Vuestras historias: Lucía y el Colecho

Como hacemos de vez en cuando hoy volvemos a contar historias personales, de todas vosotras que integrais esta red de madres, en primera persona. Porque todas las historias se parecen mucho, pero cada una tiene su parte especial, íntima y por eso es única.

Hoy os traigo una preciosa sobre colecho. Colechar sigue estando mal visto en casi todo el mundo occidental. A ratos incómodo – a veces es difícil dormir con un pie en la boca o unas rodillas empujando contra tus riñones – a ratos placentero – no hay nada mejor que el calor de tus cachorros en los largos inviernos. Colechar es la opción por la que yo opté, al menos mientras los riñones sobrevivan. También es la opción que escogió Lucía. Os la dejo, a ver si os gusta.

Lucía y el colecho

Cuando nació mi hijo no había leído nada sobre el colecho, no sabía siquiera lo que era. Yo, simplemente, tenía preparada su habitación, pintada en azul, con dibujos de coches por las paredes, su precioso cambiador y por supuesto, lo más importante, la cuna, allí, en medio, presidiendo la estancia. Orgullosa, sonriente y al final, burlona.
Sin embargo, Manu tenía otros planes desde su primer minuto de vida. Le faltó sacarme la lengua cuando intenté que se quedara tumbadito en la cuna de plástico del hospital. Era imposible, parecía que se reía de mi. Yo que era una madre modelo que había seguido uno por uno los pasos sobre decoración de habitaciones infantiles… Frustración, vergüenza, qué estaré haciendo mal, todos los bebés duermen en sus cunitas, es tan bonita, ¿por qué no te gusta?
Las opiniones de la multitud de sabios que habitan en el mundo tampoco ayudaban, al contrario, llanto y rechinar de dientes, sudores, preocupaciones. Al final, fue Manu, con su insistencia, su obstinación y su gran sabiduría quien me condujo hacia ese camino, el camino de los brazos, los besos, el contacto y finalmente el colecho.

Colechar, precioso verbo. Dormir juntos, despertar juntos y ver esa sonrisa. Despertar por la noche y verle ahí, pegado a mi costado, con sus piernas encima de mi tripa y oír su respiración suave, tranquila y relajada. Poder estar disponible en cuanto me necesita. ¿Un mal sueño? Tranquilo, mamá está aquí, a tu lado, preparada y dispuesta a espantar a los monstruos que te están molestando. ¿Te abrazo? ¿Te beso? ¿Te canto? ¿Te mimo? ¿Te mezo? ¿O, simplemente te quiero?

Colechar, precioso verbo. Preciosa manera de vivir la maternidad. Precioso tú, que me has enseñado como se deben hacer las cosas. Preciosos cuatro años que me has regalado durmiendo juntos. Cuando quieras, cuando estés preparado, ese será el momento en que juntos, tú y yo, pintaremos tu habitación, del color que elijas, pegaremos coches o dinosaurios o camiones y te irás. Te irás porque estarás preparado, estarás tranquilo y sabrás que siempre estaré cuando me necesites, cuando tengas miedo cuando quieras. Pero de momento seguiremos colechando.

Colechar, precioso verbo.

Podéis mandar vuestras historias, como siempre a nuestro correo sermamas@gmail.com

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1 Comentario

  1. maria 10 mayo 2013

    Vaya, yo no lo habria descrito mejor. Me he emocionado e identificado con estas palabras tan simples y certeras. Yo tambien colecho con Julia desde el primer dia, con un parentesis de dos o tres dias q me deje llevar por bienintencionados consejos, pero q tanto a mi niña como a mi nos partian por dentro. Nunca mas. Cada dia
    Es especial porque me despierto contigo. Cada noche es unica porue me acurruco a tu lado.
    Gracias por dejar que me expresara.
    Maria

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