El parto es tuyo

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A estas horas hace seis años también era lunes y también hacía sol. Tras una maniobra de Hamilton de la que no se me informó y cuatro días con contracciones muy potentes, irregulares y nada dolorosas que habían conseguido ponerme de los nervios debido a la falta de información, me estaban ingresando en una clínica madrileña, para ponerme de parto.

Cuello de útero largo y centrado, permeable un dedo, absolutamente desfavorable. Yo no estaba de parto, pero nadie me lo dijo. Enema, vía, correas, oxitocina a chorro y muy malos modos, aguanté unas cinco o seis horas de hipersistolia e inmovilización bajo amenazas “si te mueves perdemos el latido y le pasa algo a tu hija”, tumbada sobre el lado izquierdo – no tumbarme sobre la espalda fue la única concesión que me hicieron, y cuando el monitor empezó a demostrar que Ana no estaba pasándolo demasiado bien, claudiqué. Justo después de terminar su consulta, comer y tomarse su cafecito en la cafetería, nuestro salvador acudió a practicarme una cesárea. Yo, epiduralizada, después de que un celador se hubiera subido encima de mi tripa tres veces para que la matrona pudiera monitorizar a mi hija, que había cometido el terrible error de ser pelona y después de que me dejaran bocaarriba y sola en el quirófano, tratando de girar la cabeza para no tragarme mi propio vómito (tú has comido, me gritaron cuando se dieron cuenta), dije que sí.

Si me hubiera dicho que me tenía que sacar el hígado también hubiera accedido. Estas cosas son así.

Ana nació en un parto violento, violento en todos los sentidos, física y psicológicamente. Dos horas después de nacer – fue a una cuna térmica en el nido porque ese era el protocolo – me la trajeron. Los detalles del parto siguen claros y brillantes en mi mente, pero no recuerdo qué sentí cuando la vi por primera vez. Mientras yo temblaba como la niña del exorcista gracias al efecto de la maravillosa epidural una enfermera me abrió el camisón y me puso a la niña en la teta. No lo hizo muy amablemente y después demostró no tener ni idea de lactancia, pero aún así, se lo agradezco. Porque ese es el primer recuerdo que tengo de Ana, Ana enganchándose a mí como una piraña y yo recuperando de golpe todo el calor.

El nacimiento de Ana marcó una gran diferencia en mi modo de ver la maternidad. Yo, feminista iracunda, descubrí de repente que los partos no son trámites, que un mal parto puede perseguirte durante años, que las cesáreas condicionan tu vida reproductiva y no sólo a nivel físico. Descubrí también que la forma en que alimentas a tu hijo importa, que la lactancia produce cambios en tí y en tu relación con el mundo, que es placentera y que sana.

Y por eso agradezco a mi matrona que fuera una bruja, porque así descubrí rápidamente que quién nos había salvado la vida había sido el mismo que la había puesto en peligro. Que lo que decía el informe no era “cesárea por sufrimiento fetal”, sino “cesárea por no progresión de la dilatación”. Aprendí que las maniobras de Hamilton pueden producir hipersistolia o hiperdinamia, que por la posición y la consistencia del cuello del útero se puede predecir cuando va a fracasar una inducción, que yo le debía puntos al índice de Bishop, cómo se diagnostica la pérdida de bienestar fetal y qué intervenciones la favorecen y que mis cinco horas con oxitocina sintética, inmovilizada y mordiendo la almohada para que no me regañaran por quejarme no habían sido más que una estupenda puesta en escena.

Descubrí que “las locas del parto” tenían razón cuando aseguraban que se hacen más cesáreas de las necesarias, que lo que ocurre en los paritorios es muchas veces violencia de género. Encontré miles de historias tan parecidas a la mía que hacían daño, conocí mujeres que habían pasado por lo mismo que yo, charlé con otras sabiendo como iba a acabar su historia. Me sentí culpable, asustada, desconectada, deprimida, enfadada e incluso sentí muchas veces envidia. Y un día comprendí que había llegado el momento de dejar de preguntarse porqué y comenzar a preguntarse “para qué”. Y decidí que no pensaba consentir que mis nietos nacieran así.

Por ellos, por vosotras estoy aquí. El parto es nuestro, que nos lo devuelvan.

Gracias.

