Navidad. Adornar la casa

abeto

Me podéis llamar lo que queráis, pero a mí la Navidad siempre me ha gustado. Y mucho más desde que tengo hijas, eso está clarísimo. Tal vez sea porque en mi familia no nos llevamos del todo mal – aunque podríamos mejorar bastante nuestras habilidades de comunicación, todo hay que decirlo – tal vez porque aún me queda aquel poso de felicidad que sentía cuando venían mis primos de Alemania a los que sólo veía como mucho dos veces al año, tal vez es porque me gustan las gambas o porque adoro el rojo, tan típico de estas fechas, o porque puedo colorearlo todo de dorado y purpurinas sin que me llamen cursi…no sé.

El caso es que, consumismos aparte – en mi familia tampoco es que nos volvamos demasiado locos, claro que gastamos más, pero mi madre muy apañada compra mucho antes de que suban los precios – a mí la Navidad no me parece como asegura todo el mundo una época de hipocresía y falsedad y de felicidad obligatoria. Yo en Navidad suelo ser feliz, o al menos estar más contenta. Me gustan las reuniones familiares, me gustan los polvorones y sobre todo me gustan los Reyes Magos, aunque ahora sólo traigan para los más pequeños.

Y con las niñas me gusta adornar la casa. Supongo que como todo el mundo guardamos los adornos de un año para otro, incluyendo un árbol feísimo de los chinos que escogió Ana en su día, así que no hay nada que gastar. Si se da el caso – que yo pase por alguna tienda que venda adornos – tal vez compramos alguno nuevo. El año pasado no tocó nada, pero este año tenemos un reno monísimo de peluche en la puerta.

Y la casa llena de espumillones. Hortera 100% y a la vez muy alegre.

Pero lo que más me gusta, sin duda, es decorar los típicos dibujos navideños que puedes encontrar en montones de webs. Decorarlos, no colorearlos. Una vocación que descubrí el primer o segundo año de cole de Ana y que resulta que me ha convencido de lo súpercreativa que soy. Purpurinas, telas, papeles de todo tipo, cascabeles, algodón…cualquier cosa vale, sólo hay que mirar el dibujo y dejar volar la imaginación. Pasas un par de tardes pensando, un par de tardes divertidísimas llenándolo todo de pegamento y un par de meses quitando purpurinas hasta de los platos.

Porque el Amor se demuestra con hechos. Y decorar dibujos navideños es una buena prueba de amor.

Este año nos ha tocado un árbol. Para daros ideas os diré que el fondo es uno de esos papeles metalizados que se ponen en los Nacimientos para imitar el cielo, el abeto está hecho con trocitos de papel charol, los “espumillones” son de papel celofán, la estrella y la hierba son de purpurina y las bolas son cascabeles. Y no quiero despedirme sin antes comentar que mi hermana pegó los dos últimos, sin su ayuda no hubiera sido posible.

Animaos vosotros también a pasar unas tardes diferentes desarrollando ingenio y creatividad con los peques. Y si os gusta mucho, nos los mandáis ¿sí?

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