Oxitocina. #ponmeotracopa

La relación de los niveles de oxitocina con los estados depresivos se ha demostrado hace tiempo en algunos estudios, casi todos relativos a la depresión postparto y durante la lactancia. Tras el parto, si éste transcurre de forma normal y sin intervenciones médicas innecesarias el pico de oxitocina es el más alto que se alcanza en toda la vida. Estos niveles se mantienen altos durante la lactancia, estimulados por la succión del pecho, la mejor forma de producir oxitocina es mediante el sentido del tacto, aunque el ser humano es capaz de fabricar oxitocina endógena incluso por teléfono o a través de la interacción en redes sociales.

La oxitocina, pegamento social, hormona de los vínculos, del amor y de la felicidad, interrumpe la retroalimentación del ciclo del cortisol, reduciendo el estrés, el dolor y la pena, que el cerebro procesa del mismo modo en todos los casos. La relación de la oxitocina con la depresión es por tanto muy interesante y no faltan estudios que intenten descubrir cual es.

El último de ellos, publicado en Neuroscience Letters el 1 de abril es un jarro de agua fría para un montón de escépticos que predecían un causa genética dependiente de la oxitocina que predetermina la capacidad de recuperarse de una depre. El receptor de oxitocina no tiene ninguna relación con la recuperación de las depresiones. Las mutaciones transmitidas de padres a hijos en este receptor no influyen para nada a la hora de estar más o menos triste. Y es que la oxitocina es una molécula imprescindible para el ser humano, el animal social por antonomasia, por ello los genes que codifican para su receptor están hechos a prueba de bomba – o en términos evolutivos, aquellas mutaciones que impedían a los seres humanos relacionarse con sus congéneres e interaccionar con el mundo desaparecieron hace millones de años, por poco eficaces.

Este estudio es consistente con otros anteriores, que aseguran que las mutaciones en el receptor de oxitocina no guardan ninguna relación con el comportamiento de vinculación de las personas. Así pues, desde el punto de vista de los genes, todos los seres humanos nacen con la misma y enorme capacidad de amar. Y todo depende del medio. Afortunadamente el medio se puede cambiar, como demuestran los estudios que afirman que dar teta y por tanto producir oxitocina endógena a litros mejora el pronóstico de depresión postparto.

Y adaptando a John Lennon, sigo creyendo que todo lo que necesitamos es oxitocina, aunque no creo que baste con decirlo.

Por supuesto siempre habrá quién dirá que no, la ciencia está hecha por hombres y los hombres son falibles, sobre todo cuando tienen la oxitocina por los suelos.

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