Septiembre

madre

Llega septiembre y este año además con un clima bastante otoñal. He de decir que en Madrid ha amanecido nublado y hace frío. Septiembre es para muchos el comienzo del año, sobre todo para los niños.

Después de un verano que hemos procurado a conciencia haya sido de lo más “salvaje”, mucha calle, mucha playa y piscina y actividades al aire libre y cero deberes, volvemos a la normalidad. Sobre todo a partir del día siete, que Ana empieza otra vez las clases, este año ya definitivamente en el “cole de mayores”, porque comienza la Primaria.

La vuelta a la rutina va a ser dura, lo sé. Y ya veremos cuántas cosas se le han olvidado este verano cuando empiece el curso, pero, sinceramente creo que los niños de ahora juegan demasiado poco, mucho menos de lo que jugábamos nosotros y el verano es “sagrado”.

Así, ha llegado septiembre y claro, yo ya empiezo a sentir todo el peso de la ambivalencia materna. Por un lado ese ¡qué bonito que se hagan grandes! y por otro ese ¿dónde se quedó mi precioso bebé? Por un lado ¡oh, qué pena, se acabaron las vacaciones! y por otro ¡Dios mío, gracias, se acabaron las vacaciones, necesito unas vacaciones!

No sé si es por imperativo social o por cuestiones biológicas, o por ambos quiero creer, llega un momento en que las madres necesitamos desprendernos un poco de nuestros hijos y nuestros hijos necesitan desprenderse un poco de nosotras. En el camino hacia su autonomía los niños empiezan por querer vestirse solos y acaban no queriendo que vayas a buscarlos al colegio. Mucho antes de lo que imaginamos. Nosotras, probablemente, necesitamos espacio, por una programación biológica que ya no es necesaria hoy en día, pero que permanece en nuestra naturaleza: para tener otro bebé necesitas que el mayor crezca.

Por eso hoy, que empieza el año, vuelvo a repetirlo. Disfruta de tus hijos mientras puedas. Se hacen grandes rapidísimo y finalmente ellos te necesitan a tí mucho menos que tú los necesitas a ellos. Tu presencia, tus consejos, tus abrazos, llegará un día en que si todo ha ido bien, no les sean imprescindibles, sólo complementen su vida en una de sus múltiples facetas. Aprovecha el tiempo, alárgalo todo lo que puedas, no es sólo que sea una gran inversión de cara a su salud futura, es que es ahora o nunca.

Aprovecho hoy para volver a reivindicar el derecho de las mujeres (y también de los hombres, ¿por qué no?) de pasar todo el tiempo que quieran con sus hijos pequeños, de criarlos y educarlos ellas mismas, de sentir que la maternidad es una inversión, que su trabajo de criadoras-amamantadoras-psicólogas-organizadoras es reconocido como un bien social. Que todos cuentan. Sobre todo porque yo he tenido la suerte, tremenda suerte, de poder criar a mis hijas hasta que ya no lo hemos necesitado. Porque yo no he tenido que separarme de ellas a las 16 semanas, cuando es tan difícil que hasta duele. Y sé cómo se disfruta, y sé cómo cambia y sé que ese sentimiento de vinculación que es además de emocional, física, no se acaba, pero se va transformando y más tarde ya no es igual.

Empieza septiembre y yo estoy en esa ambivalencia que trae la maternidad a medio plazo. A mí aún me queda Lara en casa, ya que por sus circunstancias especiales no conviene que vaya a la guardería a pesar de que yo tenga que trabajar. Así que en esas estoy, en la dicotomía ¡Bien, tengo a Lara otro año más en casa!/¡Ay, que tengo a Lara otro año más en casa!

Foto | LaserGuided

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1 Comentario

  1. Pilar 1 septiembre 2010

    jajaja precioso post!!
    Pienso igual que tú, hay que aprovechar hasta el último rato que puedas con tus hijos, porque crecen rapidísimo…y cuando te das cuenta te dicen “mamá, no me beses delante de mis amigos” 🙂

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