
El estrés y la ansiedad son dos patologías que se presentan muy conmúnmente en la actualidad. Las prisas, el exceso de trabajo…cuando nuestro organismo no es capaz de asumir los cambios o las exigencias diarias la gente se estresa. Sobre todo las madres.
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La ansiedad y el estrés no son problemas típicos ni exclusivos del embarazo, sobre todo con esta vida moderna que llevamos. Pero sí es en el embarazo cuando más consecuencias puede traer, no sólo a nosotros, sino a nuestro hijo.
Los cambios hormonales, el miedo a lo desconocido, algunas pruebas médicas o problemas más relacionados con el ambiente, de trabajo o familiar, pueden disparar nuestro estrés, perjudicando a nuestro bebé.
Mantener la ansiedad de una embarazada a raya es un trabajo de equipo. En general, los cambios que produce la llegada de un hijo pueden alterar a toda la familia, pero es a la mamá a quién más hay que cuidar.
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El tabaco es malo para la salud. Todo el mundo lo sabe. Y sin embargo muchas mujeres son incapaces de dejar de fumar, incluso aunque estén embarazadas. Al esfuerzo que supone dejar un hábito muy arraigado y sobre todo al mal rato que se pasa desintoxicándose de todas las sustancias adictivas que contiene un cigarrillo, durante el embarazo se une el temor a que algo malo le pase al bebé por dejar de fumar.
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O Antenatal Scare: así cataloga Michel Odent lo que se produce en la mayoría de ocasiones en la atención a la embarazada occidental.
El bebé es muy grande, el bebé es muy pequeño, hay mucho líquido, hay poco líquido, estás muy verde…El otro día conocí a una mujer a la que le programaron una cesárea porque su bebé estaba de nalgas ¡en la semana 28! Y se dejó.
La wikipedia define el efecto nocebo como “el empeoramiento de los síntomas o signos de una enfermedad por la expectativa, consciente o no, de efectos negativos de una medida terapéutica”. En el embarazo, es la propia visión de este estado la que condiciona su transcurso y en muchas ocasiones, también su final. La anemia en el embarazo, la diabetes gestacional, los percentiles, la tensión arterial…El embarazo y el parto en Occidente se trata como una patología y las mujeres, adultas, responsables, profesionales decididas y sanas, se convierten en enfermas al salir de muchas consultas de ginecología. Este es el motivo por el que la OMS recomienda que embarazo y parto sean tratados principalmente por matronas, ya que su visión de todo el proceso es más fisiológica.
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El estrés es capaz de hacer que un parto no progrese y acabe en cesárea. Estrés y lactancia materna no son buenos amigos. El estrés en niños está relacionado con terrores nocturnos y otros trastornos del sueño, incrementa el riesgo de padecer infecciones, empeora las reacciones alérgicas.
Si estás embarazada entonces tal vez es el momento de empezar a tomarte las cosas con más calma. Escucha a tu cuerpo. Durante el primer trimestre, es posible que te den verdaderos ataques de sueño: la progesterona te va preparando el terreno, si puedes dormir, duerme. Después la misma progesterona puede hacer que te vuelvas más introspectiva, incluso más “pasota”. Hazla caso. Es el momento de frenar.
Quizás sea buena idea que busques momentos sólo para tí, dedícate a aprender técnicas de relajación, a escoger música para el parto, a hacer cosas que te gusten. Tal vez no quieras pasar por el trago de la amniocentesis, a lo mejor ni siquiera te apetece hacerte el triple screening, seguro que no te interesa para nada saber que en la semana 36 “estás muy verde”.
Infórmate sobre qué cuidados médicos son imprescindibles y cuáles no, y decide según tus gustos y tus convicciones, nada hay obligatorio. Trata de controlar la ansiedad. Si aún así, tu trabajo peligra, tu marido ha sufrido una repentina regresión a la adolescencia y quiere decorar el cuarto con pósters de AC/DC, y tu suegra no para de preguntarte de qué color hace los patucos…, sí estás de los nervios.
Tranquilízate y ve al médico. Existen medicamentos o terapias para la ansiedad seguros durante el embarazo. Un buen profesional puede informarte y ayudarte. Consúltale. Tu bebé y tú lo agradecereis. Y de paso, le dices a tu suegra que haga los patucos blancos.

De tenerte en mis brazos, que decía la canción. Cuando una se queda embarazada no ve el momento de poder abrazar a su bebé. El tiempo se alarga y parece que nunca llega… Desgraciadamente creo que la maternidad y la vida moderna andan un poco reñidas en muchos aspectos. El embarazo, que deber ser un periodo de introspección y de calma, en el que la mujer pudiera centrarse en ella misma y en su bebé, frecuentemente se convierte en una carrera de obstáculos, contra el reloj biológico, contra tu jefe, a la búsqueda del último grito en gadgets para bebés…
Lo que curiosamente se denomina “la dulce espera” se ha transformado más bien en un “de susto en susto y tiro porque me toca“. Análisis, cribados neonatales, amniocentesis, el bebé es muy grande, el bebé es muy pequeño, hay mucho líquido, poco líquido, está de nalgas…
El sexo del bebé se puede llegar a convertir en una serie de sobresaltos, ahora es niño, ahora ya no. Las parejas se angustian incluso antes de embarazarse. Los test de embarazo compiten por ver quién es capaz de detectarlo antes, sin haber tenido siquiera una falta. Del parto mejor no hablar. Lo más habitual es que cuanto más cerca esté el momento más terror produzca. Las mujeres corren de acá para allá, al trabajo, al médico, al pediatra con el mayor, a matronatación, con sus tripas enormes, y nadie es capaz de dejarlas sentarse en el autobús. Y encima hay que estarse preocupando por las estrías.
Aunque de siempre se ha dicho que el estado emocional de la madre influye directamente en la salud del bebé, los últimos estudios demuestran lo importante que es cuidar del aspecto psicoafectivo del proceso. El estrés durante el embarazo dispara el índice de partos prematuros y niños de bajo peso al nacer. Los bebés nacidos de madres estresadas tienen más posibilidades de sufrir enfermedades como la depresión o dificultades en la adaptación a su propio estrés, hiperactividad, etc…, en su infancia e incluso en su vida adulta. Vayamos teniendo estas cosas en cuenta.