Historias de parto: María y Miguelito

Miguelito

Hoy continuamos con la rutina de los viernes compartiendo una de vuestras historias de parto. Hoy os traemos la de María, que nos cuenta como el latido de su bebé, el ambiente acogedor y la decisión de evitar más anestesia, ayudaron a que su hijo viniera al mundo de forma tranquila, entre besos y algún que otro taco xD.

Esperamos que lo disfrutéis. Como siempre, podéis mandarnos vuestras historias de parto nuestro correo: sermamas@territoriocreativo.es. Estamos deseando leerlas.

Historias de parto: María y Miguelito

Mi hijo nació un doce de enero a las 3:40 de la tarde, pero yo empecé a encontrarme mal algunos dias antes. Tres días antes de venir al mundo mi niño, un familiar me vio y me dijo «a ti no te doy mas de dos o tres dias» y qué razón llevaba. Me puse de parto el día 11, ese dia me levanté de muy mal humor, la cabeza me dolía horrores y todo me molestaba. Decidí irme a casa de mi madre, porque en definitiva no estaba bien y por lo que pudiera pasar.

Ya por la noche en casa estaba con mi marido en la cama viendo el CSI tan tranquila cuando de pronto me entraron unas ganas horribles de ir al baño. Cuando me faltaban apenas dos pasos para llegar al servicio noté como entre mis piernas se derramase algo. Fue una sensacion muy desagradable era como si me estubiese haciendo pis pero sin poder controlarlo. Entré en el servicio, me quedé de pie quieta sin moverme, llamé a mi marido y sin saber aún lo que me pasaba ya me venía con los pantalones y los zapatos puestos y dijo «niña que te has puesto de parto venga para el hospital».

Tenía un miedo tremendo pues todavía no esperaba a mi hijo, pues me adelanté casi un mes. Como ya he dicho como no esperaba a mi hijo aún no tenía el bolso preparado, así que tranquilamente me duché y preparé el bolso del niño y el mío y junto con mi madre, que vino a casa, fuimos al hospital. De camino me acordé de una amiga a la que esa misma noche llevamos al medico porque estaba mala y cuando la volvimos a dejar en su casa me dijo «no te vayas a poner de parto que estoy mala y no voy a poder ir a verte «.

Cuando entré en urgencias oía a la gente decir «esa chica va de parto». Fue algo que me resultó gracioso porque era algo que yo también decía en la misma situacion pero al revés.

Vino un celador con una silla de ruedas, pero como yo me encontraba bien decidí subir a partos a pie. La matrona me dijo que me desnudase de cintura para abajo y me dio una sábana para taparme, me exploró y me dijo que efectivamente estaba de parto pero que solo estaba dilatada de un centímetro y que la cosa iba para largo. Me dió el pijama del hospital y una bolsa para que metiese mi ropa. Cuando me vi con ese pijama que me quedaba terrible dije «madre mia donde me he metido». No tenía ganas de nada, sólo quería estar tranquila.  Menos mal que me pusieron en una hbitacion donde no había nadie más.

Cuando me meto en la cama y por fin consigo cerrar los ojos me empiezan las contracciones, primero cada 5 y luego cada minuto y medio. Eso sería más o menos la una de la mañana a las dos y media. Las contracciones eran más seguidas y mucho mas fuertes, sentía que el vientre me iba a estallar así que de nuevo me bajaron a partos. La matrona me volvió a explorar y me dijo que estaba dilatada de dos centímetros.

Me puso las correas y al escuchar el latido del corazon de mi bebe me relajé un poco. El ambiente ayudó a que sobrellevara mejor las cosas pues era yo la única que estaba en partos en ese momentos. Sólo tenían puesta una luz muy tenue  y una música muy relajante. Así estuve toda la noche asta que a las 8 y poco de la mañana ya no podía más.

Yo le decía a mi marido que pidiera por favor que me pusieran ya la epidural y no por el dolor, sino por que no podia más; estaba derrotada, estaba tremendamente cansada y quería que terminase pronto. A las nueve de la mañana vino el anestesista y por error me puso la anestesia raquídea, es decir que me durmió de cintura para abajo y me explicó que cada hora y media me iban a ir suministrando dosis de anestesia. Como no sentía nada, ni siquiera las piernas, logré descansar un poco.

A cada momento venían las matronas para explorarme para ver que tal iba y a las 3 de la tarde una de ellas me dijo «te aconsejo que no te pongas mas anestesia pues te esta retrasando el parto y como siga así vams a tener que hacerte cesarea». La idea de tener que hacerme una cesarea me horrorizaba así que decidí no ponerme más anestesia.

Cuando se me fue el efecto pero aún con las piernas sin poder moverlas me entraron unas ganas tremendas de empujar. Mi marido llamó a la matrona y cuando me exploró de nuevo dijo «pero si la cabeza ya esta ahí». Yo  le comenté a la matrona que quería dar a luz en la cama y tras 20 minutos empujando me dijo «mejor te voy a pasar al potro más que nada por si tengo que darle la vuelta al niño es mejor para mí hacerlo en el potro». Como ya he dicho antes aún tenía las piernas dormidas y tuvieron que llevarme a la sala de partos con la cama. El problema vino cuando ma iban a pasar de la cama al potro como estaba gordita, les costó. Incluso lo intentaron ayudandose con la sábana de las cama , pero lo único que consiguieron fue romper la sabana. Al final tuvo que entrar mi marido y ser él el que lo hiciese .

Estuve otros 20 minutos empujando en el potro. Noté perfectamente como la cabeza de mi hijo salía. La matrona me dijo si quería sacarmelo yo, pero como estaba tan nerviosa y las manos me temblaban tanto le dije que no y acto seguido le dijo a mi marido «anda que no podras decir que el niño no es tuyo por que tiene toda tu cara». En ese momento pensé «joder, por lo menos espera que termine de nacer». Seguí empujando hasta que por fin lo tuve sobre mi pecho. Ese primer contacto, ese primer encuentro con mi bebe fue el momento más feliz de mi vida. Su llanto me parecía canto de angeles y no podía dejar de llorar. Incluso ni si quiera me di cuenta de que me tuvieron que hacer un corte para ayudar a salir la placenta. Cuando por fin nos subieron a la habitacion ahí estaba toda la familia y amigos para conocer a Miguelito. Todos lloraban y reían y decían que era un bebé precioso y yo estaba super feliz.

Mi bebé cumple un año dentro de apenas un mes y creo que el ser madre ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida  Te quiero, hijo mio.

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