Corresponsabilidad

corresponsabilidad

Estaba el otro día viendo la tele cuando un anuncio de una compañía de seguros llamó mi atención. En él, una señora con cara de buena gente explicaba a otra con cara de más buena gente que con la prima nosecuantitos los problemas en casa se reducían a la mitad. ¿Que se te rompe un grifo? Un señor – por supuesto – con cara de buena gente va y te lo arregla. ¿Que se te funde una bombilla? El mismo señor con cara de buena gente va y te la cambia. Al final del anuncio otro señor – con cara de buena gente – que supongo sería el marido, hacía un gesto de ¿desdicha? mientras que la señora, que supongo sería la mujer, le miraba con cara de disculpa y resignación. Esto es lo que hay. Ignoro si el señor con cara de buena gente que te cambia las bombillas fundidas recoge también los calzoncillos sucios que se van quedando inexplicablemente por ahí, pero supongo que por un módico precio es posible. En este mundo todo es cuestión de negociar.

Reconozco que, aunque la utilizo, la palabra corresponsabilidad no me acaba de gustar. Prefiero cooperación. Tal vez porque yo tuve a mis hijas por el placer de tenerlas, la palabra corresponsabilidad me sugiere un sacrificio y para mí, mis hijas no lo son. Es obvio que por tener hijas he dejado de hacer cosas, cosas que me gustaban y para las que ahora no tengo tiempo, pero, a cambio he aprendido a hacer otras, con las que también he intentado disfrutar. E incluso he recuperado algunas, que tenía olvidadas desde la niñez, como hacer flores con servilletas de papel o ponerme tatuajes de purpurinas. Cambiar no tiene porqué significar sacrificarse, sino todo lo contrario. Y claro que a veces se hace cuesta arriba, no soy superwoman, ni quiero serlo.

La sociedad en la que vivimos aún hoy exige mayor responsabilidad a las mujeres. Desde que además nosotras ocupamos nuestros puestos en el mercado laboral, la responsabilidad paterna en la cuestión del mantenimiento económico de la familia se ha reducido a la mitad, mientras que la cooperación en las tareas de cuidado sigue sin aumentar. Esto sigue siendo así y por eso estamos como estamos. Los chicos pueden ser atrevidos, individualistas, gamberros…las niñas siguen siendo princesas.

Los hombres son educados en el mito del eterno adolescente. Peter Pan sigue presente, se fomenta, se anima. Los chicos salen de casa de sus madres, donde todo se les da hecho y se van a casa de sus mujeres, donde esperan que todo siga igual. Y así, cuando un señor con cara de buena gente se encuentra de repente con un bebé en brazos que demanda atención constante lo que el señor con cara de buena gente tiene ganas de hacer es salir corriendo, comprarse una moto o como dice mi hermana «sufrir una regresión a la adolescencia». No digo que lo hagan todos, afortunadamente, pero muchos lo hacen.

Luego están los que se implican, confunden corresponsabilidad con hacer las mismas cosas y se quejan de que cuando el bebé tiene tres meses no les demos un biberón para que ellos también puedan participar. Cooperar significa que cada uno hace las cosas que mejor se le dan, o que menos esfuerzo le requieren, no que vamos todos a una. Y lamentable (o afortunadamente) hay diferencias biológicas insalvables. Ignorar esto es muy peligroso, porque algunas de las capacidades biológicas que nos diferencian – como amamantar – son un derecho.

Educar para la corresponsabilidad a un señor de cuarenta años es más o menos difícil, dependiendo de su educación previa y de sus ganas. No lo es si tiene cuarenta días. No se trata de masculinizar a las niñas, sino de potenciar en los niños «lo femenino», el gusto por la cooperación que ha sido imprescindible para que la especie se desarrollara en los primeros tiempos.

La corresponsabilidad de la pareja es deseable, pero no puede ser imprescindible. Como acabo de comentar con Angeles Brinon en su blog, al hilo del post de ayer y principalmente de mi oposición al aumento obligatorio de la baja paternal, la independencia de las mujeres, también durante las épocas de crianza, no puede pasar por su dependencia del marido. Porque entonces volvemos a caer en una trampa. Si mientras crías eres independiente, porque tus necesidades y las de tus hijos están cubiertas – tanto en la cuestión económica como en la intendencia y en la afectividad – y el papá colabora, genial, tendréis una familia feliz, porque además lo hará por gusto y no por obligación y todos podréis disfrutar de más tiempo libre. Pero si no colabora, como eres independiente, puedes prescindir de sus servicios, hasta donde consideres necesario o hasta donde te lleve tu tolerancia. Porque nada en la vida es imnutable. Y no todas las familias son iguales – además de que cada vez existen más familias monoparentales que en la actualidad constan principalmente de un progenitor femenino y que ahora mismo están en mayor riesgo de exclusión social.

Como todo esto es al fin, una cuestión de dinero invertido por el estado a partir de nuestros impuestos, para proteger a los niños, que son los más perjudicados de toda esta situación, hay que proteger primero a las madres, primero a las que peor están. Una vez protegidas éstas pueden empezar a preocuparse por la educación, tanto de sus hijos como de sus parejas, si las tienen.

Y una vez conseguido esto, serán los mismos padres los que empiecen a clamar por su derecho a pasar más tiempo con los hijos. Ya los hay, aunque ahora mismo a mí me parece injusto, sobre todo para los bebés, pero así, habrá más, corresponsables. Cambiar los roles de género es imprescindible, pero como demuestra el anuncio de la compañía de seguros, nos va a llevar tiempo, mucho tiempo. Y es más fácil si el que tiene que cambiar quiere hacerlo. De hecho es la única forma posible.

Foto | Amiefedora

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3 Comentarios

  1. Madres Cabreadas 22 junio 2011

    ¿y qué me dices del anuncio del coche en el que van 4 hombres cantando muy bajito una canción de rock and roll, de repente se para, se abre la puerta y sacan un bebé que se lleva la madre, y luego siguen cantando fuerte? Parece que vamos avanzando algo, no? Este parece que fomenta la cooperación o corresponsabilidad.

  2. J. 22 junio 2011

    Hola Irene,

    Si te explicara la idea imperante de paternidad que sigue vigente entre mis amigos, te deprimirías.

    Querer cambiar a los hombres ya crecidos y convencidos es, en mi opinión, ingenuo. Llámame pesimista, pero no creo que sea posible hacer madurar a un adolescente de cuarenta años. Sus sinapsis ya están más que formadas.

    Sin embargo, no perdamos la esperanza en las generaciones futuras. La educación es una prioridad. En ello estamos.

    Saludos.

  3. Adaya 22 junio 2011

    Esta claro que todos formamos parte de la sociedad y por tanto somos responsables de ella y tambien podremos cambiarla y enseñar con nuestro ejemplo sobre todo de la ventaja que es compartir la vida con la implicación que conlleva formar una familia.Y efectivamente hay que querer…

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