Sala de madres

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La mamá de Mateo me pasó un relato de Lactabia en la que describían el servicio de neonatos del 12 de Octubre, de Madrid. Si tengo que explicar lo que sentí a leerlo me faltan las palabras, cosa muy rara en mí. La descripción es buenísima, por un momento estuve de nuevo allí, durante un instante reviví aquellos 49 días intensos, aquel pasillo interminable, la penumbra, el silencio de las noches…las alarmas… Y sin embargo al cuadro le falta algo, una habitación, pequeña, que casi pasa desapercibida y sin embargo tan fundamental que creo que sin ella el servicio no sería lo mismo. Normal que falte, porque es una habitación privada.

La sala de madres. Unas cuantas mesas de esas de colegio, en U, con cinco o seis sacaleches hospitalarios, un fregadero y una nevera. Varios pósters sobre lactancia materna adornan las paredes y en la puerta un chiste gráfico, recortado de un periódico que dice algo así como “con la crisis sube el precio de la leche y Zapatero recomienda lactancia materna hasta los 49 años”. En las mesas el horario de las reuniones de la Liga de la Leche y en las sillas, ellas, las madres.

Están las aturdidas, las que acaban de llegar, deambulan desorientadas, sin saber qué decir. Y las emocionadas, las que ya se van, se mueven nerviosas, sin saber qué esperar. Asustadas, tristes, esperanzadas, silenciosas, parlanchinas, animadas, resignadas, luchadoras. Las que te dan una palabra de aliento, las que lloran contigo. Las que cuentan su historia, las que escuchan la tuya. Un tiempo para chistes, para cotilleos, desconecta, ¿quieres un poco de bollo?, esto no funciona, enchúfate los dos, que se estimula más, ya no me quedan ganas, ya no me queda leche, sí que te queda, ¡¡¡mira!!! si en tres días te vas…

Nada te prepara para tener un hijo prematuro o enfermo. El torrente de emociones que te sacude es difícil de explicar en palabras. La vida en la UCIN es agotadora, extenuante. El cansancio te cala hasta los huesos, desesperanza, tristeza, impotencia, envidia, vergüenza, culpa y miedo, tantísimo miedo. Caer en un buen servicio de neonatología es fundamental, el apoyo del personal es impagable, los avances de la ciencia un milagro. Gracias a estupendos profesionales los prematuros tienen cada día más posibilidades de sobrevivir sin secuelas. El método canguro, el apoyo a la lactancia, la empatía, el cariño…ninguna de esas cosas se me van a olvidar. Pero la sala de madres…la sala de madres…

Madres valientes, sin vosotras yo no estaría hoy aquí.

Gracias Carolina por traerme el recuerdo.

Dedicado a las mamás de Huguito, Álvaro, Diego y Jorge, Hugo, Carla y Natalia, Bambú, Joan Mateo, Carlos, María, Luna, Lourdes, Marcos, Illán, Aaron y a la abuela de Candelita y tantas otras más. Y a todas esas madres que luchan cada día por sus hijos.

Foto | Lara, peso al nacer 1,100 kg. 21 meses de lactancia materna. Y subiendo.

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3 Comentarios

  1. Caro 4 Mayo 2010

    Irene, tú si que me has dejado a mi sin palabras 🙂 y con los ojos humeditos, igual que cuando leí el relato de Lactabia 🙂

    Desde luego que nadie está preparado para las eventualidades… 1,100… madre mía 🙂 y madre suya, 21 meses de lactancia (me quito el sombrero)

    Y no he estado nunca allí, pero soy capaz de ‘respirar’ el ambiente de esa sala. Mujeres que ayudan a otras mujeres, y a otros bebés que no son los suyos. Vuelvo a decir, qué afortunados, todos los que dan y todos los que reciben…

    Mi cumpleaños esta cerca, voy a pedir un banco de leche en cada hospital cuando sople la vela 🙂

  2. Author
    Irene Garcia 4 Mayo 2010

    Muchas gracias a tí. Me has traído muchos recuerdos, de verdad. Ya te dije que tuve mucha ayuda :). Se aprende un montón de todas esas mujeres. Igual tengo suerte y alguna lo lee.

  3. Ileana 28 Julio 2010

    Qué emocionante este post, se me había escapado.
    Un abrazote!!!

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