Reducción de jornada

reducción jornada

La reducción de jornada es una de las fórmulas más empleadas por las familias españolas con hijos o ancianos a su cargo. Es cierto que generalmente somos las mujeres las que nos acogemos a reducciones de jornada cuando nuestros hijos son pequeños o nuestros mayores ya no pueden valerse por sí mismos. El derecho a la reducción de jornada es personal para cada trabajador, independientemente del sexo, pero las bajas maternales obviamente insuficientes, los menores sueldos que aún recibimos las mujeres, que aún tenemos peores puestos de trabajo y cuestiones culturales hacen que casi nunca sea el hombre quién las pide, ahondando así la brecha existente entre hombres y mujeres en el mercado laboral.

Una mala cosa, que, por otro lado, no se resuelve de un día para otro con educación (aunque la educación sea imprescindible), sino, como ya he dicho muchas veces, protegiendo y dignificando los trabajos de cuidado por parte del Estado. Es obvio que alguien tiene que hacerlos. Y también es obvio que cada vez más mujeres reclaman su derecho a criar a sus hijos sin que por ello disminuyan después sus oportunidades laborales, pasando de guarderías, que son útiles, pero porque no hay otra opción. Como las suecas, que lo tienen todo, yo quiero que mis hijas sean suecas.

Traigo el tema porque hoy la noticia es que una jueza de Getafe ha conseguido por fin que se reconozca su derecho a reducción de jornada, que no estaba contemplado en la judicatura. La identidad de la jueza no ha trascendido y los motivos por los que se acoge a una reducción de jornada tampoco. Hay que recordar que los trabajadores por cuenta ajena tenemos derecho a reducir la jornada cuando tenemos hijos menores de ocho años (biológicos o adoptados), cuando estamos a cargo de un familiar hasta segundo grado de consaguineidad que no pueda valerse por sí mismo, o si alguien de nuestra familia sufre una discapacidad.

Dado que este asunto es novedoso ya que se acoge a un nuevo reglamento obviamente más acorde con los tiempos es una buena noticia. Pero (siempre hay un pero) dado que trabajar para el Estado no es lo mismo que trabajar para una empresa privada, que el trabajar en la judicatura no es lo mismo que hacerlo en un taller de costura o una cadena de montaje, la verdad es que me hubiera gustado que la primera persona en acogerse a este nuevo derecho hubiera sido un juez. Tal cual. ¿O es que los hombres no tienen padres ancianos a los que hay que cuidar o niños de siete años a los que recoger del cole?

Foto | Kheel Center

0
0

0 Comentarios

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*