Por dejar que acaricie tu piel suave, tu cabeza pelona, tu cuerpecito nuevo.
Por dejarme morder tus pies perfectos y todos sus deditos.
Por querer que te abrace y preferir siempre mis voz desafinada.
Por divetirte tanto bailando el vals conmigo.
Por dormirte en mis brazos, enganchada a mi teta.
Por morderme sin dientes en las mejillas.
Por llamarme con gritos y con pedorretas.
Por haberme elegido de chupete y de cuna.
Por echarte conmgio la siesta en el sofá.
Por venirte a mi cama cuando me quedo sola.
Por tu mano caliente si no puedo dormir.
Por sonreirme de lejos, por conocerme en el espejo.
Por dejar que me mire en tus ojos curiosos, de inocencia infinita.

Gracias por darme un nuevo día, por hacerme mejor, por salvarme de mí.
Por sujetarme al mundo.

Gracias.

Por el regalo de tu risa recién descubierta.

Felicidades, Ana, que cumplas muchos. El parto es tuyo.

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22 Comentarios

  1. Amor Maternal 22 noviembre 2010

    Ireneeeeeee… espera que me limpie los ojos para poder escribi… Me hiciste llorar, nena, eres una valiente, lamento mucho todo lo que sufriste, pero admiro muchísimo cuánto creciste, aprendiste, cómo lo has afrontando y vas superando día a día, ayudando a los demás, evitando que sean maltratadas como tú lo has sido. Te mando un abrazo inmeeeeenso y muchas bendiciones y felicidades a las dos en su día. Muack!

    Louma

  2. Nathalie 22 noviembre 2010

    Irene, eres toda una madre coraje ! Un dia te contaré tambien mis 21 horas de parto provocado por equivocación !
    Graçias por regalarnos el relato de lo que viviste, graçias por hacernos saber que no estamos solas las que han sufrido un parto doloroso y inducido, graçias por transmitirnos el coraje que tuviste en este momento tan delicado !

  3. Author
    Irene Garcia 22 noviembre 2010

    Muchas gracias, Lou. La verdad es que no he contado ni un 10% de las cosas. Escribir el parto de Ana es algo que aún tengo pendiente, lo voy retrasando … tal vez algún día, aunque no creo que lo publique xD.

    Nathalie, al contrario, me ganaron. No fui valiente y no tuve coraje, fui como tantas otras, una mujer asustada, muy asustada. Por suerte se me pasó ya, pero me costó mucho, muchísimo tiempo.

    Besos

  4. Ana 22 noviembre 2010

    ¡Felicidades princesa! El día que naciste me hiciste cambiar la forma de ver la vida.

    Irene, bonita, mil veces te lo he dicho y mil veces te lo diré, gracias por mi parto, mi parto fue tuyo, y a ti te lo debo.

  5. soc mare 22 noviembre 2010

    Irene!!! que preciosidad de texto. Me he emocionado.
    Felicidades a Ana y a ti, por seguir adelante, por ser capaz de escribir:
    “Gracias por darme un nuevo día, por hacerme mejor, por salvarme de mí.
    Por sujetarme al mundo”.
    Porque al leerte te he sentido tan cerca.
    Un abrazo desde lo más cálido de mi alma.

  6. silvina 22 noviembre 2010

    Ay ay, que lindo! estoy con mi gorda en la teta y con los ojos llenos de lagrimas!

  7. Fran Loud 22 noviembre 2010

    Jo… estoy aquí llorando en la oficina… doy fe. Cuando te trajeron a la habitación (que nadie te hacía caso porque todos nos estábamos pasando a Ana de mano en mano), parecía que eras la víctima de un atentado y no una madre nueva. En fin. Está claro que puedes desquitarte (a medias) aunque sea con palabras. Muchos besos.

  8. Dessy 22 noviembre 2010

    que belleza, el dolor, el miedo o lo que sea vivido en ese momento te ha ayudado a madurar como a todas al final, soy compañera de dolor pero asi seguiré y a mi ultimo bb en camino nacerá pronto y por cesárea, la historia es larga, algún día se las contare!
    Le deseo un feliz cumple a esa hermosa princesa que Dios los siga llenando de bendiciones. Los hermosos momentos con ellos llenan y borran los malos antes vividos siempre.

  9. Faith Filan 22 noviembre 2010

    Me encantó leerte, porque aunque no escribiste la historia completa, se nota tu sentimiento, tu dolor. Viviste algo que no escogiste, te aferraste al miedo de que algo le podía pasar a tu hija, y es que viviste todo eso por ella, para que pudiera nacer, para poder cargarla y consentirla.
    Felicidades a tu hija por su cumpleaños y felicidades a ti, porque ese dia te convertiste en mamá y aprendiste mucho más de lo que probablemente habías aprendido durante tu vida.

  10. Rosa 22 noviembre 2010

    Otra que llora…tu vivencia me estremece, y lo que más me ha tocado son esas gracias. Y es que la maternidad es tan hermosa…que no hay palabras, pero tú has encontrado algunas en ese texto-poema. Gracias!

