No me deben nada

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Ando estos días leyendo y pensando mucho sobre las implicaciones de la educación de los hijos en su vida adulta y por extensión en la nuestra, que somos sus padres. Más allá del maltrato evidente que pueden constituir las palizas, los azotes, los insultos o la negligencia existen otro tipo de violencias más sutiles, que pasan desapercibidas y son por tanto mucho más difíciles de erradicar.

Principalmente porque muchos de nosotros hemos sido educados en este tipo de violencia la hemos normalizado y podemos caer en el error de usarla con nuestros propios hijos mucho más frecuentemente que los azotes puntuales, esos que se producen cuando te quedas sin recursos y preso de la ira. Las violencias tienen efecto acumulativo y una comunicación violenta puede tener a la larga los mismos efectos destructivos que el maltrato físico más evidente.

El chantaje emocional del que hablaba Mireia Long en Bebés y Más hace un par de días es una de esas violencias blandas y sus efectos no se circunscriben sólo a la infancia. El tipo de relaciones que se construye con los hijos cuando son pequeños y totalmente dependientes no deja de existir cuando se hacen adultos y así, en lugar de adultos libres criamos adultos que sólo son capaces de establecer relaciones tóxicas con otros adultos en reflejo de la que tienen con nosotros. Jefes, parejas, amigos…todas las relaciones humanas están impregnadas por el tipo de relación que tenemos con nuestros padres.

“Con lo que yo he hecho por ti y así me lo pagas”. Suena muy dramático, pero detrás de esta frase que más de uno habrá oído de su propia madre, existe toda una infancia de chantaje emocional. Ese que apela al sentimiento de culpa o al miedo a dejar de ser queridos como medio para obtener algo. Pedir algo a cambio de amor.

El amor no se intercambia, se da. Por lo menos el amor a los hijos. Con la tremenda fortuna de que tus hijos son tan generosos que te lo devolverán con creces, perdonando, cuidándote incluso desde que son pequeños y sin que tú siquiera lo sepas, incondicional, hagas lo que hagas, un amor así hay que cuidarlo. Detrás del chantaje emocional siempre hay una concepción equivocada de lo que es el amor, como si el amor fuera un libro de cuentas o se pudiera cambiar por chuches, un deseo inconsciente de cambiar o dominar al otro, un miedo terrible a nosotros mismos y sobre todo una falta enorme de respeto.

Mis hijas a mí no me deben nada. Y no me deben nada porque están aquí porque yo he querido. Y como están aquí porque yo he querido merecen que yo las proteja, incluso de mí, que las cuide y las quiera y las bese y las consuele y las mime sin esperar nada a cambio. Si acaso soy yo la que les debe a ellas. Me han dado enseñanzas, sonrisas, ganas de vivir y fuerza, consciencia, consciencia y mucha más consciencia. Les debo mi amor.

Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.

Eres responsable para siempre de tus hijos; puedes esperarlo, desearlo o necesitarlo pero nunca, nunca puedes exigirlo al revés.

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1 Comentario

  1. Esther 24 julio 2012

    Me parece que llevas toda la razón del mundo..los hijos están porque hemos querido que estén…odio el chantaje emocional. “si no haces esto no te quiero..” típica frase..

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