
El bien y el mal son conceptos humanos abstractos y subjetivos que no existen en la naturaleza. En el medio natural (no para animales que viven en cautiverio) no existen leones malos, plantas de judias egoístas o gusanos redondos vagos. Los animales se comportan tal y como su interacción con el medio ha ido seleccionando a lo largo de millones de años de selección natural. No hay moral en la naturaleza. Los que están más adaptados al ambiente y las condiciones que les ha tocado vivir tienen más probabilidades de reproducirse, ni más ni menos.
La cosa se fastidia cuando aparece el pensamiento abstracto. ¿Qué tiene que hacer un oso para sobrevivir? Ser oso. ¿Qué tiene que hacer un humano para sobrevivir? Ser abogado, médico, banquero, albañil…más o menos, que decía Mafalda. Desde que un niño nace, nosotros los adultos nos dedicamos a etiquetarle y clasificarle dentro de las dos categorías existentes: es malo o es bueno.
Mucho antes de que los niños aprendan lo que es la ética, lo que su sociedad en determinado momento considera bueno o malo (en la mayor parte de las ocasiones encima bajo el precepto de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”) nosotros ya lo estamos catalogando.
Continuar leyendo

Hace un par de semanas Lara tuvo su primera revisión de psicología del desarrollo con el especialista. Lara acude a estas revisiones porque están dentro del seguimiento que el Hospital 12 de Octubre realiza a los bebés prematuros o que han nacido con muy bajo peso y han permanecido ingresados en Neonatos durante un tiempo. En el caso de Lara su bajísimo peso al nacer, así como el haber estado ingresada 49 días, con alguna complicación grave de por medio, podría haber afectado a su desarrollo psicológico normal. Los niños prematuros o con muy bajo peso al nacer tienen, además de mayor riesgo de discapacidades relacionadas con cuestiones fisiológicas (parálisis cerebral, sordera, retinopatías…), más riesgo de presentar problemas psicológicos, cognitivos o de adaptación social.
Los posibles problemas fisiológicos de Lara se fueron descartando paso a paso. Cribados de audición, exámenes de retina, ecografías de la cabeza, visitas al neurólogo…Lara está físicamente bien, aunque sigue siendo una lagartija. Pero…había que pasar por el psicólogo.
Continuar leyendo

Aprovechando la Semana Internacional de la Crianza en Brazos os hago este recordatorio: el bebé es un mamífero. Y además, un mamífero bastante vulnerable.
En esta sociedad actual, en la que el ser humano está cada vez más alejado de su naturaleza, muchos son los que prácticamente se oponen a ser catalogados dentro del reino Animal. Bien, que cada uno haga lo que quiera, algunos se resisten curiosamente con uñas y dientes, lo cierto es que el ser humano es un primate. Y ya.
Es cierto, la mayoría de los seres humanos adultos, son bastante diferentes al mono más listo del documental de la 2, lo que no quita que sigamos siendo primos hermanos. El ser humano comparte más del 98% de los genes con el chimpancé. Curiosamente, este porcentaje es aún más alto en el caso de los hombres (no haré ningún comentario despectivo, lo prometo).
Continuar leyendo

