El juego de los puntos

Puntos, estrellas o caritas sonrientes. Desde que SuperNanny invadió nuestras pantallas la técnica de premiar con puntos de colores el “buen comportamiento” de nuestros hijos se ha convertido en una moda de la que no se libra casi nadie. Educar a base de castigos es horrible, algo en mí me dice que lo es, de forma clara y contundente. No se castiga, no se amenaza y por supuesto no se pega a otro ser humano. Las técnicas de modificación de conducta basadas en castigos me parecen horrorosas, más típicas de adiestramiento de chuchus que de educación de personas y esto sin que me oiga algún defensor de los animales, desde aquel que susurraba al oído de los caballos hasta Cesar Millán castigar a los bichos tampoco está muy bien visto, gracias a Dios.

Ah, pero los gomets de colores son otra cosa. Premiar una conducta parece mucho más humano y todos lo hacemos aunque sea inconscientemente, al fin y al cabo un premio es algo bueno ¿no? y a los padres nos encanta cuando nuestros hijos nos hacen caso a la primera. Y sin embargo algo tan metódico me sigue rechinando. Es algo instintivo, que no puedo explicar. Intento que mis hijas entiendan porqué quiero que hagan algo. Con Lara es imposible, no tiene suficiente edad. Ana va tomando conciencia de muchas cosas, a veces creo que demasiadas, pero claro, es posible que entienda mis motivos pero no los comparta. La vida en esta casa es más complicada que una reunión de la ONU y sí, para mi desdicha a veces hago uso de derecho de veto – ojalá tuviera recursos ilimitados, pero soy humana, me confundo casi siempre.

gomets

Desde ayer y gracias a Violeta Alcocer ahora entiendo porqué no me gustan los paneles de cartulina llenos de estrellas que abundan cada vez más por nuestras casas. Y gracias a ella me reafirmo en mi intención de seguir sin utilizarlos. La pérdida de comunicación que se produce cuando se cambia un gomet por un sentimiento es, sencillamente, lamentable. En un mundo en el que las personas cada vez se comunican menos, cada vez están menos conectadas con ellas mismas y cada vez encuentran más difícil ponerle nombre a lo que les pasa, un mundo de gente cada vez más desvinculada de su entorno y de ellos mismos, cambiar un gomet por un simple “eso me ha molestado” es una pérdida enorme en cuestiones de educación.

Yo, como Violeta, quiero que mis hijas sean lo más libres posibles, libres para pensar y tomar sus propias decisiones, pero además, pretendo que entiendan, de verdad, que la gente siente y que a veces lo que se siente no es bonito o fácil de sentir. Poner en palabras lo que pasa en tu corazón es un ejercicio dificilísimo, de esos que no siempre se consiguen, pero seguro que para nuestros hijos será mucho más complicado si sólo saben traducirlo en caras sonrientes o enfadadas pegadas en la pared de su cuarto.

Os dejo el artículo de Violeta, todo su blog merece la pena. Disfrutadlo.

Hay muchas cosas que se pueden hacer con gomets. Vamos a echarle imaginación.

Foto | Marujas Modernas

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3 Comentarios

  1. marta 28 Marzo 2012

    Yo nunca los he usado y no los pienso usar. En realidad Álvaro es bueno y escucha y entiende lo que le digo. Y si no lo hace al día siguiente recapacitamos sobre lo ocurrido. ¿Qué por qué es bueno? No lo se, pero siempre ha escuchado y ha entendido. Si alguna vez me enfado con él y le hablo de manera distinta a la que le hablo habitualmente me riñe él a mi y me dice: “no me hables así” Y pienso que tiene razón. Me encanta que verbalice sus sentimientos y eso como todo en los niños es cuestión de desarrollo. No a los gomets para premiar, sí para divertirnos y pasarlo bien con ellos

  2. MERCEDES 30 Marzo 2012

    Uff!!, gomets sí gomets no???

    El conductismo como base de la educación todos sabemos que no debe ser, ni es bueno. Pero abolirlo del todo no me suena bien tampoco.

    Los gomets no deben sustituir los abrazos, ni los besos, ni las palabras que ayudan a superar los malos momentos, ni los buenos… los gomets no son más que elementos que pueden iniciar algo bueno, pero no son un fin en sí mismo, y ese es el error.

    He usado los gomets en dos ocasiones con éxito, una el primer día que mi hija dejó su chupete, le puse una pegatina en su pijama diciéndola que era la pegatina que significaba que era hoy era un poco más mayor, la otra vez fue cada vez que Julia empezó a usar el orinal, nunca se sentaba y me pareció buena idea premiarla cuando lo hiciera…

    Cuando lo he usado con muchas normas, y no para introducir algo, sino para imponerlo,
    no ha funcionado, y en seguida he dejado de hacerlo porque ni funcionaba ni creo que estuviera transmitiendo algo bueno a mi hija.

    Lo usamos poco tiempo, porque al inicio no entienden por qué deben hacer esto o aquello, aunque se lo expliques… después al tiempo, no lo repiten por el gomet, lo interiorizan…

    Otra cosa es usar los gomets para todo…

    Bueno, creo que la generalización del conductismo nos hace infelices a la larga, pero que en casos puntuales, puede ser útil.

  3. María del Carmen 13 Junio 2012

    Saludos!
    Acabo de encontrar este blog y me ha encantado. Cuando he leído este post me he acordado de un producto que he encontrado por internet, se trata de la tabla de economía de fichas que es un registro pero en imanes, de manera que se puede poner en la nevera, para que esté a la vista de todos y, además, se puede limpiar fácilmente. Os dejo el enlace por si os interesa: http://www.mag-print.es/listado/pizarras_magneticas/economia_de_fichas

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