Las otras lactancias

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En un mundo ideal los bebés se engancharían al pecho de sus madres en la primera media hora tras el nacimiento. En una atmósfera cálida e íntima el bebé está programado genéticamente para arrastrarse sobre el vientre de su madre y encontrar la areola, que por algo se ha ido oscureciendo durante el embarazo, atraído sobre todo por el olor materno. Dicen que el olor de la leche materna recuerda un poco al olor del líquido amniótico en el que el bebé ha vivido y del que ha bebido durante nueve meses. Si los mecanismos naturales para preservar a las especies son impresionantes no lo es menos lo que se puede llegar a conseguir cuando, a pesar de tener la naturaleza en tu contra, se impone la fuerza de voluntad.

Tras el nacimiento de Lara, recuerdo; CIR severo, 1.100 kg de peso y 34 semanas de gestación, yo daba vueltas por los pasillos del servicio de neonatología en estado catatónico con el cacharrito del sacaleches en la mano. No hacía más que llorar, “no voy a poder darle teta” era increíblemente mi angustia principal en aquellos momentos. “¿Por qué no?” fue lo que me preguntó una neonatóloga en uno de mis paseos. Fue suficiente.

¿Por qué no?

Mi relactación de Lara fue más o menos así.

Lara nació sobre las diez menos cuarto de la mañana de un martes, por cesárea. Nada más sacarla la dejaron un momento sobre mi panza abierta y me incorporaron ligeramente para que pudiera verla. Era tan pequeña…Lloraba como una endemoniada. Tras esto Lara fue a la incubadora y yo a Reanimación. Toda mi familia pudo entrar a verla y después hablar conmigo para decirme que estaba bien, que no me preocupara. Yo movía las piernas sin parar, tratando de eliminar el efecto de la epidural lo antes posible. Pedí todos los analgésicos que hicieron falta e incluso recuerdo que le dije a la enfermera de turno algo como “vamos a llevarnos bien”. A las diez de la noche, doce horas después, me dieron permiso para levantarme. No esperé a que vinieran a ayudarme. A esas horas el servicio de neonatología está casi desierto, en penumbra, todo parece un poco fantasmal.

Tras sacar a mi pocket-Lara de la incubadora me la metieron directamente dentro del camisón, y Lara encontró el pecho. Me dieron los artilugios para sacarme leche y allí mismo extraje 10 mL de calostro dorado, que una auxiliar cargó en una jeringa casi con reverencia. A partir de ahí comencé a estimular el pecho casi compulsivamente. Cada dos horas, cada hora y media, cuando sentía la necesidad, física o emocional. Una y otra vez. De día y de noche. Con Lara en brazos, sola en la sala de extracciones en planta, en la sala de madres de Neo. Y seguí haciéndolo cuando me dieron el alta.

Por las noches, por no poner el despertador para no molestar a Ana, que aún dormía conmigo, bebía un par de vasos de agua antes de acostarme para asegurarme de que me despertaría, aunque fuera por las ganas de hacer pis. Vi a Phelps ganar todas las medallas, como en el día de la marmota. La tele, el sacaleches y yo a la una de la noche, a las cuatro de la madrugada, a las siete de la mañana. En la UCIN, en la sala de madres, en casa de mis padres a la hora de comer…

Tras un par de semanas intensivas llegué a sacar más de litro y medio de leche diario. La congelaba y después, cuando Lara estaba a punto de llegar a casa, la doné al banco de leche materna del hospital. Ya no necesitaba extraerme tanto de noche. Me sacaba a la una de la mañana y después a las seis. Unos días después a la una de la mañana y después a las siete…Después de 27 días en la UCIN y ya en cuidados intermedios Lara mamaba a demanda durante las doce horas al día que yo pasaba en el hospital, haciendo el método canguro. Pesaba un kilo y medio. Y siguió mamando a demanda hasta…en realidad hasta hoy mismo.

Mi relactación, como tantas otras relactaciones o lactancias inducidas, sólo tiene un secreto: mi motivación. Mi motivación y el apoyo tanto del personal sanitario como de toda mi familia. Yo quería darle el pecho a mi hija. Por encima de todo lo demás.

Y aquí estamos. Querer es poder.

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8 Comentarios

  1. Ileana 14 octubre 2010

    PUfff… hoy estoy llorando como una endemoniada…

    Gracias. Un abrazo.

  2. estanjana 14 octubre 2010

    Tendría que promoverse más la lactancia en prematuros y más en situaciones como la tuya
    Tengo los pelos de punta, enhorabuena!!

  3. Patricia 14 octubre 2010

    Vaya gracias. Esta semana me sentía un poco daun pensando en amigas cercanas a quienes no he conseguido “ayudar” con la lactancia. Básicamente porque ellas no querían. No querían y punto (una incluso dice que detesta como huele y que quiere acabar cuanto antes para dejar de oler a leche). Historias como la tuya me animan, me alientan. Es la motivación. Es eso.

  4. Louma 14 octubre 2010

    Nena, como me has hecho llorar acabada de abrir los ojos…

    Un abrazo, a las dos valientes!

    Louma

  5. Llanos 14 octubre 2010

    Nena. Estoy a punto de llorar, y en el curro me van a mirar mal si me pongo a moquear ahora.
    Felicidades guapa.

    Perdon, felicidades guapaS. Sois unas campeonas.

  6. Author
    Irene Garcia 14 octubre 2010

    Bueno, no sólo de motivación vive el hombre. La verdad es que cuando nació Lara yo ya llevaba un buen trecho recorrido en esto de las maternidades accidentadas xD. La lactancia de Ana, increíblemente, me costó más disgustos, físicamente hablando. Con Lara yo ya sabía a quién acudir en caso de “problemas” y eso hace mucho.

    De todas maneras, Patricia, sí que es verdad que si te dedicas a esto tienes que aprender a dejar a la gente que no quiere hacerlo. Es parte del “trabajo”. La falta de motivación puede venir de muchos sitios, poca aceptación de una misma, de los procesos naturales, poco apoyo del entorno…A las mujeres muy racionales nos cuesta mucho más adaptarnos al caos que se presenta cuando llega un bebé, en todos los aspectos, no sólo en la lactancia. Pero además, la lactancia necesita mucha desinhibición…

    Muchas gracias, chicas. 🙂

  7. Miren Vives 14 octubre 2010

    Enhorabuena, Irene, Lara y Ana (por la parte que le toca). Lo que has contado me parece realmente emocionante y muy instructivo. Es verdad que sólo con motivación no se puede, pero realmente es lo más importante. Admiro la fuerza que demostráis las madres de prematuros y/o bebés con problemas. Creo que también es una manera de sanar la herida de una cesárea (haya sido por una emergencia o no)o un parto traumático.
    Repito mi enhorabuena.

  8. isabel 15 octubre 2010

    Enhorabuena, me he emocionado mucho leyendo tu historia, yo tuve algo parecido aunque mi niña no tuvo que estar en la incubadora pero tambien nacio por cesarea y yo estuve en reanimacion mas de 5 horas y tambien creia que mi niña no cogeria el pecho pero a base de paciencia y muchas ganas lo logré. Saludos

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