
En mi experiencia propia dejar a los hijos a comer en el cole tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Indudablemente, para padres que trabajan fuera de casa, la opción del comedor escolar es la única alternativa viable y no queda otra. Pero también para las que trabajamos en casa, dejar a los hijos a comer en el cole puede suponer una reducción en el estrés diario, que no es poca cosa.
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…pero sí guisantes.

Ya hemos hablado más veces de que los niños son bastante hábiles a la hora de autorregular su alimentación. Hay que decirlo mucho, porque los padres seguimos estancados en aquel “mi niño no me come” que más que nada es una consecuencia de épocas pasadas, cuando estar gordo era signo de que te iba bien.
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O de como tu bebé te enseña lo que hay que comer.

Los adultos somos muy raros. Cuando el bebé va a cumplir seis meses nos ponemos como locos a buscar información sobre como introducir los sólidos en la dieta de nuestro bebé. Y a continuación nos dedicamos a fabricar todo tipo de purés compulsivamente. Los purés ¿son sólidos?
Cuando se inicia la alimentación complementaria muchas madres tenemos la tentación (o la excusa) de comprarnos la termomix…es que para hacer los purés…es que los potitos…es que, es que, es que. En mi caso fue la excusa ideal para mi suegra…es que para que hagas la comida de la niña…
Bien, hay una corriente en pediatría que informa de que los purés:
1. no son necesarios
2. pueden ser contraproducentes
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La alimentación infantil: junto con el sueño, el tema estrella de todo padre primerizo.
Es de sobras conocido que cada vez hay más niños obesos. También se sabe que la obesidad empieza cada vez más pronto. Así no es dificil encontrarse niños de dos o tres años realmente gordos. Otro dato a tener en cuenta es que los niños de biberón son, a partir de cierta edad, más gordos que sus primos de teta. Según las nuevas tablas de crecimiento de la OMS los niños alimentados con biberón en los países industrializados que hace un par de años se consideraban normales en cuanto al peso (y de hecho se utilizaban para marcar el estándar ideal) ahora son gordos. Y los niños que antes eran gordos ahora pueden tener un problema.
Existe un mito universalmente extendido que dice que a los niños hay que enseñarles a comer y que hay que hacerlo desde el principio. ¡Cómo si los adultos comieramos bien!. Si esto fuera así ningún adulto, o muy pocos adultos, sería obeso. Y cada vez son también más. Bien, tal vez tenga cierta parte de razón y haya que enseñar a los niños a no comer como comen sus padres. Claro que esto es muy dificil, porque los niños principalmente aprenden con el ejemplo.
Pero ¿sólo con el ejemplo?
¿Qué entiendes tú por enseñar a comer? Bueno, tu bebé es muy pequeño, así que de momento nos conformamos con que coma de forma sana. Los modales o aprender a utilizar los palillos chinos están fuera de su capacidad, así que, mientras no tenga la habilidad suficiente para llevarse la cuchara a la boca, nos olvidaremos de enseñarle etiqueta y nos conformaremos con que adquiera hábitos saludables. Una postura muy lógica, si no fuera por uno pequeño detalle: tu bebé come mejor que tú. Continuar leyendo

Se acabó el mito del “comer por dos”.
En líneas generales una mujer gestante o lactante no ha de llevar ninguna dieta especial distinta a lo considerado como saludable: pobre en azúcares refinados y grasas, principalmente de origen animal, y rica en fibra, hidratos de carbono de absorción lenta, frutas y verduras. La pirámide alimentaria de toda la vida, vaya. Pero lamentablemente parece que la dieta mediterránea va a pasar a la historia. Cada vez comemos peor.
Las consecuencias de la malnutrición de la madre en el niño son importantes: bajo peso del niño al nacer, baja densidad ósea por baja ingesta de calcio, anemia por falta de hierro o ácido fólico, cretinismo por carencia de yodo, etc. Igualmente esta malnutrición puede tener importantes consecuencias para la madre, ya que el desgaste nutricional puede tener entre otras consecuencias anemia y descalcificación ósea, lo que puede redundar en un deterioro de su calidad de vida a largo plazo.
A esto se une que en muchos casos las embarazadas recibimos cantidades ingentes de información contradictoria. Valga un ejemplo:
- el pescado azul es bueno, porque contiene ácidos grasos tipo omega,
- el pescado azul es malo, porque contiene concentraciones de mercurio no despreciables.
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