
Esta es la foto que anda corriendo estos días por las redes sociales, en especial en FaceBook. La publicidad pertenece a un grupo hospitalario en Colombia que oferta cesáreas electivas (imagino que además programadas) a sus clientas. Un “grupo hospitalario” que, según ellos mismos afirman en su web corporativa, cuenta con el mayor crecimiento y presencia en el citado país, que te ofrece “paquetes” de parto y cesárea claramente diferenciados, que presenta discrepancias en los precios entre la publicidad online y la que coloca en anuncios en carreteras y que encima después de cesarearte te manda para casa a los dos días. Eso sí, todo con asterisco (* cling, complicaciones aparte).
Del estilismo no voy a hablar nada. Sólo comentar que yo en manos de esa señora (curiosamente la señora es la peor) me pensaría mucho si ponerme. Pero sí que voy a hablar de todo lo demás.
Las cesáreas electivas son una opción muy extendida en países de América Latina. Encabezados por Brasil y Venezuela, países en los que se sigue la estela de figuras mediáticas tan, tan, tan impresionantes como Britney Spears o Victoria Beckham (representantes absolutos del “demasiado pijas para pujar”) las mujeres americanas piensan que tener una cesárea es una cuestión de status social. Cuanto más rica, más rajada, una lógica aplastante. Motivadas por razones peregrinas relacionadas generalmente con la estética las mujeres acuden a los hospitales a dejarse abrir en canal horizontal (espero) para que un “héroe” les extraiga a los hijos y deje su vagina intacta. De que la cicatriz luego te puede hacer un queloide feísimo nadie habla, fijo que previo pago también habrá soluciones para eso.
Me pregunto si son felices en su ignorancia, supongo que sí. Pero sobre todo me pregunto qué dirán esos héroes cada vez que se les muera alguien. Porque las cesáreas, principalmente las electivas y sobre todo si son programadas, suponen un riesgo de muerte para la madre que puede llegar a ser 14 veces superior y también un riesgo muy alto para el bebé, incluyendo riesgo mayor de morir de muerte súbita durante el primer año de vida. Y es que cuando tocas a mamá naturaleza no puedes saber a priori el precio que vas a pagar. ¿”Hicimos todo lo que pudimos”? ¿”Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo”?.
No soy idiota. En pleno siglo XXI soy consciente de que existen “debates” entre la comunidad médica sobre el “derecho” de las mujeres adultas a decidir si quieren tener a sus hijos por cesárea por una simple cuestión de “preferencias”, o porque es lo que ahora se lleva. Y sobre todo sobre el “derecho” de innumerables héroes de ocultar información importante (como la realidad de que en el primer mundo la primera causa de muerte materna perinatal son las cesáreas) para embolsarse el sueldo en media hora de trabajo en lugar de tener que aguantar a una primípara añosa que tarda un día entero en traer a otro ser humano a este mundo de imbéciles, la muy pesada.
Sinceramente me gustaría echarle un ojo al Consentimiento Informado que las mujeres firman en estos casos para eximir a los médicos de cualquier imponderable. Esto, señores, ya no es ni medicina defensiva como la que se practica aquí. Y ojo, sé que aquí se practican cesáreas electivas, por motivos estúpidos como cuadrarte la agenda, pero tanto descaro me cabrea.
Cuando te embarazas informarte debe ser una de tus principales responsabilidades. Lo malo es que no puedas ir a informarte al ginecólogo. Cambiando el lema y usando el argot obstétrico “Nosotros las parimos, nosotros las mentimos” debe ser la consigna actual.
Yo no necesito otro héroe. Necesito gente decente.

Este año, la Semana Mundial del Parto Respetado, que empezó ayer, lleva por lema “Dónde, cómo y con quién parir”
Si eres madre primeriza tal vez ni siquiera te lo hayas planteado. El parto es un trámite doloroso que cuanto antes se pase, mejor, nos dicen la literatura, el cine y las vecinas.
En general las mujeres podemos llegar a plantearnos dónde y con quién parir, pero en muchas ocasiones lo hacemos desde una óptica equivocada. Elegir el sitio en el que vas a parir por el tipo de habitación en el que te van a alojar después del parto y no mirar más allá, por ejemplo, es un error en el que caemos muchas. Es cierto que la intimidad es necesaria, también después el parto, pero para que un parto vaya bien lo imprescindible es que exista intimidad durante el parto, después ya se verá lo que se hace. Y casi nunca nos planteamos el “cómo”, no más allá del hecho de que la epidural esté disponible.
