
El feminismo actual ha llegado a un punto de no retorno en el que si sales de casa a cuidar a los hijos de otra por una miseria te estás realizando pero si te quedas en la tuya cuidando de los tuyos propios estás alienada, eres una neomachista y por tu culpa las mujeres jamás llegaremos a ocupar los puestos de poder planetario interestelar. Y digo que es un punto de no retorno porque, efectivamente, a los hijos cuando son muy pequeños y a veces hasta incluso pasados los cuarenta, hay que cuidarlos. Igual que hay que cuidar a los ancianos y limpiar retretes, la sociedad se mantiene porque hay alguien que hace todos estos trabajos, la mayor parte de las veces sin cobrar.
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En un día como hoy no queda más remedio que hablar de los papis.
¿Qué es la paternidad? ¿Y tú me lo preguntas? Pues yo la verdad es que no lo sé. Hace algunos años las teorías psicológicas aseguraban que el papel del padre es el de “separar”, incluso en cierto modo “romper” el vínculo madre-hijo que se establece incluso antes del nacimiento, estalla justo durante el parto y se potencia durante toda la crianza, sobre todo durante los primeros meses y sobre todo si el bebé toma el pecho. Según aquellas teorías el padre estaba ahí para enseñar al niño a socializar y mostrarle el mundo exterior, un mundo por supuesto de hombres.
Estas teorías se apoyaban en un tipo de maternidad solitario, íntimo y reducido al ámbito doméstico. Hoy en día las madres hemos descubierto que maternar solas, por muy solícito que sea papá, es prácticamente imposible. Gracias a las redes sociales buscar y encontrar círculos de madres es cada día más fácil y cada vez más y más mujeres están decidiendo sacar la maternidad a las calles, reunirse, compartir y reclamar el espacio público que nos merecemos. Porque compartiendo la vida es más fácil.
La formación de tribus de madres que se acompañan y se apoyan volvería a dejar al padre prácticamente sin papel que jugar en el cuidado de los hijos. Su figura ya no es necesaria para la socialización del cachorro – algo que además es bastante contradictorio, ya sea por biología o por educación las mujeres socializamos mejor, puesto que nuestras habilidades comunicativas son mayores y puesto que para socializar se precisa de empatía, una característica históricamente atribuida a lo femenino.
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Ya hace unos días que los expertos andan afirmando que la Reforma Laboral precariza aún más el empleo femenino, por supuesto sobre todo el de las madres. La flexibilización de turnos, horarios, y sueldos, la eliminación de la prohibición de horas extras en contratos temporales, la reducción en la indemnización por despido y la facilidad para realizar ERES, etc afecta más a las mujeres porque somos nosotras las que ocupamos en mayor proporción puestos con peores condiciones laborales. Tal vez nos pueda salvar el hecho de que las mujeres españolas seguimos cobrando un 30% menos que los varones por el mismo trabajo – lo que sería una ironía bien gorda y a la vez triste – el caso es que el paro femenino siempre es el que más aumenta cuando se producen recortes de derechos en épocas de crisis.
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“Las mujeres abortaban, abortan y abortarán, de lo que se trata es de que si tienen que hacerlo no tengan que hacerlo con una percha”
Escribí esto en twitter hace ya bastante tiempo, pero la noticia salta hoy de nuevo a la actualidad con las declaraciones del Ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón. La interrupción voluntaria del embarazo es un tema peliagudo, sobre el que nadie debería tener nunca que pensar. Soy madre por dos veces y por tanto la sociedad me ha puesto enfrente del aborto en dos ocasiones. Cada vez que el ginecólogo me recomendó realizar el screening prenatal en busca de síndromes de down y otras patologías comunes y por tanto prácticamente se me obligó a entrar en el sorteo de la amniocentesis se me enfrentó al aborto. Sin anestesia y sin consejos.
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Acabársete la baja maternal y que se te descuelgue de golpe todo el feminismo de la igualdad es todo uno. Eso si no te ha ocurrido ya antes, justo en el parto o durante la lactancia. La maternidad en la sociedad occidental se convierte en una lucha interior entre la tragedia que supone quedarse en casa, aislada del mundo y marginada de los asuntos importantes, y el poder de las hormonas, que, si te dejas, te transforman en una loba – en mi caso fue casi literal.
Ruptura. A las mujeres se nos obliga a elegir constantemente, entre nosotras y nuestros hijos, como si la civilización patriarcal e individualista, presa de un miedo extremo a la capacidad de traer hijos al mundo, tuviera que asegurarse constantemente de que el instinto de supervivencia supera al instinto de conservación de la especie. Cuestionarse el paradigma, ponerse frente al espejo de lo que has aprendido porque además te conviene, asumir que el ser humano es interdependiente y que por tanto necesita ser solidario para sobrevivir debe ser aterrador para la pandilla de psicópatas que controlan el mundo. Y así vivimos engañadas.
Se puede conciliar. Es tan sencillo como volver a sacar la maternidad a las calles, no quedarse en casa aumentando tus niveles de histeria y culpando al bebé de todo tu aislamiento, librarse del miedo y hacer como Licia Ronzulli.
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La Editorial Ob Stare, responsable entre otras cosas de la publicación de Una Nueva Maternidad, prepara para el inicio de esta primavera la Primera Jornada de foros, blogs y espacios de apoyo virtual sobre Crianza. Porque la gran mayoría de las madres cree, con muy buen criterio, que la maternidad en solitario es dura, triste e ineficaz, las madres nos juntamos.
A la puerta de las escuelas, en los parques, los sábados de merienda con los amigos del cole…Las madres nos juntamos y hablamos y formamos tribus y redes que no sólo mejoran nuestras experiencias como madres – compartir es fundamental para la especie humana – sino que además mejoran también nuestras técnicas “maternantes”. Y es que las penas en compañía son menos y para una madre no hay mayor pena que pensar que su hijo no le come, que no duerme lo suficiente o que, en definitiva, algo está haciendo mal.
La tribu se extiende, hasta el infinito y más allá.
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