  11. Marta Moran 22 noviembre 2010

    Sin palabras Irene, y eso que te conozco desde hace poco, 3 años? pero siento que te conozco tanto. Hemos compartido muchos momentos de charla sobre todo esto, sobre nuestras sensaciones y experiencias,… y aunque doy fe que se lo bien que escribes, hoy touché, me has hecho llorar en silencio, y es una sensación muy íntima.
    Gracias por decir con tus palabras lo que tantas hemos sufrido, lo que tantas sentimos, y convertirte en una portavoz para las que están por llegar estén más y mejor informadas, para que puedan tomar las riendas de su experiencia pariendo a sus hijos, y para que la sociedad, el sistema sanitario, los políticos, celadores, matronas, papás y nosotras mismas sean conscientes que hay que cambiar el SISTEMA, que se nos debe respetar y que contamos ¡y tanto!
    Mi querida Ana, un beso de esta despistada que te vió hoy y no se acordó de besarte. Otro beso para Lara, que sigue aportando a tu vida Irene algo que yo echo tanto de menos, dar la teta.
    Besitos XDDDDDDD

  12. Vivian 22 noviembre 2010

    Precioso, Irene! Me he emocionado mucho! Muchísimas felicidades para ti y para Ana por esa madre maravillosa que tiene. Un abrazo inmenso.

  13. MERCEDES 23 noviembre 2010

    Sin duda los partos inducidos son muchos y por error demasiados…yo pasé por uno,…
    Irene me alegra leerte…aunque esta vez con lágrimas de emoción.

  14. Author
    Irene 23 noviembre 2010

    Muchas gracias, guapas (y guapo :P)

  15. Nany 23 noviembre 2010

    A mi tambien me ha emocionado el relato y me ha dejado super-preocupada porque mi hija nació por cesarea (durante mi embarazo desarrollé una plaquetopenia, casi no tenía plaquetas a la fecha del parto y me dijeron que era necesaria la intervención ante el riesgo de una posible hemorragia mía o de mi hija, nunca sabré si es cierto) y ahora estoy intentando quedarme de nuevo embarazada y no lo consigo. Cierto es que con Carmen tardammos un año y ya llevamos 10 meses….Espero que no sea nada grave.
    Felicidades a tu nena y a ti por ser tan fuerte.

  16. Aprendiz de madre 23 noviembre 2010

    Feliciades a las dos, par de valientes. Que Dios mantenga unidos sus caminos. Un abrazo Ana, que viva la madre que te parió!!!

  17. Ana 23 noviembre 2010

    ya 6 años??? xD, cómo pasa el tiempo!! enhorabuena para ti y muchas felicidades a la princesita!
    Lo del parto… pues es cierto que a excepción de las “locas” como tu dices, nadie te suele contar malas experiencias, se asume como algo normal, se desea una “horita corta” pero no una “horita sin intervenciones”
    Bss

  18. Author
    Irene Garcia 23 noviembre 2010

    El intervencionismo en el parto se ha naturalizado, igual que se ha naturalizado la “hipogalactia colectiva”. Y aunque parezca que no, es grave, porque las mujeres asumimos así que somos muy, muy imperfectas. Cuando alguien asume que ni siquiera su cuerpo es capaz de funcionar de forma natural ¿qué imagen puede tener de su mente? Se queda ahí, en el incosciente colectivo y es parte de la dominación, Ana. Besotes gordos, tendríamos que vernos un día.

    Para las demás, Ana era mi mejor amiga en el colegio de las monjas, hace la friolera de 22 añazos . La recuperé en un foro de embarazadas de internet :P. Cosas de las redes de madres xD

  19. Claudia 23 noviembre 2010

    Gracias a ti, por canalizar tu dolor y volverlo fuerza para luchar por otras.
    ¡¡El Parto es nuestro! ¡¡Que nos lo devuelvan!!

  20. Albertina 29 noviembre 2010

    Madre mía, cómo te entiendo!!

    Y sí, fuiste y eres valiente, porque te enfrentas al dolor y lo pones por escrito, porque te has infromado,porque peleas por otros, porque le diste la vida a tu hija, no te dejaron que fuera del mejor modo pero apretsate los dientes y aguantaste todo porque te decían que era por el bienestar de la niña.

    De todos modos te eniendo, tanto, se me ha clavado esta frase : que un mal parto puede perseguirte durante años… así es…

    Aquí te dejo nuestro parto, por si te apetece leerlo.

    http://dechupetesybabas.blogspot.com/2010/10/y-llego-el-momento.html

    Un abrazo!

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