulo segrega sustancias que permiten al espermatozoide atravesar su membrana, atrayéndolo además quimiotácticamente hacia él. Aquella visión de los bichitos tratando de penetrar en el óvulo como si fuera una fortaleza se desechó hace tiempo, aunque en la imaginación popular sigue vigente. La fecundación es cosa de dos.

Ahora además los científicos han hecho un nuevo descubrimiento que echa por tierra todo el mito de la carrera desbocada hacia la meta. Dos nuevos estudios, publicados nada más y nada menos que en Nature, demuestran que es el óvulo el que permite que algunos espermatozoides lleguen y otros no.

Cuando los espermatozoides aterrizan en el tracto genital femenino no tienen capacidad de fecundar nada. Durante su viaje, una serie de cambios morfológicos producidos al ponerse en contacto con los fluidos del tracto genital femenino, son los que permiten a estos pequeños gametos alcanzar la meta. Es lo que se denomina capacitación.

La progesterona, secretada por el óvulo, es la hormona encargada de capacitar a los espermatozoides, activando ciertos canales de calcio que permiten a los gametos llegar hasta el óvulo. Es la progesterona la responsable de seleccionar a los mejores. La progesterona materna, una hormona que tiene un papel importante en la ovulación, encargada de preparar el endometrio para el anidamiento del cigoto y que además es la responsable de mantener el embarazo, se convierte así también en clave de la fecundación.

La visión de un óvulo pasivo, esperando pacientemente al espermatozoide que lo fecunde pasa así a la historia. Un da lugar a un buen lema: los niños se hacen cooperando, desde el más puro inicio.

Foto | Femenina.es
Via | Madrid+D

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5 Comentarios

  1. Aitor Calero García 22 marzo 2011

    Muy interesante, se demuestra de nuevo, que todavía estamos muy lejos de saber hasta lo más básico de nuestra naturaleza.

  2. Author
    Irene Garcia 23 marzo 2011

    Y probablemente quedemos lejísimos por los siglos de los siglos. Uno empieza a entender cosas como el funcionamiento del sistema inmune (que es un jaleo de mucho cuidao) y entonces llega otro y te cuenta que el sistema inmune está regulado en el hipotálamo y ya la has pifiao, porque el hipotálamo a su vez está influído por el sistema límbico y por el neocórtex, sobre los que además incide en respuesta y blablabla. Lo que quiero decir es que muy probablemente avancemos mucho en los mecanismos moleculares de un montón de procesos biológicos para finalmente toparnos con la neurobiología y ahí ya estamos perdidos, sin remedio. El poder de la mente 🙂

    Gracias por el comentario 🙂

  3. Amamadoula 24 marzo 2011

    Es cierto, esta información ya la recibí en mi formación como Doula, pero en ocasiones, el pensamiento tan racional de algunas personas no les permite escuchar otras cosas.
    Es una lucha silenciosa en la que me encuentro…
    Gracias por la publicación.

  4. Kuxille 25 marzo 2011

    ¡Que interesante!

    :)¿Como se llaman los artículos?

  5. Author
    Irene Garcia 29 marzo 2011

    Los buscaré. En el enlace de Madrid +D no venían, pero Nature de este mes ha salido ya, a ver si tengo un rato.

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