¿En la Seguridad Social o en una clínica privada? ¿Con este ginecólogo o con aquel? En la web de la Asociación el Parto es Nuestro tienes algo de información sobre las estadísticas de algunos de los hospitales o clínicas españolas que puede ayudarte a elegir el lugar en el que vendrá al mundo tu hijo. No demasiada, porque no todos los hospitales españoles y por supuesto casi ninguna clínica privada, son transparentes en cuanto a datos sobre partos. El excesivo número de cesáreas que se practican, sobre todo en la privada, es una de las causas de este hecho, pero también el excesivo uso de prácticas rutinarias no recomendadas por la OMS. No hay en España una estadística oficial segmentada por centros de tasas de epiostomías, por ejemplo, supongo que es que a nadie le gusta que se sepa que se tira de bisturí con demasiada alegría. La Guía de Hospitales es un trabajo arduo y exclusivo que realizaron voluntariamente las chicas de El Parto es Nuestro. No dejes de consultarla – y si consigues más información no dudes en hacérsela llegar.
En la misma web puedes encontrar también algunos tips para elegir qué tipo de parto quieres, o cómo encontrar tu sitio ideal. Así como la respuesta a la típica pregunta “¿Tengo que parir en mi hospital de referencia?” (la respuesta es No, pero en la web de EPEN encontraréis info fundamentada sobre este asunto)
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Ayer, 22 de marzo, fue el Día Mundial del Agua.
Según la ONU unos 800 millones de personas carecen de agua potable en el mundo. En países en vías de desarrollo el 50% de la población no tiene acceso a agua potable en su vida diaria. Y 4000 niños menores de cinco años mueren diariamente a causa de este problema, más o menos un millón y medio de niños cada año. Y lo peor de todo es que no es un problema de falta de materia prima, o sea, agua hay, para dar y tomar, lo que no hay son infraestructuras adecuadas que permitan distribuirla a todo el mundo.
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La semana pasada se publicó en varios medios la alarma de la OMS por el número de cesáreas que se practican en nuestro país. Según los titulares, la Organización Mundial de la salud denuncia que en España se producen un 5% de cesáreas innecesarias. Quiero creer que los titulares de prensa, de los que se han hecho eco todos los blogs y demás medios en internet se han debido a un error. El poder de internet es tal que la noticia ha llegado a todas partes. A mí me fastidió el día y después del fin de semana me lo sigue fastidiando.
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En la antigüedad y aún hoy en muchas partes del mundo, el embarazo, el parto y el postparto son procesos vitales estrictamente femeninos, en los que el hombre no interviene en ningún aspecto.
El ser humano es uno de los pocos mamíferos que paren en compañía. En general las hembras mamíferas tienden a esconderse cuando se acerca el momento del parto, buscando así que los niveles de adrenalina, que son capaces de frenar las contracciones, sean mínimos. Aunque fisiológicamente el parto humano no difiere gran cosa del parto de cualquier otro mamífero, los humanos tenemos la gran ventaja de poder puentear a la naturaleza cuando ésta se tuerce. Los humanos pensamos, esta es nuestra gran ventaja adaptativa. Así nacen las comadres, mujeres que acompañan a otras mujeres durante el proceso de parto. En tiempos antiguos probablemente las comadres eran la propia madre de la mujer de parto o alguna otra madre experimentada del clan. O varias.
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La Organización Mundial de la Salud no deja de recordarnos que, en cuestión de partos, la consigna es intervenir lo menos posible. Las intervenciones rutinarias producen un efecto cascada que termina, en muchísimos países occidentales, con una tasa de cesáreas desorbitada, que incrementa el riesgo de muerte materno-fetal. Ya vimos el otro día cómo se programan los partos y las cesáreas en la Comunidad Autónoma Andaluza, atendiendo no a motivos médicos, sino a motivos de organización o comodidad de los profesionales.
Entre las prácticas que desaconseja la OMS está la de monitorizar contínuamente el ritmo cardíaco fetal, las correas, o como decían en el Sentido de la Vida de los Monty Phyton, la máquina que hace ping. Esta monitorización contínua incrementa el número de cesáreas que se hacen por miedo y no salva vidas. La atención al parto en muchos países occidentales se basa en una medicina defensiva, en la que el médico interviene antes de que sea necesario por desconfianza con el proceso de parto y miedo a las demandas.
Ahora nos llega un nuevo adelanto que permite a los médicos “predecir” antes de que suceda nada que el parto acabará en cesárea, con lo que se “ahorrará” a la mujer estar muchas horas de trabajo de parto “inncesariamente”. La prueba consiste en un test que detecta ácido láctico en el líduido amniótico.
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