Peleas entre hermanos

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Que los hermanos discutan y se peleen es normal, además de frecuente. La edad de diferencia, las etiquetas que a veces no podemos evitar poner y sobre todo la falta de herramientas para la gestión de las peleas con las que cuentan los adultos son algunas de las causas de que las peleas puedan llegar a ser muy habituales e incluso bastante desagradables, además de agotadoras.

La convivencia en familia es difícil, todos los que tenemos más de un hijo lo sabemos, pero aprender a convivir en familia de una forma sana es fundamental para que nuestros hijos adquieran valores y recursos que les permitan después vivir en sociedad, en sus propias familias o en otros entornos.

Las peleas entre hermanos son míticas en la historia de la humanidad. Y si no que se lo digan a Scar y Mufasa, y al pobre Simba de El Rey León.

El ser humano evolucionó en la naturaleza viviendo en tribus, más o menos grandes y, dependiendo de la época y los recursos las tribus compartían espacios y actividades constantemente, incluyendo por supuesto a los niños. La organización era, por tanto, muy distinta de la actual.

La familia occidental, compuesta de padre, madre e hijos, es de hecho un “invento” bastante moderno, que fue evolucionando a partir de la familia rural (mucho más extendida) al mismo tiempo que se producían las migraciones desde el campo a las ciudades. De hecho, la familia como hoy la conocemos nosotros no existe en muchas partes del mundo.

Este tipo de organización genera situaciones que probablemente difieren de las situaciones en las que el ser humano nació y creció. Por ejemplo, la edad de diferencia entre los hijos probablemente era mayor en la antigüedad, cuando la lactancia materna podía prolongarse según los antropólogos hasta los siete años, funcionando además como un método anticonceptivo no cien por cien eficaz pero bastante efectivo.

Otro ejemplo es la relación con otros niños. En las relaciones entre pares (iguales) empiezan a gestarse las primeras relaciones verticales en las que el niño, que depende del adulto, puede ocupar un lugar superior en la jerarquía. Al principio no había colegios. Los niños no se educaban segregados de otros niños por edad ni por sexo y por supuesto no quedaban a cargo de un único adulto.

Las relaciones entre hermanos han de cumplir esa necesidad de aprender a relacionarse con otros, que son iguales, pero diferentes (por edad, por sexo, por habilidades). En familias nucleares, donde no hay primos y en una sociedad en la que cada vez vivimos más aislados incluso de nuestros vecinos, toda la tensión se acumula por tanto en estas relaciones.

Gestionar bien las relaciones entre hermanos permitirá que en el futuro nuestros hijos se relacionen de forma sana con otras personas, que serán iguales pero diferentes, mitigando la falta de tribu de la sociedad actual.

Hoy os dejamos unos consejos para prevenir y gestionar las peleas entre hermanos. Esperamos que os sean útiles.

1. Nunca comparar. Las comparaciones son odiosas y entre hermanos son fuente de envidias y rencores que pueden persistir incluso en la vida adulta

2. Dar a cada uno lo que necesita. Muchas veces los padres, en un intento de ser justos, tratamos a todos los hijos por igual. Esto es un error. Cada niño es una persona única y diferente, con su carácter propio y sus propias necesidades.

3. Intentar que no sea siempre el mismo el que ceda

4. Practicar la escucha activa. En los conflictos entre hermanos, sobre todo cuando son muy pequeños, hay que intervenir sin juzgar, procurando escuchar a las dos partes. Aunque la mayoría de las veces no llegarás a ninguna conclusión

5. No castigar. Las peleas son algo normal y, excepto que hayan llegado demasiado lejos, no suponen más que una forma de hacer valer los intereses propios. Los conflictos entre seres humanos son inevitables y no son reprobables, lo reprobable es la forma de gestionarlos

6.
Ayudar a tus hijos con recursos de comunicación asertiva y herramientas de negociación. Instarlos a que encuentren puntos de encuentro. Poner ciertas reglas o turnos

7. Tratar de pasar tiempo a solas con cada uno de los hijos, practicando actividades “especiales” con cada uno

8. No agobiarte. Sentirse culpable no es nunca un buen recurso. Las peleas, como todo, pasarán

 

Foto | Lida Rose

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