Historias de parto: Aurora

recién nacido

Hoy tenemos otra de vuestras historias. Historias de parto hay muchas y cada una tiene sus particularidades, pero cuando empiezas a informarte llega un momento en el que descubres que en el fondo son todas muy parecidas. Cada mujer vive su parto de una forma, y es obvio que lo que para mí pudo ser terrible, para otra puede no haber supuesto ningún trauma, pero la historia es la misma y el factor común suele ser el comportamiento del personal médico. No ajustarse a las recomendaciones de la OMS, regirse por protocolos obsoletos o intervenir por motivos no médicos son cuestiones que se repiten una y otra vez en los paritorios españoles.

Hoy os traigo la historia de Aurora. No es la historia de un parto feliz, pero es la historia de un parto útil. De esos partos que te abren los ojos y te enfrentan a la realidad de la atención al parto en España y en muchos otros países de nuestro entorno. Es obvio que en África están peor, pero también lo es que en Noruega están mucho mejor. Una de esas historias útiles, útiles porque sirven para que cada día alguna mujer más consiga su parto respetado.

Historias de parto: Aurora

Me llamo Aurora, tengo 34 años y hoy he soñado que nacía mi hijo Rubén. Nacía tal y como yo había deseado, en un parto respetado, donde la protagonista era la naturaleza. Donde mi cuerpo sabía en todo momento qué hacer. Sin necesidad de intervenciones. Nacía y la primera persona que le tocaba era yo, él me miraba, y hasta parecía que sonreía. Nacía y ya sabía mamar, sin necesidad de ayudas, sin necesidad de nada, simplemente nacía y sabía.
Nacía sin sufrimiento, nacía sano, nacía como se merece. Nacía, nacía, nacía.

Y es un sueño, claro, porque Rubén no nació, le nacieron. Y le nacieron mal. Parto provocado en la semana 40 porque sí, que acaba en cesárea. Me lo arrancan de mi, se lo llevan. Ni siquiera lo puedo tocar, me tienen atada. Lloro, tengo frío, tiemblo. No le oigo. ¿Dónde está mi hijo? Está bien, mujer. Quiero verle. Ya lo verás, a qué viene tanta prisa, luego te cansarás y querrás que se lo lleven los abuelos. Risotadas mientras me cosen las entrañas.

Mi hijo, el que no nació, ese al que obligaron a nacer. Pasan horas, nadie me lo trae. Estoy sola en reanimación. Yo no quiero reanimarme, yo no quiero descansar, yo quiero tener a mi hijo y ponerlo en mi pecho. ¿Dónde está? Mira que sois las primerizas, intenta descansar, mujer, que luego no te va a dejar dormir, jajajaja.
Me da igual, me da igual, yo no quiero dormir, la cabeza no para de darme vueltas. Estoy asustada, triste, preocupada y sobre todo derrotada. Derrotada porque me había informado, sabía qué quería y al final he caído en la trampa. Y sigo pensando en Rubén, cómo será, estará bien. Te quiero hijo, te quiero…

Pero me voy durmiendo, el cansancio, los nervios y soledad, me vencen. Me duermo y entonces sueño, sueño mi parto cómo debiera haber sido y no quiero despertar y volver a mi pesadilla. Sonrío y sigo soñando.

Foto | SCA Svenska Cellulosa Aktiebolaget

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