Exámenes

Exam

Pues ya están aquí. Los que tengáis niños más pequeños aún estáis libres de preocupaciones, pero todo llegará. El sistema educativo español persiste en imponer los exámenes de toda la vida como método de evaluación de los conocimientos adquiridos.

Controles, controles y más controles, con las aulas cada vez más masificadas (dentro de nada volverán los viejos tiempos en los que una sóla maestra tenía que controlar a cuarenta y tantos niños) entiendo que cada vez es más difícil para un profesor conocer en profundidad a sus alumnos, mucho más cuando en algunos centros el tutor sólo comparte con ellos unas dos horas diarias desde segundo de primaria (hablo por experiencia). Así que probablemente y dado que el Ministerio exige que se acredite que los alumnos han alcanzado determinados objetivos, se los examina. Y fin de la historia.

En tercero de primaria aparecen los globales. Que no estarían tan mal si no se cargaran de un aura de terror que únicamente consigue que los niños se estresen. Porque se puede examinar sin meter miedo, pero…

Aquí estamos, en una semana llena de exámenes que se vive con más o menos ansiedad. Tener a un niño de ocho años estresado no es plato de gusto y el primer consejo es que seas tú la primera que le quite importancia al tema. La vida es muy larga y no pasa nada si en noviembre no sabes lo que son los equinodermos – de hecho no pasa nada si no lo sabes en la vida, ¿alguien en la sala que sepa lo que es un equinodermo?.

Restarle importancia y no hacer demasiado alboroto, como digo, es fundamental. Un “si ya te lo sabes” puede hacer milagros, porque en un exámen además de lo que se ha aprendido juega un enorme papel la capacidad de mantener la calma. También con ocho años.

Estoy viendo estos días a padres preocupadísimos que transmiten a sus hijos todo el miedo. ¿A qué? ¿Al fracaso? Suspender un exámen a los ocho, los diez o los veinte años no es ningún drama, no va a condicionar el futuro de tu hijo y sobre todo no significa que sea mejor o peor que el resto. Mirar a los demás es malo para la autoestima, siempre hay alguien más listo, más guapo o más afortunado que tú.

Llegar a casa cansado del trabajo y tener que poner a repasar los huesos y músculos del cuerpo humano puede ser toda una prueba de paciencia, sobre todo si en medio tienes que conseguir que se duchen y que no se te quemen las croquetas. Tomárselo con calma es la clave, no importa que reconozcas que no te acuerdas de dónde anda el esternocleidomastoideo, de paso así informas a tu hijo de que tampoco importa tanto no saberlo. Calma y tranquilidad. Y tratar de no perder las rutinas, si es que las tenéis. Darle al asunto un aire de normalidad, manteniendo las extraescolares o los días de visita al abuelo por ejemplo, es siempre una buena idea.

Y por supuesto, para superar los exámenes la homeopatía puede ayudarte. Con tu hijo para controlar las pesadillas, el miedo o la angustia que enfrentarse a este tipo de situaciones provoca. Pero sobre todo contigo. Para combatir la ansiedad. Si los exámenes de tus peques te están poniendo de los nervios consulta con tu médico, él puede ayudarte a sacar sobresaliente. Y eso a pesar de que sigas confundiendo el cúbito con el radio, que no pasa nada. ¿A que no?

Foto | Albertogp123

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