Tu hijo es único

eco

A mí antes no me gustaban los niños. Sin embargo desde que soy madre me da la sensación de que todos los niños tienen algo especial, la sonrisa, el brillo de los ojos, los remolinos del pelo, una nariz respingona o una especial dulzura…Nace un niño e inmediatamente la madre piensa y sobre todo siente que su hijo es el mejor, que no habrá nunca otro que lo iguale, aunque sea el tercero de la familia y aunque los mayores no dejen nunca de ser también los mejores.

Y sin embargo llega un momento en que los adultos nos empeñamos en cambiarlos. La sociedad nos quiere uniformes, homogéneos, porque las personas que se saben especiales son más díficiles de manejar. Y así, desde que llega a casa empieza a ponerle etiquetas a nuestra maravillosa criatura: que si no duerme bien, que si come mal, que vaya como llora, que mira que es inquieto o que qué poco se mueve.

Gestar, parir, criar y educar a un hijo son la mayor responsabilidad que puede adquirir un ser humano y en el camino, presionadas por la sociedad y el sentimiento de culpa, muchas veces nos olvidamos del verdadero significado de la palabra educar.

Del latín ex-ducere, educar significa conducir, guiar, pero si nos fijamos en el prefijo educar también significa “sacar”, es decir guiar a nuestro hijo potenciando sus habilidades interiores, sacando hacia fuera todo lo bueno que tiene, para que lo desarrolle y crezca como persona. Eso que los adultos denominamos autoestima y que la mayor parte de nosotros tenemos tan lesionada, no proviene más que de una educación que acepte a cada individuo por sus características únicas y que le haga madurar aprovechando todo lo bueno con lo que ha nacido, que siempre es mucho.

El punto de inflexión en la recuperación del violento parto de Ana se produjo cuando, leyendo sobre las consecuencias del nacimiento por cesárea, un día caí en la cuenta de que a mí mi hija me gusta tal y como es, con todos sus defectos y virtudes; y que probablemente ella no sería exactamente igual si no hubiera nacido como nació. Dulce, sensible, cabezona, caprichosa, rebelde, adorable, arisca, generosa, blanda, sociable, amistosa, espabilada, mentirosilla, competitiva, encantadora, tierna…Mi hija es única y yo la quiero, igual que quiero a Lara aunque sean totalmente distintas.

Si hay algo que mis hijas me han enseñado es eso, que los niños son personas y que cada persona es única. Y si mis hijas son únicas y se merecen lo mejor, entonces yo, que soy su madre, también soy única, también soy especial.

Querer a mis hijas me ha devuelto tanto que lo mejor es cuanto más me quiero ahora yo, con todos mis defectos, con todas mis virtudes. Por lo que soy y no sólo por lo que hago.

Todas las experiencias vividas te han convertido en quién eres, no existen los errores si al final a quién encuentras es a ti.

Al fin y al cabo, no habría regalos de Santa Claus si Rodolfo no tuviera la nariz roja.

Tu hijo es único. Y tú también.

Foto | Parker Michael Knight

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2 Comentarios

  1. Caro 16 diciembre 2011

    Qué grande eres, pequeña 🙂 gracias por recordar cosas TAN importantes.

    :***

  2. sonia 7 marzo 2012

    Cada hijo es único, llena nuestras vidas de amor y felicidad!
    Les recomiendo a todas las mamitas esta página que me gusto mucho. Espero les sea útil.
    http://www.materna.com.ar
    Cariños..

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