Os dejo la segunda parte del artículo de Ibone Olza que publicamos ayer. Espero que os guste y os sea útil. Vía Ile Medina del blog Tenemos Tetas
De la teoría del vínculo a la neurobiología del apego II
En las dos últimas décadas una buena parte de la investigación se ha centrado en desentrañar los mecanismos químicos, neurológicos y hormonales que facilitan el vínculo entre el bebé y su madre desde el parto, este campo se llama neurobiología del apego. Así se va avanzando en la comprensión de ese delicado engranaje que se inicia nada más nacer el bebé o incluso antes.
Sabemos ahora que los bebés reconocen a sus madres desde el mismo momento del nacimiento gracias al olfato (1,2,3) (y que por ello es importante no lavarles nada más nacer, ya que reconocen a su madre por el olor a líquido amniótico) y que prefieren escuchar su voz a cualquier otro sonido (4,5). Cuando nacen vaginalmente los bebés están en estado de alerta y esperan ser dejados sobre el vientre de su madre piel con piel. Desde ahí saben perfectamente como llegar hasta su pecho y como iniciar la lactancia en las dos primeras horas de vida.
Pero es que además nada más nacer el cerebro del niño y el de la madre están bañados en un mar de hormonas que afectan profundamente al vínculo y que en un futuro jugarán un papel en todas las relaciones sociales que establezca el bebé conforme crezca. Así la oxitocina, también conocida como “hormona del amor” hace que la madre sienta un enamoramiento de su bebé que le facilitará enormemente el cuidarle durante los primeros años de vida y en el cerebro del bebé hace que ese amor materno sea recíproco. La vasopresina que es una hormona muy relacionada con la oxitocina también está en juego y al parecer interviene igualmente en el desarrollo del vínculo que marcará las futuras relaciones sociales e incluso sexuales. Otra hormona, la prolactina, empieza entonces su labor permitiendo la producción de leche y haciendo que para la madre la lactancia sea algo espontáneo, relajante y sencillo. Otras sustancias como las endorfinas que también se producen durante el trabajo de parto van a hacer que ese primer encuentro sea muy placentero para los dos y que por decirlo de alguna manera madre y bebé se enganchen de la mejor manera posible.
De la misma manera que se va avanzando en el conocimiento neuroquímico de cómo se establece el vínculo, cada vez es mayor la evidencia de que alterar ese equilibrio hormonal de la madre mediante sustancias como la oxitocina sintética en el parto o del bebé mediante la separación puede alterar de por vida el desarrollo cerebral del bebé (6). La separación de la madre supone un estrés enorme para el bebé, que hace todo lo posible por reunirse con su ella mediante el llanto. Si pasado un tiempo prudencial no consigue reunirse con ella el bebé deja de llorar: esto no significa que esté bien sino todo lo contrario, su cerebro siente que su vida corre peligro y decide pasar a un modo de “ahorro energético” por decirlo de alguna manera que tiene mucho que ver con la vivencia de la desesperación.
Son numerosos los estudios que han comprobado cómo ese enorme estrés que supone ser separado de la madre en las primeras horas de vida afecta el neurodesarrollo: al llorar el bebé produce niveles altísimos de cortisol que pueden ser dañinos para su propio cerebro (7,8). En los estudios realizados con ratas y monos se ha comprobado cómo esto afecta al desarrollo de partes del cerebro cruciales para la conducta social y afectiva como son el hipocampo o la amígdala (9). Los estudios en humanos han demostrado que igual que el cortisol (la hormona que se produce cuando estamos estresados) que libera la embarazada estresada daña al bebé (10) también se sabe que en esas primeras horas y días de vida el estrés del bebé por la separación puede llegar a ser muy neurotóxico.
Los estudios realizados con niños adoptados también arrojan cierta luz sobre las consecuencias que esa separación temprana acarrea en el desarrollo neurológico. Así un estudio reciente americano comprobó que los niños producen oxitocina cuando juegan con sus madres. Sin embargo los niños que habían sido adoptados (tres años antes y por familias muy amorosas) no respondían de igual manera y no producían oxitocina tras jugar con sus madres, lo que llevó a los investigadores a concluir que separaciones muy tempranas de la madre biológica pueden dejar secuelas en el sistema neurohormonal de los bebés que persisten mucho tiempo después de haber sido adoptados (11).
Todo esto nos lleva a concluir que cada vez es mayor la evidencia de que separar a los recién nacidos es una práctica dañina y estresante tanto para los bebés como para las madres que puede dejar secuelas y afectar al neurodesarrollo infantil y al vínculo del que va a depender en buena parte la salud mental del niño. Por todo ello pensamos que tan sólo las situaciones de grave y urgente riesgo vital pueden justificar el separar a un bebé de su madre.
En cuanto a cómo tratar las secuelas de la separación todavía es escasa la información científica en este sentido, pero parece razonable pensar que los tratamientos deberán ser siempre para la díada madre-bebé e incluir además al padre y ser respetuosos y potenciadores de la fisiología del vínculo madre-bebé (12). Por todo ello es previsible que la lactancia materna, el contacto piel con piel prolongado y prácticas como el masaje infantil, el colecho o el cargar a los bebés y niños en brazos, prácticas todas ellas recomendables para favorecer el apego seguro tengan también un alto poder terapéutico para los niños que han sido separados de sus madres de manera temprana y/o que no han recibido un cuidado adecuado en los primeros meses de vida (13).
BIBLIOGRAFÍA
Schaal, B., Marlier, L. y Soussignan, R. (1998). Olfatory function in the human fetus: Evidence from selective neonatal responsiveness to the odor of amniotic fluid. Behavioral Neuroscience, 112, 1438-1449.
Schaal B, Marlier L, Soussignan R. Human foetuses learn odours from their pregnant mother’s diet. Chem Senses. 2000;25(6):729-737
Varendi H, Porter RH, Winberg J. Attractiveness of amniotic fluid odor: evidence of prenatal olfactory learning?. Acta Paediatr. 1996;85(10):1223-1227
Fifer WP, Moon CM. The role of mother’s voice in the organization of brain function in the newborn. Acta Paediatr Suppl. 1994;397:86-93
Moon CM, Fifer WP. Evidence of transnatal auditory learning. J Perinatol. 2000;20(8 Pt 2):S37-S44
Carter, C. S. 2003. Developmental consequences of oxytocin. Physiology and Behavior. 79:383-97.
Christensson K, Cabrera T, Christensson E, Uvn?s-Moberg K, Winberg J. Separation distress call in the human neonate in the absence of maternal body contact. Acta Paediatr. 1995 May;84(5):468-73
Schore, A. Attachment, affect regulation and the developing right brain: Linking developmental neuroscience to pediatrics Pediatrics in Review, 2005, 26, 204-211
Zhang LX, Levine S, Dent G, Zhan Y, Xing G, Okimoto D, Kathleen Gordon M, Post RM, Smith MA. Maternal deprivation increases cell death in the infant rat brain. Brain Res Dev Brain Res. 2002 Jan 31;133(1):1-11
Talge N., Neal C., Glover V. Antenatal maternal stress and long-term effects on child neurodevelopment: how and why? Journal of Child Psychology and Psychiatry 2007 48 (3-4), 245в61.
Wismer Fries A., Ziegler T., Kurian J.R.; Jacoris, S., Pollak D. Early experience in humans is associated with changes in neuropeptides critical for regulating social behaviour. PNAS, 2005, 102, 47, 17237-17240
Leckman JF, Mayes, L.C. Nurturing resilient children. Journal of Child Psychology and Psychiatry 2007 48 (3-4), 221в23.
Gribble, K.D. A model for caregiving of adopted children after institutionalization. J Child Adol Psychiatric Nurs, 20, 1 14-26, 2007.
Artículo publicado en Maternidad y ciclo vital de la mujer / coord. por María Jesús Blázquez García, Universidad de Zaragoza, 2008, ISBN 978-84-7733-551-1, págs. 121-125.
Foto | Jon Ovington