Esos mocosos…

mocos

Llega septiembre y empieza el cole, o la guarde, que para el caso es lo mismo. Diez minutos después de recoger a tu chaval el primer día de clase ya los ves: los mocos. Y es que parece un corolario de la Ley de Murphy, en el momento en que más de tres niños sanos se juntan en un lugar cerrado no pasa más de un día para que los tres tengan mocos. Por los menos en invierno.

El moco es una sustancia viscosa de origen biológico (wikipedia dixit). Es producido por el organismo como forma de protección de superficies, contra la deshidratación por ejemplo: células especializadas del pulmón y de las vías respiratorias secretan moco para evitar la desecación de las mucosas.

En las membranas mucosas del aparato respiratorio la mucosidad tiene además una función biocida: la primera barrera contra los microorganismos es el moco, que contiene grandes cantidades de anticuerpos. Casi se podía concluir que el moco es bueno, lo malo es cuando se produce en cantidades industriales.

Contra el exceso de mocos hay multitud de opciones y seguramente tu pediatra te indicará cual es la de su preferencia, porque ya se sabe que cada maestrillo tiene su librillo y no siempre van a coincidir en el remedio.

Mantener el nivel de humedad en la habitación
, sobre todo de noche, es conveniente en invierno, ya que las calefacciones resecan mucho el ambiente. Esto se puede conseguir colocando toallas mojadas o recipientes llenos de agua sobre los radiadores o mediante un humidificador. Hay que tener en cuenta que los humidificadores por ultrasonidos pueden bajar algo la temperatura del cuarto, porque el agua de expulsan es agua fría.

Otra de las medidas recomendables si tu niño tiene mocos es limpiar la nariz con suero fisológico o agua de mar. Las ampollas monodosis son preferibles a las botellas de más volúmen, porque este tipo de recipientes tiende a contaminarse.

Si tu niño es muy mocoso tal vez te venga bien comprar una cámara para nebulizar, así se humedece no sólo la nariz sino todo el tracto respiratorio. Algunos profesionales recomiendan aspirar los mocos con un «sacamocos«. Huid de los de pera, no absorben nada.

Dependiendo del pediatra y del cuadro, puede que te recomienden alguna medicación, aunque muchos pediatras afirman que los mucolíticos y los descongestivos no hacen mucho sobre todo en niños muy pequeños. El pediatra puede informarte también sobre medicamentos homeopáticos y si la cosa está un poco fea, un fisioterapeuta experto en respiratorio puede ayudar a tu hijo a expulsar el exceso de mucosidad, sobre todo si tiene muchas flemas.

Y por supuesto, no se te olvide presupuestar kleenex en el apartado «vuelta al cole«. Si puedes comprarlos al por mayor, mejor.

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