
La Organización Mundial de la Salud no deja de recordarnos que, en cuestión de partos, la consigna es intervenir lo menos posible. Las intervenciones rutinarias producen un efecto cascada que termina, en muchísimos países occidentales, con una tasa de cesáreas desorbitada, que incrementa el riesgo de muerte materno-fetal. Ya vimos el otro día cómo se programan los partos y las cesáreas en la Comunidad Autónoma Andaluza, atendiendo no a motivos médicos, sino a motivos de organización o comodidad de los profesionales.
Entre las prácticas que desaconseja la OMS está la de monitorizar contínuamente el ritmo cardíaco fetal, las correas, o como decían en el Sentido de la Vida de los Monty Phyton, la máquina que hace ping. Esta monitorización contínua incrementa el número de cesáreas que se hacen por miedo y no salva vidas. La atención al parto en muchos países occidentales se basa en una medicina defensiva, en la que el médico interviene antes de que sea necesario por desconfianza con el proceso de parto y miedo a las demandas.
Ahora nos llega un nuevo adelanto que permite a los médicos “predecir” antes de que suceda nada que el parto acabará en cesárea, con lo que se “ahorrará” a la mujer estar muchas horas de trabajo de parto “inncesariamente”. La prueba consiste en un test que detecta ácido láctico en el líduido amniótico.
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Abril es el mes de concienciación de las cesáreas…y este año se me pasó, lo que es bueno para mí. Significa que las cicatrices ya no me duelen tanto.
¿Y a tí?
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Un estudio realizado en Ginebra y publicado en el mes de mayo en la revista Pediatrics vuelve a recordarnos que la mortalidad infantil asociada a cesáreas programadas antes de la semana 38 – 40 es similar a las cesáreas realizas de forma urgente tras empezar el trabajo de parto. Es decir, que en caso de que exista a priori una indicación para realizar una cesárea, dejar a la mujer iniciar el trabajo de parto y practicar la cesárea después es más beneficioso para el bebé.
Las cesáreas programadas no tienen ventajas sobre las urgentes en bebés con edades gestacionales menores de 38 – 40 semanas, y no deberían realizarse antes de que el embarazo llegara a término. Por supuesto, es mucho más seguro para el bebé si se consigue un parto vaginal.
El principal riesgo que corre un bebé que nace por cesárea es el de padecer distrés respiratorio, es decir, dificultad respiratoria, que puede comprometer su vida, hacer que precise oxígeno suplementario y obligar a su ingreso en una unidad de neonatos. Este riesgo aumenta si la cesárea es programada y si el embarazo no ha llegado a la semana 38-40.
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Por fin. Lo prometieron y lo han cumplido. El hospital 12 de octubre de Madrid ya permite a los papás estar presentes en el nacimiento de sus hijos aunque tengan que venir al mundo por cesárea.
Así nos lo contaron en el periódico 20 minutos
La pionera se llama Mª del Carmen y ha tenido el privilegio de ser recibida por su madre, Trini, mientras su padre Jaime lo observa todo.
Un quirófano impoluto acoge a una mamá “con contracciones”, aparentemente tranquila y muy consciente, que se emociona cuando le entregan a la pequeña recién salida de su vientre. “Con el otro fue también cesárea, pero no me lo dieron, se lo llevaron. Esto es muy diferente”, asegura al borde de las lágrimas mientras siente a Mª del Carmen contra su piel.
Permitir a la mujer estar acompañada en unos momentos que pueden ser muy tensos no sólo ayuda a la mujer, sino también al bebé. Si el bebé no puede nacer de forma natural ¿qué mejor manera de recibirlo que como si sí lo hubiera hecho? Con una madre traquila, segura y emocionalmente apoyada por su pareja fomentar el contacto piel con piel, favorecer la lactancia es mucho más sencillo. Cuidar la salud emocional de las madres mejora la salud de los niños.
El equipo, siempre atento, practica la idea que ha hecho de este hospital un referente en maternidad: “Mínima intervención”. Así, los padres y sus invitados se convierten en los auténticos protagonistas de un momento tan emotivo y cálido.
Felicidades al 12 de octubre, siempre pioneros en este tipo de iniciativas.
Y Jaime, “alucinado”, es testigo privilegiado de cómo madre e hija se encuentran y se “huelen” por primera vez.
Las mamás de Madrid estamos de enhorabuena. El Hospital Universitario 12 de Octubre permitirá que el padre, u otra persona a elección de la mujer, asista al parto aún cuando éste sea realizado por cesárea. La iniciativa se incluye en el Plan de Humanización del Centro Materno-Infantil, que tiene también previsto eliminar la postura de litotomía (tumbada boca arriba) obligatoria durante la fase de expulsivo. Lo dicho, esto es una gran, gran noticia.
Una cesárea, principalmente si se decide realizarla a lo largo del parto por motivo de alguna complicación que puede ser grave, puede ser vivida por la madre como un momento traumático. Aunque todos los expertos consideran que es siempre mejor practicar las cesáreas con anestesia epidural, no sólo para evitar los mayores riesgos de una anestesia general, sino para permitir a la madre vivir el momento del nacimiento de su hijo de forma consciente.
Estar despierta en un quirófano, conectada a montones de aparatos y escuchando como un bisturí eléctrico te abre el útero puede generar mucha tensión y miedo en la mujer, sobre todo si en ese momento teme por su vida o por la de su hijo. La sensación de vulnerabilidad, de soledad y de pánico puede tardar mucho, mucho tiempo en superarse, convirtiendo a estas mujeres en candidatas seguras a una depresión post-parto o a sufrir síndrome de estrés post-traumático, a consecuencia del nacimiento de su hijo.
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