Un blog pensado por y para madres, donde encontrarás todos los consejos, ayuda e información que te harán disfrutar de la maternidad y los primeros pasos de tu hijo.
Mañana por fin empezamos el cole. A las diez de la mañana Lara dejará oficialmente de ser un bebé para convertirse en una preciosa preescolar, con mochila para la merienda y todo. Hay muchos nervios (y para variar aún no tengo las etiquetas para la ropa).
Un canto a la maternidad vivida en plenitud. A la lactancia materna. Con naturalidad y sin artificios. A la crianza amorosa. Un himno, quizás, para todas aquellas que un día reivindicaron su derecho a vivir y participar en sus partos.
Mi abuela parió a mi madre. Mi madre me parió a mí. Todas paren en mi casa. Yo también quiero parir.
En homenaje a todas las que con su esfuerzo voluntario consiguieron que algo, poco a poco, vaya cambiando. A esas feministas de ahora que defienden también lo femenino como parte importante de su vida. A todas las que han decidido hacer las cosas de otra forma. Un vídeo sensual, porque la maternidad y la lactancia pueden serlo. Un vídeo tierno. Mimamámemima-má-Mímame mamá.
En el final de estas vacaciones un tanto estresantes, recordarnos a nosotras mismas que los hijos se tienen para disfrutarlos, en todos sus matices. Que lo disfruten.
Un vecino llama a la puerta. Abres. Un par de balas humanas de menos de un metro de estatura atraviesan el umbral raudas como el viento, con un pañuelo en la cabeza como única vestimenta y armadas con cubo, pala y rastrillo, corren por el pasillo con el culo al aire al grito de “¡¡¡Vamos a la playa!!!”, por supuesto en idioma-bebé.
No voy a cantar la cancioncilla por no hacer publicidad, pero si hablo de libros de vacaciones imagino que a todas os viene a la mente, en aquella época era el único que había. Invariablemente, año tras año, mi hermana y yo adquiríamos el dichoso librito de deberes para las vacaciones. Invariablemente, al menos yo, hacía dos o tres páginas los dos primeros días (mi hermana no llegaba ni a eso) e invariablemente acto seguido lo dejaba olvidado. A veces volvía a acordarme de él en septiembre, con cierto sentimiento de culpa, pero la culpa con entrenamiento se acaba pasando. Y fin de la historia, 1500 pesetas de las de antes tiradas a la basura sin utilizar.
Como todos los animales el ser humano posee conductas innatas o instintivas que permiten la supervivencia de la especie. En especies altriciales como la nuestra, en la que las crías nacen muy inmaduras y las crianzas son largas ya que los cachorros dependen en gran medida de la madre (una característica típica de mamíferos y en especial de carnívoros, que tienen la facultad de ser capaces de adquirir nuevos comportamientos mediante el aprendiaje y por supuesto de primates), las conductas instintivas están encaminadas no sólo a la mera supervivencia física – un ejemplo de esto sería el reflejo de búsqueda o de succión – sino también al establecimiento de relaciones con los miembros del grupo que puedan garantizar en mayor medida la supervivencia. Porque además el ser humano es un animal gregario, que vive en grupo y para el ser humano el grupo es imprescindible para sobrevivir.
Esto, que se produce también en aves (podemos recordar a los gansos de Lorenz) en mamíferos se focaliza primero en la madre, que es la que lleva la comida puesta, y más tarde empieza a diversificarse hacia otros miembros del grupo. Es lo que los etólogos llaman conductas vinculantes y sirven para formar el apego.
Que hombres y mujeres somos distintos es una obviedad como la copa de un pino. El dismorfismo sexual no sólo afecta a nuestro aspecto físico, sino también a nuestro comportamiento. En el aspecto físico, modas aparte, no existe discusión posible: las hormonas sexuales, principalmente testosterona y estrógenos marcan la diferencia entre nuestro cuerpo, si bien estas diferencias pueden estar influídas por factores culturales, como la práctica del deporte. Esto último no es ninguna tontería, mis hijas son mucho más musculosas de lo que yo era a su edad, básicamente porque en mi época las niñas no teníamos permitido trepar – y los vestidos de nido de abeja con lazo y las merceditas con calcetines calados no facilitaban el asunto.
Sin embargo las diferencias en el comportamiento están mucho más discutidas. El factor cultural es en este caso probablemente determinante: por mucho que se quiera, por muy feminista que se considere una, los niños y las niñas no se educan igual, a pesar de las escuelas mixtas y del esfuerzo de las familias. Los niños no lloran, las niñas son guapas. Pero no hay que olvidar que nuestro cerebro es animal y que funciona según las reglas de la biología.
No hay frase que más me reviente que aquella de “los niños son más brutos, pero son más nobles”, más que nada porque implica que las niñas son menos nobles, añadiendo una connotación moral a un hecho biológico, que los niños son, probablemente por factores biológicos, un poco más brutos.