¿Cómo somos las madres?

Ayer me perdí – afortunadamente, creo – un programa sobre maternidad en el canal Divinity en la que una mamá divina aseguraba como aperitivo que no pensaba bajarse de los tacones. Inmediatamente me imaginé a la gran cantidad de euros que podría suponer eso en ventas de zapatos de tacón especiales para embarazadas y cremas estupendas para combatir la irremediable hinchazón de pies. Yo hubiera vivido mi embarazo descalza, a ser posible andando por la playa.

Es obvio que cada madre es única e irrepetible y que cada una tendrá unas necesidades distintas, la mayoría de ellas condicionadas por el entorno y sus circunstancias previas. Por eso me rechinan tanto las iniciativas, generalmente feministas para más inri, que abogan por asuntos como las bajas paternales intransferibles (nótese que remarco lo de intransferible, no tengo nada en contra de las bajas paternales, al contrario). Ahora me recuerdo en mi maternidad reciente, hace ya ocho años.

Sin trabajo (porque me echaron) y sin ninguna experiencia con niños (Ana fue la primera en todo, la primera nieta, la primera sobrina, la primera entre mis amigos…) yo creía tenerlo muy claro. Hasta que me la pusieron en brazos.

Recuerdo los primeros 15 meses, en los que me dediqué sólo a cuidarla, como los mejores de mi vida. La libertad tiene bastante que ver con la felicidad, creo. Y Ana y yo fuimos libres. Libres de estar juntas. Lo disfruté tanto que a una parte de mí le gustaría que todas las mujeres pudieran también lograrlo. Dormir cuando tienes sueño, abrazarse todo el rato, pasear al sol, comer cuando tienes hambre, hablar con la gente del barrio…Ana, mi fular y yo lo pasamos bastante bien. Recuerdo cuando a las 16 semanas no podía dejar de pensar en todas esas mujeres que se ven obligadas a dejar a sus bebés en manos de otros. Ahora, a ratos y por el mismo motivo por el que recomiendo a todo el mundo que pruebe el chocolate o la lasaña de espinacas (porque a mí me gusta) no puedo dejar de pensar en todas esas mujeres que están deseando volver al trabajo a las 16 semanas dejando a su bebé en manos de otros – y en este “otros” incluyo al padre.

No sé cómo somos las madres, sólo sé cómo soy yo. Y a veces, muchas, sé que no encanjo con el modelo que la sociedad quiere venderme como el de la madre ideal. Y por eso me alegra encontrar a otras que piensan lo mismo y lo dicen. ¿Qué queremos las madres? Pues por lo menos algunas lo que queremos, o hubiéramos querido es esto que cuenta hoy Miriam Moya en “Las madres no somos como dicen por ahí”.

A mí, que según con quien hable me llaman feminazi o neomachista, retrógrada new age, me importa un bledo lo que piensen otras, por muy feministas neomachistas, progres opusinas que ellas se consideren a sí mismas. Desde que nacieron mis hijas sé lo que quiero. Y voy a seguir peleando porque todas las que quieren lo mismo que yo tengan su espacio en esta sociedad.

0
3

3 Comentarios

  1. Mamá Burbujita 25 Marzo 2013

    Ole y ole! No puedo decir otra cosa que no sea, “me quito el sombrero”. Por tu post, por tus palabras, por pensar así y por querer pelear porque las que queremos lo mismo, podamos conseguirlo. (A mi a veces se me acaban las fuerzas, viendo y oyendo ciertas cosas…).

    Me he identificado a la perfección con tu definición de los primeros quince meses. Era libertad en el más amplio sentido de la palabra… Yo lo llamaba, nuestra vida hippie!. Pero tú lo has descrito a la perfección, comer cuando tienes hambre, dormir cuando tienes sueño… Poca gente he encontrado que lo entienda.

    La diferencia es que yo a las 16 semanas me vi obligada a volver al trabajo y dejar a mi hija en manos de otros. Lloré tanto que parecía que iba a secarme. Y nunca lograré entender ese deseo de muchas madres de que llegue ese momento…

    Y cuidado, digo que no lo logro entender, no que lo juzgue.

    Gracias y enhorabuena por el post.

  2. Mamá Burbujita 25 Marzo 2013

    Soy yo de nuevo… 😉

    Es simplemente, que he dicho que a las 16 semanas me vi obligada a volver, y así fue, aunque después de hacer encaje de bolillos con mis vacaciones y mi dinero, logré alargar ese período hasta los 6 meses y medio de mi hija. Lo demás es todo tal como lo he contado…

  3. caminoconpatucos 10 Abril 2013

    A mí también me ha encantado el post, de hecho he estado echando un vistazo al blog en general y coincido contigo en muchas cosas…
    Estoy a punto de incorporarme al trabajo, solamente me quedan dos semanas a contar desde hoy. Cuando me incorpore, mi hijo tendrá diez meses, y también puedo asegurar que han sido los más felices de mi vida: hemos paseado, dormido, comido, jugado… siempre juntos los dos, eso no hay nada que lo iguale en esta vida. Ahora, tendré que adaptarme a dejarlo varias horas al día, y eso que sólo serán seis y quedará en manos de su padre, pero mi instinto me dice que todavía necesita seguir pegadito a mí… Ojalá todas las madres pudiesen tener bajas al menos de seis meses, aunque si yo pudiese seguro que cogía una excedencia hasta los dos años.
    Un saludo!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*