Las otras lactancias

En un mundo ideal los bebés se engancharían al pecho de sus madres en la primera media hora tras el nacimiento. En una atmósfera cálida e íntima el bebé está programado genéticamente para arrastrarse sobre el vientre de su madre y encontrar la areola, que por algo se ha ido oscureciendo durante el embarazo, atraído sobre todo por el olor materno. Dicen que el olor de la leche materna recuerda un poco al olor del líquido amniótico en el que el bebé ha vivido y del que ha bebido durante nueve meses. Si los mecanismos naturales para preservar a las especies son impresionantes no lo es menos lo que se puede llegar a conseguir cuando, a pesar de tener la naturaleza en tu contra, se impone la fuerza de voluntad.
Tras el nacimiento de Lara, recuerdo; CIR severo, 1.100 kg de peso y 34 semanas de gestación, yo daba vueltas por los pasillos del servicio de neonatología en estado catatónico con el cacharrito del sacaleches en la mano. No hacía más que llorar, “no voy a poder darle teta” era increíblemente mi angustia principal en aquellos momentos. “¿Por qué no?” fue lo que me preguntó una neonatóloga en uno de mis paseos. Fue suficiente.
Categorías: Experiencias, Lactancia
Etiquetas: Lactancia inducida, Prematuros, Relactación





